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Mostrando las entradas con la etiqueta Pablo VI

La alegría cristiana supone un hombre capaz de alegrías naturales

12. Sería también necesario un esfuerzo paciente para aprender a gustar simplemente las múltiples alegrías humanas que el Creador pone en nuestro camino: la alegría exultante de la existencia y de la vida; la alegría del amor honesto y santificado; la alegría tranquilizadora de la naturaleza y del silencio; la alegría a veces austera del trabajo esmerado; la alegría y satisfacción del deber cumplido; la alegría transparente de la pureza, del servicio, del saber compartir; la alegría exigente del sacrificio. El cristiano podrá purificarlas, completarlas, sublimarlas: no puede despreciarlas. La alegría cristiana supone un hombre capaz de alegrías naturales. Frecuentemente, ha sido a partir de éstas como Cristo ha anunciado el Reino de los cielos. Sobre la alegría cristiana - Gaudete in Domino - Pablo VI - (9 de mayo de 1975).

El problema nos parece de orden espiritual sobre todo

Porque el problema nos parece de orden espiritual sobre todo. Es el hombre, en su alma, el que se encuentra sin recursos para asumir los sufrimientos y las miserias de nuestro tiempo. Estas le abruman; tanto más cuanto que a veces no acierta a comprender el sentido de la vida; que no está seguro de sí mismo, de su vocación y destino trascendentes. El ha desacralizado el universo y, ahora, la humanidad; ha cortado a veces el lazo vital que lo unía a Dios. El valor de las cosas, la esperanza, no están suficientemente asegurados. Dios le parece abstracto, inútil: sin que lo sepa expresar, le pesa el silencio de Dios. Sí, el frío y las tinieblas están en primer lugar en el corazón del hombre que siente la tristeza. Sobre la alegría cristiana - Gaudete in Domino - Pablo VI - (9 de mayo de 1975).

Las primicias proféticas de esta alegría

17 Así Abrahán, nuestro Padre, elegido con miras al cumplimiento futuro de la Promesa, y esperando contra toda esperanza, recibe, en el nacimiento de su hijo Isaac, las primicias proféticas de esta alegría (cf. Gén 21,1-7); Rom 4,18). Tal alegría se encuentra como transfigurada a través de una prueba de muerte, cuando su hijo único le es devuelto vivo, prefiguración de la resurrección de Aquel que ha de venir: el Hijo único de Dios, prometido para un sacrificio redentor. Abrahán exultó ante el pensamiento de ver el Día de Cristo, el Día de la salvación: él «lo vio y se alegró» (Jn 8,56). Sobre la alegría cristiana - Gaudete in Domino - Pablo VI - (9 de mayo de 1975).

El secreto de la insondable alegría de Jesús

24. Aquí nos interesa destacar el secreto de la insondable alegría que Jesús lleva dentro de sí y que le es propia. Es sobre todo el evangelio de san Juan el que nos descorre el velo, descubriéndonos las palabras íntimas del Hijo de Dios hecho hombre. Si Jesús irradia esa paz, esa seguridad, esa alegría, esa disponibilidad, se debe al amor inefable con que se sabe amado por su Padre. Después de su bautismo a orillas del Jordán, este amor, presente desde el primer instante de su Encarnación, se hace manifiesto: «Tu eres mi hijo amado, mi predilecto» (Lc 3,22). Esta certeza es inseparable de la conciencia de Jesús. Es una presencia que nunca lo abandona (cf. Jn 16,32). Es un conocimiento íntimo el que lo colma: «El Padre me conoce y yo conozco al Padre» (Jn 10,15). Es un intercambio incesante y total: «Todo lo que es mío es tuyo, y todo lo que es tuyo es mío» (Jn 17,19). El Padre ha dado al Hijo el poder de juzgar y de disponer de la vida. Entre ellos se da una inhabitación recíproca: «Y...

