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Mostrando las entradas con la etiqueta Benedicto XVI

Fuente de esperanza

 “Juan Pablo II, en la dedicación del santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, durante su último viaje a su patria, pudiera afirmar que  «No existe para el hombre ninguna otra fuente de esperanza fuera de la misericordia de Dios»”. Pasaje de: Papa Benedicto XVI. “¡Abrid las puertas a Cristo! Meditaciones sobre Juan Pablo II.” Ediciones Mensajero, 2012-12-03. iBooks.  Es posible que este material esté protegido por copyright.

Apostol de la Divina Misericordia

 “Otro aspecto de su venerado predecesor que el papa Benedicto tiende a subrayar con frecuencia es el haber sido el apóstol de la divina misericordia. Quería que «el mensaje del amor misericordioso de Dios llegara a todos los hombres y exhortaba a los fieles a ser sus testigos» (Homilía, 2.4.08). Juan Pablo II, que había conocido y vivido directamente las enormes tragedias del siglo xx, se había preguntado durante mucho tiempo con qué se podía poner freno a la propagación del mal. «La respuesta –explica el papa Benedicto– no podía encontrarse más que en el amor de Dios. En efecto, solo la Divina Misericordia puede poner un límite al mal; solo el amor omnipotente de Dios puede derrotar la prepotencia de los malvados y el poder destructor del egoísmo y del odio» (Homilía, 2.4.08).” Pasaje de: Papa Benedicto XVI. “¡Abrid las puertas a Cristo! Meditaciones sobre Juan Pablo II.” Ediciones Mensajero, 2012-12-03. iBooks.  Es posible que este material esté protegido por copyright.

Dios siempre es una novedad para el hombre

Dios siempre es una novedad para el hombre, y en análoga pero más intensa medida, el hombre es siempre una novedad para sí mismo. Ratzinger cita precisamente aquel texto magnífico de Tertuliano: “Dominus noster veritatem se, non consuetudinem cognominavit”  (Ch II, 1029). Dios nos ha hablado de una vez para siempre en Cristo, y esta palabra de Cristo es un hontanar inagotable de vida. Para que vayamos bebiendo en ella y saciemos nuestra sed a lo largo de los siglos en sus corrientes vivas, nos ha dejado el Espíritu Santo, el cual, recordándonos y actualizándonos aquella palabra única de Cristo, nos va llevando a la verdad completa, verdad que por tanto de alguna forma va naciendo en la historia en la medida en que los cristianos, mientras leemos los signos de los tiempos, descubrimos la plenitud del misterio de Cristo. He ahí por qué el creyente mira con esperanza y gozo al tiempo nuevo, porque él es instrumento de una inteligencia más plena de su Señor. Esperanza y gozo que van un...

¿Qué puede salvarnos sino el amor?

La absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que lo priva de su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico. La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos sino el amor? 20 de agosto de 2005 Orar, Benedicto XVI, Planeta, Bogotá, 2008, p. 24.

El amor al prójimo: el elemento de fondo de nuestra vida

Para una vida feliz es preciso, por tanto, un entendimiento íntimo con Dios. Sólo si esta relación de fondo funciona bien, las otras relaciones podrán ser justas. Por eso es importante aprender a lo largo de toda una vida, y desde la juventud, a pensar con Dios, a sentir con Dios, a querer con Dios, de modo que desde aquí surja el amor. De esa forma el amor se convierte en el elemento de fondo de nuestra vida. Estamos hablando del amor del prójimo, por supuesto. Orar, Benedicto XVI, Planeta, Bogotá, 2008, p. 25.

Hacerle espacio a Dios en nuestra vida

Es importante que Dios sea grande entre nosotros, y en la vida pública y en la vida privada. En la vida pública, es importante que Dios esté presente, por ejemplo, mediante la cruz en los edificios públicos; que Dios esté presente en nuestra vida común, porque sólo si Dios está presente tenemos una orientación, un camino común; de lo contrario, los contrastes se hacen inconciliables, pues ya no se reconoce la dignidad común. Engrandezcamos a Dios en la vida pública y en la vida privada. Eso significa hacer espacio a Dios cada día en nuestra vida, comenzando desde la mañana con la oración y luego dando tiempo a Dios, dando el domingo a Dios. No perdemos nuestro tiempo libre si se lo ofrendemos a Dios. Si Dios entra en nuestro tiempo, todo el tiempo se hace más grande, más amplio, más rico. 15 de agosto de 2005 Orar, Benedicto XVI, Planeta, Bogotá, 2008, p. 25.

