¡D I O S! Miguel de Unamuno Señor, Señor, ¿por qué consientes que te nieguen ateos? ¿Por qué, Señor, no te nos muestras sin velos, sin engaños? ¿Por qué, Señor, nos dejas en la duda, duda de muerte? ¿Por qué te escondes? ¿Por qué encendiste en nuestro pecho el ansia de conocerte, el ansia de que existas, para velarte así a nuestras miradas? ¿Dónde estás, mi Señor; acaso existes? ¿Eres Tú creación de mi congoja, o lo soy tuya? ¿Por qué, Señor, nos dejas vagar sin rumbo buscando nuestro objeto? ¿Por qué hiciste la vida? ¿Qué significa todo, qué sentido tienen los seres? ¿Cómo del poso eterno de las lágrimas, del mar de las angustias, de la herencia de penas y tormentos no has despertado? Señor, ¿por qué no existes? ¿Dónde te escondes? Te buscamos y te hurtas, te llamamos y callas, te queremos y Tú, Señor, no quieres decir: ¡vedme, mis hijos! Una señal, Señor, una tan sólo, una que acabe con todos los ateos de la tierra; una que dé sentido a esta sombría vida que arrastramos. ¿...