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Mostrando las entradas con la etiqueta Tagore

Yo dormía y soñaba que la vida era alegría (Rabindranath Tagore)

 Yo dormía y soñaba que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y comprendí que el servicio era alegría.   Rabindranath Tagore

Dónde estás tú (Rabindranath Tagore)

¿Dónde estás tú, amor mío? ¿Por qué te escondes detrás de todos, en la sombra? ¡Te empujan y te pasan por el camino polvoriento, creyendo que no eres nadie! Yo no sé el tiempo que hace que te espero, cansado, con mis ofrendas para ti; y los que van y vienen, toman mis flores, una a una, y dejan vacío mi canasto. Pasaron mañana y mediodía. Es el anochecer, y mis ojos están caídos de sueño en la sombra. Los hombres que vuelven a sus hogares me miran sonriendo y me avergüenzan. Estoy sentado como una muchacha mendiga, con la falda por la cara. Y cuando me preguntan qué quiero, bajo los ojos y callo. ¡Ay!, ¿cómo les voy a decir que te espero a ti, que tú me has prometido que vendrás? ¿Cómo me dejaría decir mi timidez que esta miseria mía es la dote que te guardo? ¡Ay!, ¡cómo aprieto este orgullo contra mi, en el secreto de mi corazón! Sentado en la hierba, miro al cielo y sueño con el súbito esplendor de tu llegada. Llamean mil antorchas, los gallardetes de oro vuelan sobre t...

Déjame sólo un poco de mí mismo

  Déjame sólo un poco de mí mismo para que pueda llamarte mi Todo.   Rabindranath Tagore 

Dame Fuerza (Rabindranath Tagore)

Mi oración, Dios mío, es ésta: Hiere, hiere la raíz de la miseria en mi corazón. Dame fuerza para llevar ligero mis alegrías y mis penas. Dame fuerza para que mi amor dé frutos útiles. Dame fuerza para no renegar nunca del pobre, ni doblar mi rodilla al poder del insolente. Dame fuerza para levantar mi pensamiento sobre la pequeñez cotidiana. Dame, en fin, fuerza para rendir mi fuerza, enamorado, a tu voluntad. Tagore, Rabindranath, Poemas elegidos, 2ª ed., Buenos Aires, Longseller, 2005, p. 45.

Tu carro de oro - Rabindranath Tagore

  Iba yo pidiendo, de puerta en puerta, por el camino de la aldea, cuando tu carro de oro apareció a lo lejos, como un sueño magnífico. Y yo me preguntaba, maravillado, quién sería aquel Rey de reyes. Mis esperanzas volaron hasta el cielo, y pensé que mis días malos se habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros derramados por el polvo. La carroza se paró a mi lado. Me miraste y bajaste sonriendo. Sentí que la felicidad de la vida me había llegado al fin. Y de pronto tu me tendiste tu diestra diciéndome: «¿Puedes darme alguna cosa?». ¡Ah, qué ocurrencia la de tu realeza! ¡Pedirle a un mendigo! Yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo, y te lo di. Pero qué sorpresa la mía cuando, al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón. ¡Qué amargamente lloré de no haber tenido corazón para dárteme todo! Tagore, Rabindranath, Poemas elegidos, 2ª ed., Buenos ...