Ten la valentía de arriesgar con la fe

En ella Dios graba su propia imagen, la imagen de aquel que sigue la oveja perdida hasta las montañas y hasta los espinos y abrojos de los pecados de este mundo, dejándose herir por la corona de espinas de estos pecados, para tomar la oveja sobre sus hombros y llevarla a casa. Como Madre que se compadece, María es la figura anticipada y el retrato permanente del Hijo. Y así vemos que también la imagen de la Dolorosa, de la Madre que comparte el sufrimiento y el amor, es una verdadera imagen de la Inmaculada. Su corazón, mediante el ser y el sentir con Dios, se ensanchó. En ella, la bondad de Dios, se acercó y se acerca mucho a nosotros. Así, María está ante nosotros como signo de consuelo, de aliento y de esperanza. Se dirige a nosotros diciendo: «Ten la valentía de osar con Dios. Prueba. No tengas miedo de él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la bondad. Ten la valentía de arriesgar con el corazón puro. Comprométete con Dios; y entonces verás que...

Nuestra fe es un acontecimiento

Nuestra fe no es una teoría, sino un acontecimiento, un encuentro con el Dios vivo que es nuestro padre, que en su hijo Jesucristo ha asumido el ser humano, y que en el Espíritu Santo nos incorpora a Él. Evangelio, catequesis, catecismo, Benedicto XVI, Edicep, Valencia, 1996, p. 14. p. 29 Orar

Dios quiere hablarnos a cada uno de nosotros

Dios quiere hablar al corazón de su pueblo y también a cada uno de nosotros. «Te he creado a mi imagen y semejanza», nos dice. «Yo mismo soy el amor y tu eres mi imagen en la medida en que brilla en ti el esplendor del amor, en la medida en que me respondes con amor.» Dios nos espera. El quiere que le amemos: un llamamiento así, ¿no debería tocar nuestro corazón? Precisamente en esta hora en que celebramos la Eucaristía […] nos sale al encuentro, sale para encontrarse conmigo. ¿Encontrará una respuesta? ¿O sucederá con nosotros como con la viña, de la que Dios dice en Isaías: «Esperó a que diese uvas, pero dio agraces»? Nuestra vida cristiana, con frecuencia, ¿no es quizá más vinagre que vino?¿Autocompasión, conflicto, indiferencia? 2 de octubre de 2005 Orar, Benedicto XVI, Planeta, Bogotá, 2008, p. 31.

¿Dónde está el cielo?

[...] quisiera citar una palabra extraordinaria de San Agustín. Interpretando la invocación de la oración del Señor: «Padre nuestro que estás en los cielos», él se pregunta: ¿qué es esto del cielo? Y ¿dónde está el cielo? Sigue una respuesta sorprendente: Que estás en los cielos significa: en los santos y en los justos. «En verdad, Dios no se encierra en lugar alguno. Los cielos son ciertamente los cuerpos más excelentes del mundo, pero, no obstante, son cuerpos, y no pueden ellos existir sino en algún espacio; Más, si uno se imagina que el lugar de Dios está en los cielos, como en regiones superiores del mundo, podrá decirse que las aves son de mejor condición que nosotros, porque viven más próximas a Dios. Por otra parte, no está escrito que Dios está cerca de los hombres elevados, o sea de aquellos que habitan en los montes, sino que fue escrito en el Salmo: “El Señor está cerca de los que tienen el corazón atribulado” (Sal. 34[33], 19), y la tribulación propiamente pertenece a la h...

¿Cómo es Dios?

¿Qué significa, entonces, nombre de Dios? Tal vez podamos comprender de la manera más breve de qué se trata, partiendo de los opuesto. El Apocalipsis habla del adversario de Dios, de la bestia. La bestia, el poder adverso, no lleva un nombre, sino un número: «666 es su número», dice el vidente (13, 18). Es un número y convierte a la persona en un número. Los que hemos vivido el mundo de los campos de concentración sabemos a qué equivale eso: su horror se basa precisamente en que borra el rostro, en que cancela la historia, en que hace de los hombres números, piezas recambiables de una gran máquina. Uno es lo que es su función, nada más. Hoy hemos de temer que los campos de concentración fuesen solamente un preludio; que el mundo, bajo la ley universal de la máquina, asuma en su totalidad la estructura de campo de concentración. Pues si sólo existen funciones, entonces el hombre no es tampoco nada más. Las máquinas que él ha montado le imponen ahora su propia ley. Debe llegar a ser legi...

