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Mostrando las entradas con la etiqueta Ignacio Larrañaga

La *** santidad consiste en estar con el Señor

 La *** santidad consiste en estar con el Señor, y de tanto estar, su figura se graba en el alma; y luego en caminar a la luz de esa figura. En eso consiste la santidad. p. 115. Larrañaga, Ignacio, Encuentro, Manual de Oración, Ed. San Pablo, Bogotá, 1996.

Maran Atha ("El Señor viene")

Enterrado en las entrañas de la humanidad palpita un sueño dormido, envuelto en la niebla transparente. No es una estrella apagada. Es la evocación de un arquetipo ideal que habita y duerme en las más recónditas ensoñaciones del mundo. La humanidad sigue soñando con Alguien que le enseñe a moverse en el laberinto de la angustia, y que, sobre todo, le muestre la puerta de salida. ¿Dónde está el Forjador? Hemos nacido aherrojados; a veces con cadenas de oro, pero siempre cadenas. Se busca un Soldador capaz de fundir esos metales. ¿Dónde está el encantador que, con toques mágicos, transforme los ensueños en carne viva, los lamentos en canciones, el luto en danza y la muerte en vida? ¡Ya viene! Enterrado en el alma de la humanidad duerme un sueño antiguo. ¡Ojalá estas páginas hayan servido para despertar, al menos en algunos de sus lectores, la nostalgia de ese Cristo que es el ideal eterno del alma profunda de la humanidad! ¡Ven, Señor Jesús! Todavía Judas transita por nuestra tierra, car...

El desapego, el árbol de la libertad

Esa noche había brotado y crecido súbitamente en el huerto del Pobre un árbol enhiesto, de altísima copa: el árbol de la libertad… Al poner su vida en las manos del Padre, había entregado, como una ofrenda universal, todas las propiedades y apropiaciones (apegos); como consecuencia, naufragaron en el fondo de la nada todos los bienes constitutivos de su vida: deseos, designios, propósitos, ilusiones…, todo se redujo a cenizas en un inmenso holocausto. Ahora bien, ¿en qué queda convertido aquél que voluntariamente se desprende de todo? Se convierte en la nada. A partir de este momento, el Pobre “era” la nada. Y a aquél que nada tiene y nada quiere tener, ¿qué le puede turbar? Siendo el miedo una descarga de energías defensivo-ofensivas desencadenadas para el resguardo de las apropiaciones (apegos), en esta noche, el miedo desapareció, como una estrella enloquecida, del horizonte de Jesús. Larrañaga, Ignacio, El Pobre de Nazaret, Librería Espiritual, Quito, 1989, p. 277.

Jesús habla de Dios, y sentimos detrás de sus palabras el eco de una gran pasión

Estas vivencias del Absoluto cruzan las páginas del Evangelio mezcladas con vivencias de otro género. Jesús habla de Dios, y sentimos detrás de sus palabras el eco de una gran pasión. Recoge las voces de los grandes profetas y las lleva a una altura estremecida. La iniciativa y la consumación sólo a Dios pertenecen. El organiza las bodas y sale por los caminos cursando invitaciones (Lc 15, 3-7). ¿Dónde y cuándo se apagará el fuego de la humanidad? Sólo Dios sabe la hora exacta (Mc 13, 32). ¿Quién ocupará el primer lugar en el Reino? La decisión está en Sus manos (Lc 12, 32). Simón, has hablado correctamente, pero no fue por un golpe de instinto ni por tu innata sagacidad. Fue inspiración de lo Alto (Mt 16, 16). Hay que escalar este risco vertical, hay que saltar por encima de ese abismo. Ello es imposible para nosotros, pero, ¿para Dios? ¿Ah!, para Dios, todo es posible (Mc 10, 27). Si creyeran, verían prodigios: saltando como un cabritillo, ese cerro se desplazaría hasta el mar; a est...

La energía vital

 La energía vital puede ser egoísmo o amor; egoísmo cuando está adherida a mí mismo y amor cuando se despliega hacia los demás. Larrañaga, Ignacio, Transfiguración, Ed. San Pablo, Bogotá, 2008, p. 75.

La esclavitud consiste en la idolatría o egolatría

 En resumen, es esclavo de sí mismo y de sus apropiaciones (apegos), y la esclavitud consiste en la idolatría o egolatría: todo su problema está en desplazar al dios-yo y remplazarlo por el Dios verdadero. La salvación integral consiste en que Dios sea verdaderamente mi Dios. Larrañaga, Ignacio, Transfiguración, Ed. San Pablo, Bogotá, 2008, p. 78.

