Si crees que tu corazón no puede orar, ora con la boca, arrodíllate, junta tus manos, habla en alta voz. Aun en el caso de que todo ello se te represente como una mentira; es sólo la desesperada defensa de tu incredulidad ya sentenciada a muerte. Reza y di: «Credo Domine», creo, Señor, ayuda mi incredulidad. Soy impotente, ciego, muerto. Pero Tú eres poderoso, Tú eres luz y vida, y me has vencido ya mucho tiempo ha con la mortal impotencia y angustia de tu Hijo. ... Una cosa puedes siempre, a lo menos: clamar de rodillas y con la boca; golpear con tus gemidos la noche impotente y sin horizontes de tu desierto corazón; gritar tus anhelos de Dios. Una cosa puedes, que todos debemos hacer: orar. * * * Algo queda aún por decir. Esta lejanía de Dios no sería el amanecer de Dios dentro del muerto y hundido corazón, si el Hijo del Hombre, que es el Hijo del Padre, no hubiera padecido y practicado con nosotros, por nosotros y antes de nosotros, esto mismo en su corazón. Pero El lo ha pade...