Jesús nos espera siempre, está siempre cerca de nosotros

 El hombre encuentra espacio en Dios; el ser humano ha sido introducido por Cristo en la vida misma de Dios. Y puesto que Dios abarca y sostiene todo el cosmos, la Ascensión del Señor significa que Cristo no se ha alejado de nosotros, sino que ahora, gracias a su estar con el Padre, esta cerca de cada uno de nosotros, para siempre. Cada uno de nosotros puede tratarlo de tú; cada uno puede llamarlo. El Señor está siempre atento a nuestra voz. Nosotros podemos alejarnos de él interiormente. Podemos vivir dándole la espalda. Pero él nos espera siempre, y está siempre cerca de nosotros. 7 de mayo de 2005 Orar, Benedicto XVI, Planeta, Bogotá, 2008, p. 183. p. 183 Orar

El espíritu lleva a Jesús al desierto

 El espíritu lleva a Jesús al desierto. El desierto es el lugar del silencio, de la soledad; es alejamiento de las ocupaciones cotidianas, del ruido y de la superficialidad. El desierto es el lugar de lo absoluto, el lugar de la libertad, que sitúa al hombre ante las cuestiones fundamentales de su vida. Por algo es el desierto el lugar donde surgió el monoteísmo. En este sentido, es el lugar de la gracia. Al vaciarse de sus preocupaciones, el hombre encuentra a su Creador. Benedicto XVI, El camino pascual, BAC, Madrid, 1990, p. 14. p. 185 Orar

El amor se recibe unicamente amando

 El amor se recibe unicamente amando. Benedicto XVI, El camino pascual, BAC, Madrid, 1990, p. 116. Orar, p. 244. El amor aumenta a medida que se va dando. Servidor de vuestra alegría,  Benedicto XVI, Herder, Barcelona, 1995, p. 54. Orar, p. 247.

Dios siempre es una novedad para el hombre

Dios siempre es una novedad para el hombre, y en análoga pero más intensa medida, el hombre es siempre una novedad para sí mismo. Ratzinger cita precisamente aquel texto magnífico de Tertuliano: “Dominus noster veritatem se, non consuetudinem cognominavit”  (Ch II, 1029). Dios nos ha hablado de una vez para siempre en Cristo, y esta palabra de Cristo es un hontanar inagotable de vida. Para que vayamos bebiendo en ella y saciemos nuestra sed a lo largo de los siglos en sus corrientes vivas, nos ha dejado el Espíritu Santo, el cual, recordándonos y actualizándonos aquella palabra única de Cristo, nos va llevando a la verdad completa, verdad que por tanto de alguna forma va naciendo en la historia en la medida en que los cristianos, mientras leemos los signos de los tiempos, descubrimos la plenitud del misterio de Cristo. He ahí por qué el creyente mira con esperanza y gozo al tiempo nuevo, porque él es instrumento de una inteligencia más plena de su Señor. Esperanza y gozo que van un...

1968 y 1989, decepción y desconcierto

Desde que apareció esta obra han pasado ya más de treinta años, en los que la historia universal ha discurrido a un ritmo muy veloz. Al mirar ahora atrás hay dos años, 1968 y 1989, que son como los señuelos distintivos de los últimos decenios del milenio pasado. En 1968 surge una nueva generación que no sólo considera escasa, repleta de injusticia, de egoísmo y de codicia la tarea de reconstrucción que siguió a la guerra, sino que juzga errado y fracasado todo el decurso histórico desde el triunfo del cristianismo. Ella quería hacer por fin las cosas mejor, implantar un mundo de libertad, de igualdad y de justicia, y estaba convencida de haber encontrado el mejor camino hacia esa meta en la gran corriente del pensamiento marxista. En 1989 se derrumban en Europa los regimenes socialistas, dejando la triste herencia de una tierra asolada y de un alma desecha. Los que esperaban que había llegado de nuevo la hora del mensaje cristiano, se vieron decepcionados. Aunque el número de los fiele...

