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Mostrando las entradas con la etiqueta El Santo Rosario

Los frutos de los misterios del Rosario

 1. Gracias del misterio de la Encarnación, descended a mi alma y hacedme verdaderamente humilde. 2. Gracias del misterio de la Visitación, descended a mi alma y dadme caridad con mi prójimo. 3. Gracias del misterio de la Natividad, descended a mi alma y dadme desapego de los bienes terrenales y amor a los pobres. 4. Gracias del misterio de la Purificación, descended a mi alma y hacedme verdaderamente sabio y puro. 5. Gracias del misterio de Jesús hallado en el templo, descended a mi alma y convierteme. 6. Gracias de la Agonía de Jesús, descended a mi alma y hacedme verdaderamente cofiado en Dios. 7. Gracias de la Flagelación de Jesús, descended a mi alma para que mis sufrimientos me permitan seguir confiando en Dios. 8. Gracias del misterio de la Coronación de espinas de Jesús, descended a mi alma para que mi ego me permita seguir confiando en Dios. 9. Gracias del misterio de la Cruz a cuestas, descended a mi alma y hacedme verdaderamente paciente para llevar la cruz detrás de...

También a nosotros se nos envió el Espíritu

 También a nosotros se nos envió el Espíritu. Él hace que no seamos huérfanos. Está entre nosotros con tal que queramos permanecer junto a Él. Guía nuestra vida a través de todas las oscuridades, pero nosotros debemos cederle la iniciativa. Cuando le dirigimos nuestras súplicas y nos abrimos a Él con el pensamiento y el amor, nos enseña a entender a Cristo, y, en Cristo, nuestro propio ser. Y donde la oscuridad sigue siendo impenetrable por estar cerrada la existencia terrena, Él nos da testimonio -en un divino “no obstante”- “de que somos hijos de Dios”, como dice San Pablo, y nos otorga la certeza de que “Dios ordena todas las cosas para bien de los que le aman” (Rom 8, 16 y 28 ). Guardini, Romano, Orar con... El Rosario de Nuestra Señora, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2008, p. 134.

Las fuentes de energía de la vida cristiana

Cada uno de los cinco misterios va precedido de una introducción para preparar al orante. Dicha introducción está compuesta por el credo, el padre nuestro y tres avemarías, cada una de las cuales alberga, asimismo, una suerte de misterio en forma de súplica, en la que pedimos al Señor esas fuentes de energía de la vida cristiana que la Iglesia denomina virtudes teologales. San Pablo habla de ellas en la primera “Epístola a los Corintios”, donde las contrapone, como lo verdaderamente importante, a las operaciones extraordinarias del Espíritu Santo: “Ahora subsisten la fe, la esperanza y el amor” (1 Cor 13, 13). En ellas opera la fuerza más profunda del espíritu y el corazón humanos; pero, en su raíz más auténtica, proceden de Dios. Son los modos en que la “virtud” de Dios, su perfección viviente, opera en el hombre. La santa fuerza de su verdad se convierte ahí en fe; su voluntad - que debemos cumplir-, en esperanza; por lo que toca al amor, al que tan resueltamente concede San Pablo la...

El ser del hombre

El ser del hombre está transido de orgullo, altanería y vanidad. A veces, abiertamente; casi siempre, en lo oculto. Sus raíces no puede descubrirlas ni la mirada del hombre ni su voluntad. El Señor delata ese afán de poderío del hombre abriéndole posibilidades contra Él mismo. El orgullo con el que nos ensalzamos y la vanidad en la que nos recreamos se transforman para Él en la figura de la humillación. La medida del mal que late bajo esta figura es tan grande como el sufrimiento del Señor. También éste es un momento decisivo en el proceso de crecimiento de los cristianos: cuando descubren el fraude que se esconde en cuanto llamamos grandeza, poder, logros, belleza, apariencias. Todo esto no es malo en sí mismo, pero el mal está dentro. Ese mal debe reconocerlo el cristiano, mantener los ojos abiertos, reconocerse a sí mismo en lo que sucede. Y, luego, luchar por ser humilde. Pero la humildad no es más que la verdad de que Dios es Dios, sólo Él, y el hombre es hombre, realmente hombre....

