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Mostrando las entradas con la etiqueta Jean Vanier

El camino que conduce a la humildad

Esos muros y barreras contienen nuestra angustia, pero también lo que hay de más bello en nosotros. Debemos purificarnos de nuestra necesidad de dividir el mundo, la sociedad, los grupos y a los individuos en «buenos» y «malos», considerando nuestro propio grupo, nuestro país, nuestra religión, nuestra clase social, como la élite, como lo mejor. Y, sobre todo, nos vemos llamados a abandonar nuestras compulsiones y a purificarnos de nuestra sed de poder, de admiración, de tener siempre la razón. Nuestras murallas de temores, prejuicios y odios deben ir desapareciendo poco a poco para poder liberarnos de la cerrazón que nos impide abrirnos a un nuevo conocimiento de lo infinito y de los demás. Pero el camino que conduce a la humildad, la paz y la justicia conlleva un largo y arduo combate, como lo expresa con toda claridad el patriarca Atenágoras de Constantinopla en su poema "Estoy desarmado": «Hay que librar la guerra más dura, que es la guerra contra uno mismo. Hay que llega...

La paz del corazón

La paz del corazón es algo muy personal que brota del interior de nuestro ser. Implica madurar interiormente y llevar a cabo obras de justicia y de misericordia, así como actos de amor. Llega cuando vivimos en armonía con nuestra familia o comunidad, o bien en momentos pacíficos de reflexión y aceptación interior. El filósofo alemán Josef Pieper denomina «momentos de gratuidad» aquellos en los que logramos estar solos con «ese silencio que es previo a la percepción de la realidad; sólo el silencio escucha». «Dadas las presiones sobre la plaza pública, debemos mantenernos vigilantes y conscientes frente a las influencias hostiles que envilecen nuestra dignidad. Una de las trampas más insidiosas es el odio a uno mismo. No será posible la gratuidad mientras no hayamos conseguido nuestra unificación interior. Tenemos tendencia a trabajar demasiado: es puro escapismo, una forma de intentar justificar nuestra existencia, cuya única justificación es que Dios nos ama. Tememos relajarnos y aban...

Sólo puedo recibir a Jesús en mí si recibo al pobre que hay en mi interior

Fue una carta del psicoanalista Carl Jung, discípulo de Freud, lo que me ayudo en aquella época a comprender algo importante. Jung escribía a una de sus corresponsales cristianas estas palabras que cito de memoria: «Admiro a los cristianos porque en quien tiene hambre o sed veis a Jesús. Cuando acogéis a un extraño, a alguien diferente, acogéis a Jesús. Cuando vestís a alguien que está desnudo, vestís a Jesús. Lo considero muy hermoso, pero lo que no comprendo es cómo nunca veis a Jesús en vuestra propia pobreza. Queréis hacer siempre el bien al pobre que está en el exterior y, al mismo tiempo, negáis al pobre que está en vuestro interior. ¿Por qué no podéis ver a Jesús en vuestra propia pobreza, en vuestra hambre y vuestra sed?; ¿no veis que también hay un enfermo en vuestro interior, que también vosotros estáis encerrados en una cárcel de miedos, que en vosotros hay cosas extrañas: violencia, angustia, cosas que no controláis y que son ajenas a vuestra voluntad? En vuestro interior h...

La felicidad consiste en aceptar y elegir la vida

La felicidad no viene del exterior, de las cosas que poseemos o del poder de nuestro grupo, sino del interior, de ese lugar sagrado que hay en nosotros. Nos resulta muy fácil ilusionarnos pensando, bien que somos el centro del universo, bien que no valemos nada. ¡Enseguida nos imaginamos que, si perteneciéramos a tal grupo o su tuviéramos más dinero, seríamos más felices! Cualquiera de nosotros puede dejarse seducir por falsos profetas con falsas promesas de felicidad; pero una vez seducidos por tales quimeras, pronto nos descentramos, paralizados por la ira o la desesperación. La depresión también puede hacernos naufragar. Nos da vergüenza habernos dejado atrapar por esas ilusiones, e incluso podemos llegar a sentir vergüenza de existir. La felicidad consiste en aceptar y elegir la vida, no en padecerla con desgana. La felicidad nos llega cuando nosotros mismos elegimos ser lo que somos, ser nosotros mismos aquí y ahora; cuando elegimos la vida tal como es, con sus alegrías, sus sufri...

Ser artífice de la paz significa...

 Ser artífice de la paz significa no juzgar, no condenar y no hablar mal de los demás. No alegrarse de lo malo que pueda sucederles. Ser artífice de la paz significa tener a todos amorosamente presentes en la oración, pidiendo lo mejor para ellos, incluso la libertad. Ser artífice de la paz significa acoger a los débiles y necesitados, aunque sólo sea con una sonrisa: apoyarlos, regalarles nuestra gentileza y nuestra ternura y abrirles nuestro corazón. Significa también acoger a aquellos con quienes podríamos tener problemas, a quienes no queremos demasiado, a quienes son diferentes a nosotros, ya sea cultural, psicológica o intelectualmente. Vanier, Jean, Busca la Paz, Sal Terrae, Santander, 2006, p. 70.

No tenemos la vida plena en nosotros

No somos Dios. No somos los salvadores del mundo. No vivimos la vida en plenitud. Siempre existirá dentro de nosotros un vacío, una profunda vulnerabilidad y angustia, una sed no saciada, un punto de insatisfacción. Continuamente intentamos superar los límites que nos aprisionan, en busca de aquello que podría colmarnos. Aspiramos siempre a algo más, y cuando hemos alcanzado el tan codiciado tesoro, volvemos a caer en la insatisfacción, como un niño que quiere otro juguete, ¡siempre más juguetes! Si no poseemos ese «más», tendemos a acusar al otro que tiene más, que nos impide tener más. Juzgamos y condenamos al «otro», al diferente, al que posee algo que nosotros no tenemos. Nos sentimos profundamente celosos porque no tenemos la vida plena en nosotros. Tenemos miedo a reconocer nuestras propias heridas, nuestras faltas, nuestra debilidad, tenemos miedo a reconocer lo que hay de más profundo en nosotros, nuestra belleza interior, nuestro valor. Vanier, Jean, Busca la Paz, Sal Terrae, ...

Nuestra eterna búsqueda de infinito

Ya hice alusión a nuestra eterna búsqueda de infinito. Lo limitado no nos satisface plenamente. Existe en nosotros una angustia que nos impulsa siempre a buscar más: más poder, más placer, más dinero, más amor, más amigos, más sabiduría, más reconocimiento, y hasta me atrevería a decir que más Dios. La humanidad permanece siempre en movimiento, evoluciona, investiga, espera... Y en lo profundo de cada persona se da esta búsqueda de lo ilimitado, de lo infinito. Una búsqueda que revela el carácter sagrado de todo ser humano. Este carácter sagrado no está desconectado de nuestros cuerpos. Lo infinito se encarna en nuestros cuerpos, y éstos, a su vez, están ligados a la tierra y al universo. Todo está ligado, todo lo que es vida se conecta. Cada especie es importante y valiosa. Nuestra sed de infinito podrá comenzar a saciarse cuando tomemos conciencia de la presencia de lo Infinito. No podemos superar la cerrazón en la seguridad de nuestra familia, de nuestra cultura, de nuestro grupo pa...