Todo ser humano tiene que «creer» de algún modo.

Recordemos la contraposición que establece Martin Heidegger al hablar de la dualidad entre el pensamiento matemático y el pensamiento conceptual. Ambas formas de pensar son legítimas y necesarias, pero justamente por ello ninguna puede disolverse en la otra. Deben existir las dos: el pensar matemático, que tiene que ver con la factibilidad, y el pensar conceptual, que se pregunta por el sentido. No creemos que el filósofo de Friburgo se equivoque totalmente cuando manifiesta su temor de que, en un momento en que el pensamiento matemático triunfa por doquier, el hombre se vea amenazado, quizá más que antes, por la falta de ideas, por la renuncia a pensar. Por ejemplo, en el siglo XIII, un gran teólogo franciscano como san Buenventura echaba en cara a sus colegas de la facultad de París que habían aprendido a medir el mundo, pero que habían olvidado cómo medirse a sí mismos. Es decir, podemos afirmar que la fe, en el sentido del credo, no es una forma imperfecta de saber, una opinión que...

El sentido es el pan de que se alimenta el hombre en lo más íntimo de su ser

... ¿que es propiamente la fe? Y nuestra respuesta es: la fe es la forma de situarse firmemente el hombre ante toda la realidad, forma que no se reduce al saber ni que el saber puede medir; es la orientación sin la que el hombre sería un apátrida, la orientación que precede a todo cálculo y a toda acción humana, y sin la que le sería imposible calcular y actuar, porque eso sólo puede hacerlo en virtud de un sentido que lo sostiene. De hecho, el hombre no sólo vive del pan de lo factible; como hombre, y en lo más propio de su ser humano, vive de la palabra, del amor, del sentido. El sentido es el pan de que se alimenta el hombre en lo más íntimo de su ser. Huérfano de palabra, de sentido y de amor cae en el «ya no vale la pena vivir», aunque viva en medio de un confort extraordinario. ¿Hay alguien que no sepa lo mucho que esta situación del «ya no vale la pena vivir» se puede dar aun cuando por fuera reine la opulencia? Pero el sentido no viene del saber. Quererlo conseguir a base del s...

En el cristianismo, la adoración es ante todo acción de gracias por haber sido objeto de la acción salvadora de Dios

Para el Nuevo Testamento, la cruz es, pues, un movimiento que va fundamentalmente de arriba abajo. No es la obra de reconciliación que la humanidad ofrece al Dios airado, sino la prueba del amor incomprensible de Dios que se anonada para salvar al hombre. Es su acercamiento a nosotros, no al revés. Con el cambio de la idea de expiación, núcleo de lo religioso, tanto el culto cristiano como toda la existencia toman una nueva dirección. En el cristianismo, la adoración es ante todo acción de gracias por haber sido objeto de la acción salvadora de Dios. Por eso la expresión esencial del culto cristiano se llama con razón eucaristía, acción de gracias. En este culto no se ofrecen a Dios obras del hombre, consiste más bien en que el hombre acepta el don. No glorificamos a Dios cuando creemos que le ofrecemos algo (¡como si eso no fuera suyo!), sino cuando aceptamos lo que Él nos da y lo reconocemos como único Señor. Lo adoramos cuando abandonamos la ficción de que somos autónomos y contrinc...

Cristo intercede por nosotros, de otro modo desesperaría

De hecho, ésta era precisamente la intención de Agustín: en la difícil situación del imperio romano, que amenazaba también al África romana y que, al final de la vida de Agustín, llegó a destruirla, quiso transmitir esperanza, la esperanza que le venía de la fe y que, en total contraste con su carácter introvertido, le hizo capaz de participar decididamente y con todas sus fuerzas en la edificación de la ciudad. En el mismo capítulo de las Confesiones, en el cual acabamos de ver el motivo decisivo de su compromiso « para todos », dice también: Cristo « intercede por nosotros; de otro modo desesperaría. Porque muchas y grandes son mis dolencias; sí, son muchas y grandes, aunque más grande es tu medicina. De no haberse tu Verbo hecho carne y habitado entre nosotros, hubiéramos podido juzgarlo apartado de la naturaleza humana y desesperar de nosotros ».24 Gracias a su esperanza, Agustín se dedicó a la gente sencilla y a su ciudad; renunció a su nobleza espiritual y predicó y actuó de mane...