20. La Coronación de María, Reina de cielos y tierra

Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito; concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. 1. ¿Quién es ésta que surge cual aurora, bella como la luna, refulgente como el sol? (Cant. 6, 10). 2. Como flor del rosal en primavera, como lirio junto al manantial; como brote del Líbano en verano, como fuego e incienso en el incensario; como vaso de oro macizo adornado de toda clase de piedras preciosas. (Eclo. 50, 8-9). 3. Yo soy la Madre del Amor hermoso, del temor, del conocimiento, y de la santa esperanza. (Eclo. 24, 24). 4. En mi está toda gracia de camino y de verdad; en mi toda esperanza de vida y de virtud. (Eclo. 24, 25). 5. Venid a mi los que me deseáis y hartaos de mis frutos. (Eclo. 24, 26). 6. Que mi recuerdo es más dulce que la miel; mi heredad mas dulce que panal de miel. (Eclo. 24, 27). 7. Ahora, pues, hijos, escuchadme, escuchad la instrucción y haceos sabios, no la despre...

19. La Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos

Gracias de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de María, descended a mi alma y hacedla verdaderamente devota de María. Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo; concédenos que, aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con Ella de su misma gloria en el cielo. 1. Bendita seas Tú, hija del Dios Altísimo, entre todas las mujeres de la tierra. (Jdt. 13, 18). 2. La confianza que has demostrado no se borrará del corazón de los hombres. (Jdt. 13, 19). 3. Que Dios te conceda para exaltación perpetua el ser favorecida con todos los bienes, porque no vacilaste en exponer tu vida a causa de la humillación de nuestra raza. (Jdt. 13, 20). 4. Tú eres la exaltación de Jerusalén, Tú el gran orgullo de Israel, Tú la suprema gloria de nuestra raza. (Jdt. 15, 9). 5. Escucha, hija, mira y pon atento oído: el Rey está prendado de tu belleza. (Sal. 35; 11, 12). 6. Entonces se abrió el templo de Dio...

18. La venida del Espíritu Santo (Pentecostés)

Gracias de Pentecostés, descended a mi alma y hacedla verdaderamente sabia según Dios. Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones; derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar ahora en nuestro corazón aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica. 1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo local. (Hch. 2, 1). 2. Y se oyó de repente un estruendo, que venía del cielo, como de una ráfaga de viento que sopla con furia. (Hch. 2, 2). 3. Y aparecieron unas como lenguas de fuego, que se repartieron y posaron sobre cada uno de ellos. (Hch. 2, 3). 4. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse. (Hch. 2, 4). 5. Había en Jerusalén judíos que allí residían, hombres piadosos, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. (Hch. 2, 5)....

17. La Ascensión del Señor a los cielos

Gracias del misterio de la Ascensión de Jesucristo, descended a mi alma y hacedla verdaderamente celeste. Concédenos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias, porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo. 1. Los llevó después afuera hasta cerca de Betania; y, levantando la mano, les dio su bendición. (Lc. 24, 50). 2. Me ha sido dado todo poder en el Cielo y en la tierra. (Mt. 28, 18). 3. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes. (Mt. 28, 18). 4. Bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. (Mt. 28, 19). 5. Y enseñadles a observar todo cuanto yo os he mandado. (Mt. 28, 20). 6. El que crea y se bautice, se salvará. (Mc. 16, 16). 7. Pero el que no crea, se condenará. (Mc. 16, 16). 8. Y mirad, Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo. (Mt. 82, 20). 9. Y, en tanto que los bendecía, se apartó de ellos y...

16. La Resurrección de Jesucristo

Gracias de la Resurrección del Señor, descended a mi alma y hacedle una fe verdaderamente viva. Señor Dios, que has abierto las puertas de la vida por medio de su Hijo, vencedor de la muerte; concédenos, al meditar en su resurrección, que, renovados por el Espíritu, vivamos en la esperanza de nuestra resurrección futura. 1. Yo os aseguro que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. (Jn. 16, 20). 2. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os podrá quitar vuestra alegría. (Jn. 16, 22). 3. El primer día de la semana, muy de mañana, llegaron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. (Lc. 24, 1). 4. De pronto hubo un gran terremoto, pues un Angel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó en ella. (Mt. 28, 2). 5. No temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el crucificado. (Mt. 28, 5). 6. No está aquí: resucitó como...