Comprender, respetar, aceptar, perdonar: Misericordia

 Comprender, respetar, aceptar, perdonar: misericordia. Adaptado de Larrañaga, Ignacio, Transfiguracion, Ed. San Pablo, Bogotá, 2008, p. 126.

Piensa que Dios es como la Otra ...

Piensa que Dios es como la Otra Orilla a la que queremos llegar, a la que queremos unirnos con el puente de la oración. Adaptado de Larrañaga, Ignacio, Encuentro, Manual de Oración, Ed. San Pablo, Bogotá, 1996, p. 116.

Tiempos fuertes - Amar como Jesús amó

Jn 13, 34. Les doy un mandamiento nuevo: 34 ámense los unos a los otros. 34 Así como yo los he amado, 34 ámense también ustedes los unos a los otros. Mt 19, 14. Mas Jesús les dijo: "Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.” Homil 62 Jn 11, 1-6. 1 Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. 2 María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. 3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo». 4 Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». 5 Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Jn 15, 15. Ya no los llamo servidores, 15 porque el servidor ignora lo que h...

Tiempos fuertes - Opción de Jesús por los pobres

Mt 9, 36. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Mc 6, 34. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Lc 6, 20. Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: "Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.” Mt 11, 5. Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva. Lc 4, 18. El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos. Mt 25, 34-36. 34 Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me d...

Tiempos fuertes - Grandeza de Dios

Is 2, 9-22 9 El hombre será doblegado 9 y el mortal, humillado 9 -tú no podrías perdonarlos-. 10 ¡Entra en la roca 10 y escóndete en el polvo, 10 lejos del Terror del Señor 10 y del esplendor de su majestad! 11 La mirada altanera del hombre será humillada, 11 la arrogancia humana será abatida, 11 y sólo el Señor será exaltado 11 en aquel día. 12 Porque habrá un día para el Señor de los ejércitos 12 contra todo lo arrogante y altanero, 12 contra todo lo alto y encumbrado, 13 contra todos los cedros del Líbano, 13 altaneros y elevados, 13 contra todas las encinas de Basán, 14 contra todas las montañas altivas, 14 contra todas las colinas encumbradas, 15 contra todas las altas torres, 15 contra todo muro fortificado, 16 contra todas las naves de Tarsis, 16 contra todos los barcos suntuosos. 17 El orgullo del hombre será humillado, 17 la arrogancia humana será abatida, 17 y sólo el Señor será exaltado 17 en aquel día, 18 y hasta el último de los ídolos desaparecerá. 19 ¡Entren en las caver...

Tiempos fuertes - Vocación profética

Segundo poema del Servidor del Señor (Is 49, 1-9) 1 ¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! 1 El Señor me llamó desde el seno materno, 1 desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. 2 Él hizo de mi boca una espada afilada, 2 me ocultó a la sombra de su mano; 2 hizo de mí una flecha punzante, 2 me escondió en su aljaba. 3 Él me dijo: “Tú eres mi Servidor, Israel, 3 por ti yo me glorificaré”. 4 Pero yo dije: “En vano me fatigué, 4 para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza”. 4 Sin embargo, mi derecho está junto al Señor 4 y mi retribución, junto a mi Dios. 5 Y ahora, ha hablado el Señor, 5 el que me formó desde el seno materno 5 para que yo sea su Servidor, 5 para hacer que Jacob vuelva a él 5 y se le reúna Israel. 5 Yo soy valioso a los ojos del Señor 5 y mi Dios ha sido mi fortaleza. 6 Él dice: “Es demasiado poco que seas mi Servidor 6 para restaurar a las tribus de Jacob 6 y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; 6 yo te destino a ser la luz de las...

Tiempos fuertes - Vida apostólica

1 Co 4, 9-13 9 Pienso que a nosotros, los Apóstoles, Dios nos ha puesto en el último lugar, como condenados a muerte, ya que hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y los hombres. 10 Nosotros somos tenidos por necios, a causa de Cristo, y en cambio, ustedes son sensatos en Cristo. Nosotros somos débiles, y ustedes, fuertes. Ustedes gozan de prestigio, y nosotros somos despreciados. 11 Hasta ahora sufrimos hambre, sed y frío. Somos maltratados y vivimos errantes. 12 Nos agotamos, trabajando con nuestras manos. 13 Nos insultan y deseamos el bien. Padecemos persecución y la soportamos. Nos calumnian y consolamos a los demás. Hemos llegado a ser como la basura del mundo, objeto de desprecio para todos hasta el día de hoy. La luz del Evangelio (2 Co 4, 1-18) 1 Por eso, investidos misericordiosamente del ministerio apostólico, no nos desanimamos 2 y nunca hemos callado nada por vergüenza, ni hemos procedido con astucia o falsificando la Palabra de Dios. Por el cont...

