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BVJ-La Resurrección de Jesús (Jn 20)

  Homil 85 – 87 (San Juan Crisóstomo???)   La «hora» de Jesús incluye su Muerte y su Resurrección como dos momentos inseparables del mismo «Misterio pascual». El sepulcro está vacío y a Jesús no se lo encuentra. Su cuerpo ya ha sido glorificado, pero él se deja ver y palpar, a fin de confirmar en la fe a sus discípulos. Un especial encanto tiene el relato de la aparición del Señor a María Magdalena, llamada a ser testigo de su Resurrección. Sin embargo, la fe no depende y está más allá de las pruebas sensibles. «¡Felices los que creen sin haber visto!» (20. 29). Así lo proclama Jesús, cuando Tomás se resiste a aceptar el testimonio de sus compañeros. Luego los discípulos son enviados por él a continuar su misma misión. Y para que puedan cumplir esta misión, él les comunica su Espíritu, confiriéndoles a la vez el poder de perdonar los pecados.   El sepulcro vacío Mt. 28. 1-8 Mc. 16. 1-8 Lc. 24. 1-11   1 El primer día de la semana, de madrugada, cuand...

¿Qué necesidad hay de los vestidos de ceda?

Bueno es conquistar, pero no lo perecedero sino el reino de los cielos. Los violentos lo arrebatan (Mt 11, 12). No podremos alcanzarlo con pereza, sino con diligencia. ¿Qué quiere decir <violentos>? Que se necesita mucha energía (el camino es estrecho) y que hace falta un alma joven y valerosa. Los que arrebatan quieren ir por delante de todos, a nada atienden, ni a la condena, ni a la acusación, ni al suplicio. Se preocupan de una sola cosa, de apoderarse de lo que quieren arrebatar y de superar a los que se hayan delante. Arrebatemos entonces el reino de los cielos. Aquí arrebatar no es culpa, sino alabanza. Por el contrario, oprobio es no arrebatar. Aquí nuestra riqueza no surge del daño ajeno. Esforcémonos, por tanto, en arrebatarlo. Si la ira, si la concupiscencia es un obstáculo, hagamos violencia a la naturaleza, seamos más mansos, fatiguémonos un poco para que reposemos para siempre. No arrebates el oro, arrebata aquella riqueza que revela al oro como barro. Porque dime, ...

Tentaciones de olvidarse y alejarse de Dios

 Pero el alma piadosa que tiene siempre presente a Dios, no cae en el olvido después de liberarse de las tentaciones (de olvidar y alejarse de Dios). Dt 6, 12-13 12 cuida de no olvidarte de Yahveh que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre. 13 A Yahveh tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás. Dt 32, 15 Come Jacob, se sacia, engorda Yesurún, respinga, - te has puesto grueso, rollizo, turgente -, rechaza a Dios, su Hacedor, desprecia a la Roca, su salvación. Por lo tanto, no hay por qué maravillarse de que los santos, en el punto culminante de la tribulación, se hayan demostrado piadosos y filósofos, sino de que pasada la borrasca y llegando la bonanza hayan permanecido moderados y diligentes. Juan Crisóstomo, La Verdadera Conversión, Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 1997, p. 162.