15. La muerte de Cristo en la cruz

Gracias del misterio de la pasión y muerte de Jesucristo, descended a mi alma y hacedla verdaderamente santa. Señor, Padre santo, que has establecido la salvación de los hombres en el misterio pascual, concédenos ser contados entre los hijos de adopción que Jesucristo, tu Hijo, al morir en la cruz, encomendó a su Madre, la Virgen María. 1. Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron ahí a Jesús. (Lc. 23, 33). 2. Jesús decía: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. (Lc. 23, 34). 3. Uno de los ladrones crucificados con Él decía: Jesús acuérdate de mí cuando vayas a tu Reino. (Mt. 27, 44; Lc. 23; 39, 42). 4. Jesús le dijo: Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso. (Lc. 23, 43). 5. Jesús, viendo a su Madre, y junto a Ella al discípulo que El amaba. (Jn. 19, 26). 6. Dijo a su Madre: mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: he ahí a tu Madre: (Jn. 19, 26-27). 7. Y desde aquel momento el discípulo la recibió consigo. (Jn. 19, 27). 8. El sol se oscureció y ...

14. Cristo con la Cruz a cuestas

Gracias del misterio de la Cruz a cuestas, descended a mi alma y hacedla verdaderamente ..D.detrás de Vos todos los días de nuestra vida. Mira, Señor, a tus siervos que recordamos los dolores de Cristo y de María, y concédenos que, llevando la cruz de cada día, participemos de la resurrección de Cristo. 1. Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a si mismo. (Lc. 9, 23). 2. Tome su cruz cada día, y sígame. (Lc. 9, 23). 3. Y Él llevando su cruz salió en dirección del lugar llamado Calvario, en arameo, "Gólgota". (Jn. 19, 17). 4. Y, según lo llevaban, echaron mano de un tal Simón de Cirene, y le cargaron con la cruz para que la llevase detrás de Jesús. (Lc. 23, 26). 5. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí. (Mt. 11, 29). 6. Que yo soy manso y humilde de corazón. (Mt. 11, 29). 7. Y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera. (Mt. 11; 29, 30). 8. Le seguía una gran muchedumbre de pueblo y de mujeres que se golpeaban el pecho y h...

13. Cristo, coronado de espinas

Gracias del misterio de la Coronación de espinas de Jesús, descended a mi alma y hacedla verdaderamente opuesta al mundo. Concédenos, Señor, que, por los meritos de la pasión de Cristo, y de los dolores de la Virgen, el Espíritu Santo, presente con plenitud en la Iglesia, inunde con su amor el mundo entero. 1. Los soldados lo condujeron dentro del atrio, o sea, al pretorio, y le vistieron de púrpura. (Mc. 15, 16; Mt. 27, 28). 2. Y trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña. (Mt. 27, 29). 3. Después doblaban la rodilla delante de El, y le hacían burla diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!. (Mt. 27, 29). 4. Y le escupían y le quitaban la caña para golpearle en la cabeza. (Mt 27, 30). 5. Salió Pilato otra vez fuera, y les dijo: mira, os lo voy a sacar fuera para que sepáis que no encuentro en El culpa alguna. (Jn. 19, 4). 6. Salió entonces Jesús fuera, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. (Jn. 19, 5). 7. Les dice Pilato: a...

12. La flagelación de Cristo

Gracias de la Flagelación de Jesús, descended a mi alma y hacedla verdaderamente mortificada. Señor, Dios nuestro, que para redimir el género humano, caído por el engaño del demonio, has asociado los dolores de la Madre a la pasión de tu Hijo; concédenos a quienes meditamos estos misterios que, despojados de la triste herencia del pecado, nos revistamos de la luminosa novedad de Cristo. 1. Después de haber atado a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿eres Tú el Rey de los Judíos?. (Mc. 15, 1-2). 2. Respondió Jesús: mi Reino no es de este mundo. Tú lo dices: Yo soy el Rey. (Jn. 18, 36). 3. Para esto he nacido Yo y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la Verdad. (Jn. 18, 37). 4. Pilato dijo a los Sumos Sacerdotes y a la gente: ningún delito encuentro en este hombre. Así que le castigaré y le soltaré. (Lc. 23; 4, 16). 5. Tomó entonces Pilato a Jesús y lo mandó azotar. (Jn. 19, 1). 6. Tras arresto y juicio fue arrebatado. Y de su causa, ¿quién s...