Tiempos fuertes - Paciencia

La constancia en medio de la prueba (Ecli 2, 1-6) 21 Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. 2 Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia. 3 Únete al Señor y no te separes, para que al final de tus días seas enaltecido. 4 Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación. 5 Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación. 6 Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él. Selección tomada de Larrañaga, Ignacio, Encuentro, Manual de Oración, Ed. San Pablo, Bogotá, 1996, p. 149.

Tiempos fuertes - Fe irresistible

El plan de salvación (Rm 8, 28-39) 28 Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. 29 En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; 30 y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. Himno del amor de Dios 31 ¿Qué diremos después de todo esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? 33 ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros? 35 ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaci...

Tiempos fuertes - Aliento y esperanza

LA OCUPACIÓN DE LA TIERRA PROMETIDA Después del memorable Éxodo de Egipto y de la Alianza del Sinaí, la ocupación de Canaán es el acontecimiento más decisivo en la historia de Israel. Josué se pone al frente del Pueblo y lleva adelante la obra iniciada por Moisés. Así las tribus que habían salido de Egipto conquistan algunas posiciones estratégicas en las montañas centrales de Palestina y realizan exitosas incursiones hacia el sur y el norte del país. Estos hechos se sitúan entre el 1250 y el 1230 a. C. El paso del Jordán es la réplica del paso del Mar Rojo (4. 23-24). Este marcó la frontera entre la servidumbre y el camino hacia la libertad. Aquel traza el límite entre la dura marcha por el desierto y la posesión de la “herencia” prometida por el Señor a los Patriarcas. La trascendencia simbólica de este acontecimiento es evocada de manera grandiosa en el relato que describe la travesía del Jordán: allí el verdadero protagonista no es el Pueblo ni Josué, sino el Arca de la Alianza, si...

Tiempos fuertes - Cristo, centro del mundo

 LA PREEMINENCIA ABSOLUTA DE CRISTO También esta Carta comienza con un solemne himno, que tiene ciertos rasgos comunes con el de la Carta a los Efesios. En él se proclama la superioridad de Cristo, tanto en el orden de la creación (1. 15-17) como en el de la redención (1. 18-20). Cristo es la razón de ser de todo cuanto existe. Él es la «Imagen» por excelencia de Dios, el «Primogénito» de la creación y la «Cabeza» de la Iglesia. Es también el «primero» de los resucitados, es decir, el principio de una nueva creación. En él reside «toda la plenitud de la divinidad» (2. 9), y por él Dios reconcilió consigo todas las cosas. A pesar de sus padecimientos, el Apóstol se siente feliz de haber sido constituido ministro de la Iglesia para anunciar esta Buena Noticia entre los paganos. Así se lo hace saber a sus destinatarios, a la vez que los pone en guardia contra ciertas corrientes del Judaísmo influenciadas por las religiones orientales y contra algunas concepciones paganas de la época. ...

Tiempos fuertes - Jesús, misericordioso y sensible

Mt 9, 35. Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Mc 1, 40-41. 40 Entonces se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme». 41 Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Mt 14, 14. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. Lc 7, 12-13. 12 Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. 13 Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: "No llores." Mc 2, 17. Jesús, que había oído, les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». Mt 11, 19. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un c...

Tiempos fuertes - Jesús, manso, paciente y humilde

Mc 3, 10. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Lc 5, 1. Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios. Mc 14, 56. Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban. Mt 27, 13. Entonces le dice Pilato: "¿No oyes de cuántas cosas te acusan?" Lc 23, 8. Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera. Lc 23, 23-24. 23 Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes. 24 Pilato sentenció que se cumpliera su demanda. Mt 4, 1-11. 1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 2 Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. 3 Y acercándose el tentador, le dijo: "...

Tiempos fuertes - Jesús, sincero y veraz

Mt 5, 37. Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno. Mt 16, 21. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Lc 13, 32. Y él les dijo: "Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Jn 8, 40. Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Jn 6, 65-66. 65 Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede». 66 Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Mt 7, 3. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? Lc 7, 39. 39 Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: "Si éste fuera profeta, sabría qui...