El nuevo sentido de las pruebas y los sufrimientos de este mundo

28. Sucede que, aquí abajo, la alegría del Reino hecha realidad, no puede brotar más que de la celebración conjunta de la muerte y resurrección del Señor. Es la paradoja de la condición cristiana que esclarece singularmente la de la condición humana: ni las pruebas, ni los sufrimientos quedan eliminados de este mundo, sino que adquieren un nuevo sentido, ante la certeza de compartir la redención llevada a cabo por el Señor y de participar en su gloria. Por eso el cristiano, sometido a las dificultades de la existencia común, no queda sin embargo reducido a buscar su camino a tientas, ni a ver en la muerte el fin de sus esperanzas. En efecto, como ya lo anunciaba el profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo» (Is 9,1-2). El Exsultet del pregón pascual canta un misterio realizado por encima de las esperanzas proféticas: en el anuncio gozoso de la resurrección, la pena misma d...

María, madre de la esperanza y madre de la gracia

34. El primer puesto corresponde a la Virgen María, llena de gracia, la Madre del Salvador. Acogiendo el anuncio de lo alto, sierva del Señor, esposa del Espíritu Santo, madre del Hijo eterno, ella deja desbordar su alegría ante su prima Isabel que alaba su fe: «Mi alma engrandece al Señor y exulta de júbilo mi espíritu en Dios, mi Salvador... Por eso, todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc 1, 46-48). Ella mejor que ninguna otra criatura, ha comprendido que Dios hace maravillas: su Nombre es santo, muestra su misericordia, ensalza a los humildes, es fiel a sus promesas. Sin que el discurrir aparente de su vida salga del curso ordinario, medita hasta los más pequeños signos de Dios, guardándolos dentro de su corazón; y no es que haya sido eximida de los sufrimientos: ella está presente al pie de la cruz, asociada de manera eminente al sacrificio del Siervo inocente, como madre de dolores. Pero ella está a la vez abierta sin reserva a la alegría de la Resurrección; tambié...

Existen muchas moradas en la casa del Padre

37. Pero existen muchas moradas en la casa del Padre y, para quienes el Espíritu Santo abrasa el corazón, muchas maneras de morir a sí mismos y de alcanzar la santa alegría de la resurrección. La efusión de sangre no es el único camino. Sin embargo, el combate por el Reino incluye necesariamente la experiencia de una pasión de amor, de la que han sabido hablar maravillosamente los maestros espirituales. Y en este campo sus experiencias interiores se encuentran, a través de la diversidad misma de tradiciones místicas, tanto en Oriente como en Occidente. Todas presentan el mismo recorrido del alma, «per crucem ad lucem», y de este mundo al Padre, en el soplo vivificador del Espíritu. 38. Cada uno de estos maestros espirituales nos ha dejado un mensaje sobre la alegría. En los Padres orientales abundan los testimonios de esta alegría en el Espíritu. Orígenes, por ejemplo, ha descrito en muchas ocasiones la alegría de aquel que alcanza el conocimiento íntimo de Jesús: su alma es entonces i...

A veces le parece a este pajarito no creer que exista otra cosa sino las nubes que lo envuelven

40. En tiempos más recientes, santa Teresa de Lisieux nos indica el camino valeroso del abandono en las manos de Dios, a quien ella confía su pequeñez. Sin embargo, no por eso ignora el sentimiento de la ausencia de Dios, cuya dura experiencia ha hecho, a su manera, nuestro siglo: «A veces le parece a este pajarito (a quien ella se compara) no creer que exista otra cosa sino las nubes que lo envuelven... Es el momento de la alegría perfecta para el pobre, pequeño y débil ser... Qué dicha para él permanecer allí y fijar la mirada en la luz invisible que se oculta a su fe». Sobre la alegría cristiana - Gaudete in Domino - Pablo VI - (9 de mayo de 1975).

Así sustentados, como los caminantes, en el camino de la eternidad

42. En la vida de los hijos de la Iglesia, esta participación en la alegría del Señor es inseparable de la celebración del misterio eucarístico, en donde comen y beben su Cuerpo y su Sangre. Así sustentados, como los caminantes, en el camino de la eternidad, reciben ya sacramentalmente las primicias de la alegría escatológica. Sobre la alegría cristiana - Gaudete in Domino - Pablo VI - (9 de mayo de 1975).

Sentís vuestro corazón dividido cuando os llega la llamada de Dios

45. Si hemos evocado este panorama luminoso de la alegría cristiana, no es que hayamos pensado en absoluto en desanimar a ninguno de vosotros, amadísimos hermanos e hijos, que sentís vuestro corazón dividido cuando os llega la llamada de Dios. Al contrario, Nos sentimos que nuestra alegría, lo mismo que la vuestra, no será completa si no miramos juntos, con plena confianza, hacia «el autor y consumador de la fe, Jesús; el cual, en vez del gozo que se le ofrecía soportó la cruz, sin hacer caso de la ignominia, y está sentado a la diestra del trono de Dios. Traed, pues, a vuestra consideración al que soportó la contradicción de los pecadores contra sí mismo para que no decaigáis de ánimo rendidos por la fatiga» (Heb 12,2-3). Sobre la alegría cristiana - Gaudete in Domino - Pablo VI - (9 de mayo de 1975).

La conversión es una puesta en marcha, una promoción en la verdadera libertad y en la alegría

51. Sí, el amor inmenso de Dios es el que llama a convergir hacia la Ciudad celeste a todos aquellos que llegan desde distintos puntos del horizonte, sean quienes sean, en este tiempo del Año Santo, estén cercanos o lejanos todavía. Y puesto que todos los indicados —en una palabra, todos nosotros— son de algún modo pecadores, es necesario hoy día dejar de endurecer nuestro corazón, para escuchar la voz del Señor y acoger la propuesta del gran perdón, tal como lo anuncia Jeremías: «Los purificaré de toda iniquidad con la que pecaron contra mí y con la que me han sido infieles. Jerusalén será para mí gozo, honor y gloria entre todas las naciones de la tierra» (Jer 33,8-9). Y como esta promesa de perdón, igual que otras muchas, adquieren su definitivo sentido en el sacrificio redentor de Jesús, el Siervo doliente, es El, y solamente El, quien puede decirnos en este momento crucial de la vida de la humanidad: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15). El Señor quiere sobre todo hacern...

La novedad segura e inalterable del misterio divino revelado en Cristo Jesús

59. En efecto, nos parece que la presente crisis del mundo, caracterizada por un gran desconcierto de muchos jóvenes, denuncia por una parte un aspecto senil, definitivamente anacrónico, de una civilización mercantil, hedonista, materialista, que intenta aún ofrecerse como portadora del futuro. Contra esa ilusión, la reacción instintiva de numerosos jóvenes, reviste, dentro de sus mismos excesos, una cierta significación. Esta generación está esperando otra cosa. Habiéndose privado, de pronto, de tutelas tradicionales después de haber sentido la amarga decepción de la vanidad y el vacío espiritual de falsas novedades, de ideologías ateas, de ciertos misticismos deletéreos ¿no llegará a descubrir o encontrar la novedad segura e inalterable del misterio divino revelado en Cristo Jesús? ¿No es verdad que éste, utilizando la bella fórmula de san Ireneo, ha aportado toda clase de novedad con aportarnos su propia persona?. Sobre la alegría cristiana - Gaudete in Domino - Pablo VI - (9 de may...

“El cristianismo: fermento vivo de civilización”. PP Pablo VI

Adaptado de Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 175.

Hemos perdido la virtud de la contemplación

«Estamos enfermos. Los modernos hemos perdido la virtud de la contemplación. Somos hábiles para leer, para pensar, para hablar, pero no sabemos hacerlo sin apegarnos intensamente a las imágenes sensibles. La negación del espíritu y la conquista de la materia ha hecho esto. En el pensamiento, la metáfora nos sirve de prueba; en la vida, lo que nos interesa son los colores, las siluetas, las líneas, los sonidos, el mundo sensible. Así, nos incapacitamos para acoger el mensaje de la fe: es demasiado espiritual. Sin embargo, si pudiese interpretar con mis ojos miopes de hombre moderno -con mis ojos ávidos de modernidad- el alfabeto inmaterial, volvería la alegría, lo mismo que la confianza, confianza en la gracia cercana. En el espejo purificado del mundo se reflejaría el cielo; en la claridad de las cosas a las que el ojo está acostumbrado, el enigma superreal de la fe le atraería de nuevo. Es cierto que no lo vería todo, queda el espejo, queda el enigma, pero no me sentiría extraño a mi ...

El arte del pescador

Leer, estudiar, escuchar, acordarse, orar, estas son las cualidades cultivadas sin cesar, el mantillo íntimo en el que se enraíza su acción. Monseñor Montini (Pablo VI) tiene dos cualidades excepcionales: sabe escuchar, lo que supone una perfecta educación y una gran caridad. Archiva en su prodigiosa memoria (y «retiene en su corazón») lo que ha escuchado y leído. Como Pío XI, que no podía soportar la «indolencia romana», no le gusta el trabajo deprisa y corriendo. Ahí está su ascesis permanente. No le gusta «la tendencia a hacer las cosas de una manera cualquiera… El arte del apostolado es el arte del pescador, es el arte de adaptar los medios a un fin especial». Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 185.

El carricoche que me lleve al Paraiso

En 1952, Pío XII quiere nombrar cardenales a sus dos más cercanos colaboradores, monseñor Montini (Pablo VI) y monseñor Tardini. Ambos le piden continuar trabajando en su puesto, en la oscuridad. El mismo Pío XII lo dice públicamente en la alocución en la que nombra a los demás cardenales. «Se cuenta, dice el periodista Georges Huber, que en esta ocasión alguien les dijo a los interesados: Habéis perdido el autobús que os habría conducido más arriba. -Es posible, respondió Montini, pero en compensación, tal vez haya tomado el carricoche que me lleve al Paraiso». No le faltaba humor ni viveza de réplica. Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 185.

Tengo tesoros para el alma

«No tengo nada que daros, mis manos están vacías. Pero sé también que aspiráis, porque sois hombres que trabajáis, a algo que está por encima de vuestro trabajo, por encima de vuestros salarios, por encima de la materia: aspiráis a una parcela de vida verdadera, de felicidad. A este deseo, tengo inmensos tesoros que distribuir: la esperanza, el sentido de la dignidad humana, los horizontes inmensos de la luz. Tenéis un alma, tengo tesoros para esta alma.» PP Pablo VI citado en Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 189.

Mejores ideas de Dios

«... el ateismo puede tener una función purificadora, en el sentido de que obliga a dar una idea más exacta de Dios, es decir más elevada, más trascendente, más pura y más verdadera.» PP Pablo VI citado en Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 193.
 Debo dar gracias «Yo me he encontrado siempre ante este gran misterio de Dios: Por mi mismo no soy nada, soy miserable, pero, Dios Padre me ama, quiere salvarme, quiere sacarme de la miseria en la que vivo; entonces, con su amorosa mano, me envía a su Hijo que me trae esta misericordia, la gracia, el bautismo». De esta tensión entre miseria y misericordia, surge la acción de gracias: «Debo dar gracias, agradecer, agradecer, agradecer». Esta gracia de agradecer pasa por la Virgen María: «Con ella, mi alma da gracias al Señor».   PP Pablo VI citado en Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 219.

El Papa Pablo VI

 ... un ser humano para el que vivir es dar culto a Dios, buscar a Dios, embriagarse de Dios, estudiar a Dios, hablar a Dios, hablar de Dios, servir a Dios. El Papa Pablo VI citado en Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 176.