11. La Oración de Cristo en Getsemaní

Gracias de la Agonía de Jesús, descended a mi alma y hacedla verdaderamente contrita y conforme con la voluntad de Dios. Señor, Dios nuestro, por un designio misterioso de tu providencia completas lo que falta a la pasión con las infinitas penas de la vida de sus miembros; concédenos que, a imitación de la Virgen Madre Dolorosa, permanezcamos nosotros junto a los hermanos que sufren para darles consuelo y amor. 1. Así llegó Jesús con ellos a una finca llamada Getsemaní y les dijo: sentaos aquí mientras yo voy allá a orar; y comenzó a entristecerse y angustiarse. (Mt. 26; 36, 37). 2. Y exclamó: siento en mi alma angustias de muerte. Aguardad aquí y velad conmigo. (Mt. 26, 38). 3. Adelantándose unos pasos y cayendo rostro en tierra, pedía a Dios que, a ser posible, hiciera que no sonase para El aquella hora. (Mc. 14, 35). 4. Padre, si quieres, aparta de Mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad sino la tuya. (Lc. 22, 42). 5. Se le apareció entonces un Angel del Cielo infundiéndole valor...

10. La Institución de la Eucaristía

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión; nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. 1. Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. (Jn. 13, 1). 2. Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles. (Lc. 22, 14). 3. Y les dijo: con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer. (Lc. 22, 15). 4. Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió. (Mt. 26, 26). 5. Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío. (Lc. 22, 19). 6. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: bebed de ella todos, (Mt. 26, 27). 7. Porque ésta es mi sangre de la Alian...

9. La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo

Gracias de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo descended a mi alma y hacedla reflejar como en un espejo la gloria del Señor y transformarme cada vez más en esa misma imagen. Oh Dios, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos; concédenos que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el Predilecto, seamos un dia coherederos de su gloria. 1. Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. (Mt. 17, 1). 2. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante (Lc. 9, 29). 3. Y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida (la de Jesus), que iba a cumplir en Jerusalén. (Lc. 9, 30-31). 4. Pedro y sus compañeros estaban cargados ...

8. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión

 8. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión Señor, fortalécenos con tu auxilio, para que nos mantengamos en espíritu de conversión; que la austeridad penitencial nos ayude en el combate cristiano contra las fuerzas del mal. 1. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: (Mc. 1, 14). 2. El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva. (Mc. 1, 15). 3. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. (Mt. 9, 2). 4. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados. (Mt. 9, 2). 5. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: este está blasfemando. (Mt. 9,3). 6. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda"? (Mt. 9,4-5). 7. Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la t...

7. La autorrevelación de Nuestro Señor en las bodas de Caná

Señor, Padre Santo, que quisiste, por disposición admirable, que la bienaventurada Virgen María estuviese presente en los misterios de nuestra salvación; concédenos, atendiendo a las palabras de la Madre de Cristo, hacer aquello que tu Hijo nos ha mandado en el Evangelio. 1. Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. (Jn. 2, 1). 2. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. (Jn. 2, 2). 3. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: no tienen vino. (Jn. 2, 3). 4. Jesús le responde: ¿qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. (Jn. 2, 4). 5. Dice su madre a los sirvientes: haced lo que él os diga. (Jn. 2, 5). 6. Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. (Jn. 2, 6-7). 7. Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala....

6. El Bautismo de Nuestro Señor en el Jordán

Dios todopoderoso y eterno, que en el Bautismo de Cristo en el Jordán quisiste revelar solemnemente que Él era tu hijo amado, enviándole tu Espíritu Santo; concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, la perseverancia continua en el cumplimiento de tu voluntad. 1. Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos. (Mt. 3, 1-2) 2. Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: "Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". (Mt. 3, 3). 3. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. (Mt. 3, 4). 4. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. (Mt. 3, 5-6). 5. Y proclamaba: detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de ...

5. El Niño perdido y hallado en el templo

Gracias del misterio de Jesús hallado en el templo, descended a mi alma y convertidla. Te pedimos, Señor, proclamar continuamente tu misericordia con la bienaventurada Virgen María, y experimentar la protección de aquella a quien llamamos Reina para los pecadores, Camino para el encuentro con Cristo y Madre de misericordia con los pobres. 1. Cuando (Jesús) tuvo doce años, subieron ellos (a Jerusalén) como de costumbre a la fiesta. (Lc. 2, 42). 2. Y pasados los días, al regresar ellos, el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. (Lc. 2: 43). 3. Y al no dar con Él, se volvieron a Jerusalén, sin dejar de buscarlo. Al cabo de tres días lo hallaron en el Templo. (Lc. 2, 45-46). 4. Sentado en medio de los doctores, escuchándoles y haciendo a la vez sus preguntas. (Lc. 2, 46). 5. Todos los que le escuchaban estaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. (Lc. 2, 47). 6. Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos ...