Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Romano Guardini

Mente y corazón en nuestra relación con Dios

Pisamos tierra santa  Cuando Moisés habló con Dios  que lo llamaba, mientras cuidaba los rebaños de Jetró en el monte Horeb, vio una zarza que ardía y no se consumía. Quiso mirar de cerca esta cosa asombrosa, saber por qué la zarza no se consumía y oyó de pronto la voz de Dios que lo llamaba de en medio de la zarza: "No te acerques. Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado." (*) Nos hemos atrevido a hacer una meditación sobre el "Dios viviente ", en expresión de la Biblia, y nos dimos cuenta de la voz que nos decía: "Quítate las sandalias". Necesitamos descalzarnos y poner a un lado los zapatos con que caminamos con pasos firmes, es decir, hacer a un lado los conceptos, muy útiles en otras ocasiones, pero que en esta oportunidad se niegan a ofrecernos sus servicios. Con ellos llegamos a ciertos límites, pero de allí en adelante debemos quitarlos de los pies. Nos damos cuenta de que es allí donde comienza lo esencial. Es...

La voluntad del Padre

La profunda vinculación maternal de María con su hijo es afectada aquí por algo poderoso que lo aleja de ella: la voluntad del Padre. Qué difícil esto y qué grande el desconcierto que agita su corazón lo indica la frase siguiente: “Ellos no comprendieron lo que les decía” (Lc 2, 46, 50). Esto se repite espiritualmente en cada vida creyente. Siente a Cristo como suyo; está cerca de Él en la fe y participa en su vida mediante el amor. Pero luego Él desaparece, a menudo de repente y sin motivo alguno. Se crea una distancia. Surge un vacío. La persona se siente abandonada. La fe le parece una locura. La esperanza tiene que conservarla “contra toda esperanza”. Todo se vuelve difícil, penoso, sin sentido. Debe continuar sola y seguir buscando. Pero un día vuelve a encontrar a Cristo, y entonces se le hace patente el poder de la voluntad del Padre, al que ella pertenece. Guardini, Romano, Orar con... El Rosario de Nuestra Señora, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2008, p. 113.  

Nos hiciste, Senor, para Ti

 Nos hiciste, Senor, para Ti, y nuestro corazon esta inquieto hasta que repose en Ti. San Agustin - Romano Guardini La Bendicion Desconocida - P. Robert Barron - Camino 1 Parte 2 10:01

Mi persona es el modo en el cual Dios me llama y el modo en que yo debo responder a su llamado

Con esta meditación sólo pretendemos aproximarnos un poco a ese Reino, y la mejor forma de hacerlo es tomando al pie de la letra lo que Jesús dice: Sí; esto es lo primero que debemos hacer, lo correcto, cuando estamos frente a palabras dignas de veneración. Pues bien, el Señor dice que “el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca”. El Reino de Dios no es por lo tanto un estado ya establecido, sino algo vivo, algo que se está acercando. Por mucho tiempo estuvo lejos, pero ahora se ha aproximado y está tan cerca que exige ser asumido. Reino de Dios significa que Dios reina. Nos preguntamos pues qué pasa cuando es Dios quien reina. Pero antes cabe plantearse otra pregunta: ¿Qué es lo que detenta realmente el poder en nosotros?, o bien, ¿quién es el que gobierna en nosotros? Y constataremos que son principalmente hombres: aquellos que me hablan o cuyas palabras leo; aquellos a los cuales trato o que se sustraen a mi presencia; aquellos que me dan o me niegan; aquellos que me pon...

Parroquia Berlín - Romano Guardini

Capilla de San Benito Calle Schlütter - Primer libro 1937 antes fasciculos Berlin Parroquia Berlín - Romano Guardini

La oración es expresión de vida interior

La adoración de Dios es la garantía de la pureza del espíritu. Mientras el hombre adore; mientras se incline ante Dios como ante Aquel que “es digno de recibir la gloria, el honor y el poder”, porque Él es el Verdadero y el Santo, estará a resguardo de la mentira. La pureza y la salud de espíritu constituyen la fortaleza más grande para la mente, pero también -teniendo en cuenta la condición humana- lo más vulnerable y lo más sujeto a seducción en el plano del ser. Necesitan protección. Tiene que haber algo por lo cual el espíritu humano pueda discernir siempre lo verdadero de lo falso, lo puro de lo impuro. Que el hombre no haga lo que ha discernido como justo, es malo y lo hace “reo de juicio”. Sin embargo es mucho más terrible la confusión en la relación con la verdad misma; la mentira que entenebrece ya la mirada, porque está asentada en el espíritu. Por eso tiene que haber algo por lo cual el corazón se renueve continuamente en la verdad, el espíritu se purifique, la mirada se acl...

La vida es también presencia majestuosa, interioridad recogida en sí misma, fuerza que palpita en la tranquilidad

De la plenitud de esta visión tomamos un rasgo particular: el hecho de que haya un trono en el cual hay alguien que está sentado. Aquí estamos frente a algo que hemos perdido. El hombre moderno ya no sabe lo que significan el trono y sentarse en el trono… Echando una mirada retrospectiva, apreciaremos en la imaginería egipcia la presencia del motivo del trono lleno de poder. ¡Qué majestad y serenidad en estas figuras de dioses y reyes! Y volvemos a observarlo en el arte griego primitivo. Más tarde lo encontramos, plasmado cristianamente, en los mosaicos de los primeros siglos y en la imaginería de la temprana Edad Media. Luego desaparece. Las figuras no aparecen sentadas en un trono sino simplemente sedentes. Pero ese estar sentado se hace cada vez más inquieto. Las figuras de antaño, sentadas en el trono, no eran rígidas; pero su movimiento residía en la fuerza que irradiaba su aspecto, en su serenidad, en su interioridad. Ahora, en cambio, se percibe una proyección hacia afuera. El e...

El Espíritu Santo es quien suscita la fe

 El Espíritu Santo es quien suscita la fe. La fe no es una mera profundización, aumento o afinamiento del conocimiento natural; tampoco una forma general de vivencia religiosa, sino la respuesta especial que el hombre llamado da a la persona y palabra de Cristo. Pasar a ser un hombre creyente significa, en el sentido de la Sagrada Escritura, creer en Cristo. “Creer” presupone que en el hombre se despierte una vida nueva. Y el acto de esta vida es la fe. En los así llamados discursos polémicos del Evangelio de san Juan, Jesús dice, acentuándolo con el mayor énfasis, que sólo puede entenderlo y amarlo quien ha nacido de Dios: “Jesús les respondió: 'Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado. ¿Por qué no reconocéis mi lenguaje?... Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis porque no sois de Dios'” (Jn 8, 42-47). El...

Esta intimidad de Dios es el cielo

... el cielo es la intimidad del Dios Santo. La manera como Dios está a solas consigo mismo y por lo tanto inaccesible a toda creatura. Es lo que san Pablo llama “luz inaccesible” en la cual Él vive, y que nada creado puede afectar (1 Tm 6, 16). Cuando se encuentra a otra persona en la calle o en una habitación, dicha persona está “abierta”. Se la puede mirar, fotografiar, describir, incluso se puede adivinar muchas cosas que están palpitando en ella. Todo ello es de alguna manera “público”. Per hay un ámbito que permanece como íntimo, exclusivo de ella; el de su actitud frente a sí misma, el de su manera de asumir su responsabilidad por su obrar. Por lo común el hombre es absorbido por las realidades corporales, psicológicas, sociológicas, vale decir, por lo que es público. Pero en ciertos momentos escapa a ellas e ingresa en su dominio propio. Ésa es la dimensión interior del ser humano. Y el otro no puede irrumpir en tal intimidad. Una apertura sólo es posible cuando él mismo se abr...

El arco de fuego, que irrumpió por primera vez sobre el monte y se manifestó victorioso en la resurrección

Este acontecimiento (La Transfiguración / Mt 17, 1-13) no sólo desciende sobre Jesús, o se obra en Él, sino que a la vez irrumpe desde Él. Es una revelación de su ser. Nos muestra con claridad lo que hay en Él: aquella vida por encima de toda vida; aquel arco de fuego del cual hablamos. El Lógos ha ingresado como luz celestial en las tinieblas de la creación caída. Pero las tinieblas se afirmaron y “no lo comprendieron” (Jn 1, 4). La verdad de amor del Lógos, que anhelaba irrumpir abiertamente, es rechazada por las tinieblas hacia lo interior, ¡oh dolor que sobrepasa todo entendimiento humano y que sólo Dios puede concebir! Sobre la montaña irrumpe, por un momento, la claridad. El camino de Jesús va hacia la oscuridad, cada vez más profunda, hasta “vuestra hora (de los enemigos) y el poder de las tinieblas” (Lc 22, 53). Pero aquí, por un momento, aparece la luz que vino al mundo, y que sería capaz de “iluminar a todo hombre” (Jn 1, 9). En el camino hacia la muerte, resplandece, como un...

El ser humano debe vivir de Dios

A su vez el cuerpo del ser humano debe vivir del alma espiritual, y su alma de Dios y, a través de ella, el hombre en su totalidad. El pecado hizo añicos esa totalidad de vida. El pecado fue la pretensión de vivir a partir de sí mismo, autónomamente, “como Dios” (Gn 3, 5). Así se extinguió el arco de fuego. Todo se derrumbó. Ciertamente seguía existiendo el alma espiritual; ella no podía dejar de ser; ya que no podía ser destruida. Pero su indestructibilidad pasó a ser una indestructibilidad fantasmal, fruto de la precariedad. También seguía estando el cuerpo, porque en él palpitaba el alma. Pero un alma “muerta”, que ya no podía dar aquella vida que Dios había pensado para el ser humano. De ese modo la vida se convirtió en real y a la vez no real, orden y caos, subsistencia y transitoriedad. Y precisamente eso es distinto en Jesucristo. En Él el arco de fuego sigue encendido, con pureza y fuerza divinas. En Él no sólo se llama “gracia” sino “Espíritu Santo”. Su ser humano vive de Dios...

Jesús orienta los pensamientos de los suyos hacia lo verdadero

De esta manera, Jesús orienta los pensamientos de los suyos hacia lo verdadero. Arraiga sus discípulos en lo que no puede ser destruido. Y desprende de ellos lo no verdadero: las autoridades aparentes; el juicio del sabio, poderoso, del aferrado a las tradiciones de este mundo; la oposición de los órdenes sociales y económicos existentes; los peligros para el cuerpo y la vida; la pérdida de posesiones. Por este camino Él los prepara para la lucha; concentra sus fuerzas y les hace tomar conciencia de en qué cosas son invencibles. Guardini, Romano, El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo, Lumen, Buenos Aires, 2000, p. 236.

Dios *** es más real que “el mundo”

Digámoslo con absoluta claridad: la vida de la fe exige una reestructuración de la conciencia que se tiene de la realidad. Para nuestra sensibilidad cautiva de las cosas del mundo -y habría que añadir más: para nuestra sensibilidad que nos transmite incluso una imagen confusa de ese mismo mundo- el cuerpo es más real que el alma; la electricidad es más real que el pensamiento; el poder es más real que el amor; la utilidad más real que la verdad. Sí, “el mundo” es para ella, en suma, más real que Dios. ¡Cuán difícil es, aun en la oración, percibir a Dios como real! ¡Cuán difícil, y qué don tan pocas veces otorgado, considerar en la meditación a Cristo como una persona real; más real y poderosa que las cosas de la existencia! Y luego levantarse, ir hacia los hombres y mezclarse con ellos, atender los negocios del día, sentir las fuerzas del entorno y de la vida social, y seguir afirmando, a pesar de todo, que Dios es más real, que Cristo es más fuerte que todo eso; afirmarlo con una conc...

Nuestros bienes deben estar en Dios

Nuevamente se hace un discernimiento entre lo esencial y lo no esencial. ¿Qué es más esencial: el pan o la vida? Claro, la vida, porque si estoy muerto ya no puedo comer. ¿Cuáles son más esenciales: los bienes eternos o los temporales? Ciertamente los eternos, porque los temporales perecen. ¿Qué debe hacer entonces el hombre? Concentrar sus pensamientos en lo perenne y dejar que a lo perecedero le suceda lo que deba sucederle. Nuestros bienes deben estar en Dios, no en el tiempo. Sólo es posible asumir esta actitud cuando se ha puesto la fe en Cristo y de ese modo se afirma el alma en la vida eterna. Actuando a partir de esa fe, el hombre logrará proyectar lo terreno al plano de lo imperecedero. Guardini, Romano, El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo, Lumen, Buenos Aires, 2000, p. 233.

La esencia de los profetas (1 Re 17-19)

17 1 Elías tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: "Vive Yahveh, Dios de Israel, a quien sirvo. No habrá estos años rocío ni lluvia más que cuando mi boca lo diga." 2 Fue dirigida la palabra de Yahveh a Elías diciendo: 3 "Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Kerit que está al este del Jordán. 4 Beberás del torrente y encargaré a los cuervos que te sustenten allí." 5 Hizo según la palabra de Yahveh, y se fue a vivir en el torrente de Kerit que está al este del Jordán. 6 Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente. 7 Al cabo de los días se secó el torrente, porque no había lluvia en el país. 8 Le fue dirigida la palabra de Yahveh a Elías diciendo: 9 "Levántate y vete a Sarepta de Sidón y quédate allí, pues he ordenado a una mujer viuda de allí que te dé de comer." 10 Se levantó y se fue a Sarepta. Cuando entraba por la puerta de la ciudad había allí una mujer viuda que recogía leña. La l...

Las potencias silenciosas son las realmente fuertes

“Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la mitad de su carrera, tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde el trono real” (Sab 18, 14-15). Estas palabras nos hablan del misterio de la Encarnación y expresan maravillosamente el infinito silencio en el cual tuvo lugar. Sí; es en el silencio donde se realizan las cosas grandes. No en el bullicio ni en la dispersión de los acontecimientos exteriores, sino en la claridad de la mirada interior, en el gesto callado de la decisión, en el sacrificio y en el vencimiento ocultos. Es allí cuando el corazón se enciende de amor, se convoca a la voluntad libre a entrar en acción y su seno queda fecundo para la obra divina. Las potencias silenciosas son las realmente fuertes. Guardini, Romano, El Señor, Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo, Lumen, Buenos Aires, 2000, p. 21.

La vida de Jesús, Dios hecho hombre

Pero su vida consistía en que ese ser divino suyo se consumase en el plano humano: realzar en su conciencia humana la realidad divina y su sentido; infundirle a su voluntad la fuerza divina; practicar perfectamente la santa pureza con plena convicción; prodigar de corazón el amor eterno; asumir en su figura humana la infinita plenitud de Dios. En suma, toda su vida fue un continuo caer en lo profundo de su persona, un expandirse en su interioridad, un elevarse hacia cumbres cada vez más altas, una toma de posesión cada vez más perfecta y total de sí mismo, un hacerse cargo de la plenitud que llevaba dentro de sí. Guardini, Romano, El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo, Lumen, Buenos Aires, 2000, p. 27.

El contenido de la vida de Jesús

El contenido de su vida (la de Jesús) debía ser la voluntad del Padre, vale decir, anunciar el mensaje sagrado, llegar a todos los hombres por la fuerza de Dios, sellar la Alianza, cargar sobre sí al mundo y su pecado, ofrecerse como víctima expiatoria de ese pecado y remontar a la humanidad hacia un nuevo ser en la gracia mediante esa inmolación y resurrección suyas. Guardini, Romano, El Señor, Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo, Lumen, Buenos Aires, 2000, p. 26.

También a nosotros se nos envió el Espíritu

 También a nosotros se nos envió el Espíritu. Él hace que no seamos huérfanos. Está entre nosotros con tal que queramos permanecer junto a Él. Guía nuestra vida a través de todas las oscuridades, pero nosotros debemos cederle la iniciativa. Cuando le dirigimos nuestras súplicas y nos abrimos a Él con el pensamiento y el amor, nos enseña a entender a Cristo, y, en Cristo, nuestro propio ser. Y donde la oscuridad sigue siendo impenetrable por estar cerrada la existencia terrena, Él nos da testimonio -en un divino “no obstante”- “de que somos hijos de Dios”, como dice San Pablo, y nos otorga la certeza de que “Dios ordena todas las cosas para bien de los que le aman” (Rom 8, 16 y 28 ). Guardini, Romano, Orar con... El Rosario de Nuestra Señora, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2008, p. 134.

Todo estará “abierto”, infinitamente abierto

Ser “prójimo” significa abolir la exclusividad “yo-no, tú; mío-no, tuyo”; pero sin caer en la alternativa nefasta de que las personas se diluyan una en la otra y se lesione así la dignidad de cada una de ellas. Ser prójimo” no significa aumento de lo que sería posible para la fuerza y la convicción humanas, sino algo nuevo por gracia de Dios, algo que rebasa la lógica de la mera distinción y vinculación. Se trata de una nueva posibilidad del ser: el amor del Espíritu Santo entre los hombres. El amor cristiano no significa unir un yo y un tú que están separados, recurriendo a una fusión a nivel de la naturaleza, o a una actitud de abnegación. El amor cristiano alude en realidad a aquella apertura al otro y a la vez fidelidad a la propia identidad, alude a aquella intimidad y dignidad que provienen del Espíritu Santo. Todo esto está referido a algo más abarcador: la creación nueva, el hombre nuevo, el cielo y la tierra nuevos. Será el mundo resucitado. En él ese estado que hemos tratado ...