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Mostrando las entradas con la etiqueta CS Lewis

Dios tiene pensado venirse a vivir a ti

Veo que aun tengo que pedir prestada otra parábola de George MacDonald. Imaginaos a vosotros mismos como una casa viva. Dios entra para reconstruir esa casa. Al principio es posible que comprendáis lo que está haciendo. Está arreglando los desagües, las goteras del techo, etcétera: vosotros sabíais que esos trabajos necesitaban hacerse y por lo tanto no os sentís sorprendidos. Pero al cabo de un tiempo Él empieza a tirar abajo las paredes de un modo que duele abominablemente y que parece no tener sentido. ¿Qué rayos se trae entre manos? La explicación es que Dios está construyendo una casa muy diferente de aquella que vosotros pensabais -poniendo un ala nueva aquí, un nuevo suelo allí, erigiendo torres, trazando jardines-. Vosotros pensasteis que os iban a convertir en un pequeño chalet sin grandes pretensiones: pero Él está construyendo un palacio. Tiene pensado venirse a vivir a él. El mandamiento «Sed perfectos» no es una banalidad idealista. Tampoco es un mandamiento para hacer lo ...

Para un huevo es difícil aprender a volar mientras siga siendo un huevo

El camino cristiano es diferente: más difícil, y más fácil. Cristo dice: «Dádmelo todo. Yo no quiero tanto de vuestro tiempo o tanto de vuestro dinero o tanto de vuestro trabajo: os quiero a vosotros. Yo no he venido a atormentar vuestro ser natural, sino a matarlo. Ninguna medida a medias me sirve. No quiero podar una rama aquí y una rama allí. Tengo que derribar el árbol entero. No quiero perforar el diente, o coronarlo, o taponarlo; quiero arrancarlo. Entregadme por entero vuestro ser natural, todos los deseos que creéis inocentes además de aquellos que creéis malos: lo quiero todo. Y a cambio os daré un nuevo yo. De hecho, me daré a Mí Mismo: mi propia voluntad se convertirá en la vuestra.» Mucho más difícil y más fácil de lo que estamos intentando hacer. Os habréis dado cuenta, espero, de que Cristo mismo describe a veces la vida cristiana como muy difícil y a veces como muy fácil. Dice: «Coge tu cruz». En otras palabras, es como dirigirse a que le maten a uno a palos en un campo ...

Cristo se pone a vuestro lado para convertiros en Él

Significan algo mucho más importante que eso. Significan que una auténtica Persona, Cristo, aquí y ahora, en esa misma habitación donde estáis rezando, está haciéndoos cambiar. No se trata de un hombre bueno que murió hace dos mil años. Se trata de un Hombre vivo tan hombre como vosotros, y aun tan Dios como lo fue cuando creó el mundo, que realmente aparece y entra en contacto con vuestro ser más íntimo, mata el viejo yo natural en vosotros y lo sustituye por la clase de Yo que Él tiene. Al principio, sólo por momentos. Luego, durante períodos más largos. Finalmente, si todo va bien, os transforma permanentemente en alguien diferente, en un nuevo pequeño Cristo, en un ser que, a su humilde manera, tiene la misma vida que Dios, que comparte Su poder, Su gozo. Su conocimiento y Su eternidad. Y en seguida hacemos dos descubrimientos más. 1) Empezamos a darnos cuenta, además, de nuestros actos pecaminosos particulares, de nuestro estado de pecado; empezamos a alarmarnos no sólo por lo que...

La Segunda Persona en Dios, el Hijo, se hizo humano

La Segunda Persona en Dios, el Hijo, se hizo humano: nació en este mundo como un hombre real, un auténtico hombre de una altura determinada, con el pelo de un cierto color, que hablaba un idioma concreto y pesaba un cierto número de kilos. El Ser Eterno, que todo lo sabe y creó el universo entero, se convirtió no sólo en un hombre sino (antes de eso) en un bebé, y antes de eso en un feto dentro del cuerpo de una mujer. Si queréis haceros una idea, pensad lo que os gustaría convertiros en una babosa o en un cangrejo. El resultado de esto fue que ahora existía un hombre que era realmente lo que todos los hombres estaban destinados a ser; un hombre en el que la vida creada, derivada de su madre, se permitía ser completa y perfectamente convertida en la vida engendrada. La criatura natural humana en Él fue asumida por completo en el divino Hijo. Así, en una instancia, la humanidad había llegado, por así decirlo, a su meta: había pasado a la vida de Cristo. Y porque toda la dificultad para ...

Cada cristiano debe convertirse en un pequeño Cristo

Nosotros no somos engendrados por Dios: sólo somos creados por Él. En nuestro estado natural no somos hijos de Dios: sólo somos (por así decirlo) estatuas. No poseemos Zoe o vida espiritual: sólo poseemos Bios o vida biológica que a su tiempo se agotará y morirá. Pues bien, todo lo que ofrece el cristianismo es esto: que podemos, si dejamos que Dios se salga con la Suya, llegar a compartir la vida de Cristo. Si lo hacemos, estaremos compartiendo una vida que fue engendrada, no creada, que siempre ha existido y existirá. Cristo es el Hijo de Dios. Si compartimos esta clase de vida nosotros también seremos hijos de Dios. Amaremos al Padre como Él le ama y el Espíritu Santo se despertará en nosotros. El vino a este mundo y se hizo hombre para difundir a otros hombres la clase de vida que Él tiene, a través de los que yo llamo una «buena infección». Cada cristiano debe convertirse en un pequeño Cristo. Todo el sentido de hacerse cristiano es ese y ningún otro. Lewis, C.S., Mero Cristianism...

Cristo está de pie a tu lado ayudándote a rezar

Lo que quiero decir es esto: un cristiano corriente se arrodilla para rezar sus oraciones. Está intentando ponerse en contacto con Dios. Pero si es cristiano sabe que lo que le está instando a rezar también es Dios: Dios, por así decirlo, dentro de él. Pero también sabe que todo su conocimiento real de Dios le viene a través de Cristo, el Hombre que es Dios…, que Cristo está de pie a su lado, ayudándole a rezar, rezando con él. ¿Veis lo que está ocurriendo? Dios es aquello a lo cual él está rezando, la meta que está intentando alcanzar. Dios es también lo que dentro de él le empuja, la fuerza de su motivación. Dios es también el camino o puente a lo largo del cual está siendo empujado a esa meta. De manera que la triple vida del Ser tripersonal está de hecho teniendo lugar en este dormitorio corriente en el que un hombre corriente está diciendo sus oraciones. Ese hombre está siendo captado por la clase de vida más alta, lo que yo llamo Zoe o vida espiritual: está siendo atraído hacia D...

Corre el rumor por el taller de que algunos de nosotros, algún día, vamos a cobrar vida

Pero lo que el hombre, en su condición natural, no tiene, es vida espiritual; la forma de vida más alta y diferente que existe en Dios. Utilizamos la misma palabra vida para ambas, pero si pensaseis que ambas deben por ello ser la misma cosa, sería lo mismo que pensar que la «grandeza» del espacio y la «grandeza» de Dios fueran la misma clase de grandeza. En realidad, la diferencia entre la vida biológica y la vida espiritual es tan importante que voy a darles dos nombres distintos. La forma de vida biológica que nos viene dada por la naturaleza y que (como todo lo demás en la naturaleza) siempre tiende a gastarse y decaer de modo que sólo puede mantenerse por medio de incesantes subsidios de la naturaleza en forma de aire, agua, comida, etc., es Bios. La vida espiritual que está en Dios desde la eternidad, y que creó el universo entero, es Zoe. Bios tiene, por supuesto, una cierta semejanza vaga y simbólica con Zoe, pero sólo la clase de semejanza que hay entre una fotografía y un lug...

Confiar en Jesús quiere decir intentar hacer todo lo que Él dice

El sentido en el que un cristiano se lo deja a Dios es que pone toda su confianza en Cristo; confía en que Cristo de alguna manera compartirá con él la perfecta obediencia humana que llevó a cabo desde Su nacimiento hasta Su crucifixión: que Cristo hará a ese hombre más parecido a El y que, en cierto sentido, hará buenas sus deficiencias. En el lenguaje cristiano, compartirá su «filiación» con nosotros; nos convertirá, como Él, en Hijos de Dios. En el Libro IV intentaré analizar un poco más el significado de estas palabras. Si preferís verlo de este modo, Cristo nos ofrece algo por nada. Incluso nos lo ofrece todo por nada. En cierto modo, toda la vida cristiana consiste en aceptar este asombroso ofrecimiento. Pero la dificultad está en alcanzar el punto en el que reconocemos que todo lo que hemos hecho y podemos hacer es nada. Lo que nos habría gustado es que Dios hubiera tenido en cuenta nuestros puntos a favor y hubiese ignorado nuestros puntos en contra. Una vez más, en cierto modo...

Es el cambio de sentirnos confiados en nuestros propios esfuerzos a confiar en la gracia de Dios

Así, en un sentido, el camino de vuelta hacia Dios es un camino de esfuerzo moral, de intentarlo cada vez con más empeño. Pero en otro sentido, no es el esfuerzo lo que nos va a llevar de vuelta a casa. Todo este esfuerzo nos lleva a ese momento vital en el que nos volvemos a Dios y le decimos: «Tu debes hacerlo. Yo no puedo.» No empecéis, os lo imploro, a preguntaros: «¿He llegado yo a ese momento?» No os sentéis a contemplar vuestra mente para ver si va haciendo progresos. Eso le desvía mucho a uno. Cuando ocurren las cosas más importantes de nuestra vida, a menudo no sabemos, en ese momento, lo que está sucediendo. Un hombre no se dice a menudo: «¡Vaya! Estoy madurando.» Muchas veces es sólo cuando mira hacia atrás cuando se da cuenta de lo que ha ocurrido y lo reconoce como lo que la gente llama «madurar.» Esto puede verse incluso en las cosas sencillas. Un hombre que empieza a observar ansiosamente si se va a dormir o no es muy probable que permanezca despierto. Del mismo modo, aq...

La clase de criaturas que Él quiso que fuéramos

... la cuestión de la fe en este sentido surge después de que un hombre ha hecho lo posible por practicar las virtudes cristianas, y ha descubierto su fracaso, y ha visto que incluso si pudiera ponerlas en práctica sólo le estaría devolviendo a Dios lo que ya es de Dios. En otras palabras, descubre su insolvencia. Pues bien; una vez más, lo que a Dios le importa no son exactamente nuestras acciones. Lo que le importa es que seamos criaturas de una cierta calidad -la clase de criaturas que Él quiso que fuéramos-, criaturas relacionadas con Él de una cierta manera. No añado, «y relacionadas entre ellas de una cierta manera», porque eso ya está incluido: si estáis a bien con Él inevitablemente estaréis a bien con todas las demás criaturas, del mismo modo que si todos los rayos de una rueda encajan correctamente en el centro y en el aro estarán inevitablemente en la posición correcta unos con respecto de otros. Lewis, C.S., Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 157.

Siento un deseo que nada de este mundo puede satisfacer

La manera cristiana (de tratar con el hecho de que siento un deseo que nada de este mundo puede satisfacer). - El cristiano dice: «Las criaturas no nacen con deseos a menos que exista la satisfacción de esos deseos. Un niño recién nacido siente hambre: bien, existe algo llamado comida. Un patito quiere nadar: bien, existe algo llamado agua. Los hombre siente deseo sexual: bien, existe algo llamado sexo. Si encuentro en mí mismo un deseo que nada de este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui hecho para otro mundo. Si ninguno de mis placeres terrenales lo satisface, eso no demuestra que el universo es un fraude. Probablemente los placeres terrenales nunca estuvieron destinados a satisfacerlos, sino sólo a excitarlos, a sugerir lo auténtico. Si esto es así, debo cuidarme, por un lado, de no despreciar nunca, o desagradecer, estas bendiciones terrenales, y por otro, no confundirlos con aquello otro de lo cual estos son una especie de copia, o eco, o espejismo. Debo...

Si miramos dentro de nuestros corazones reconoceremos que deseamos la vida eterna

La mayoría de nosotros encuentra muy difícil desear el cielo, salvo si esto significa volver a encontrarnos con nuestros amigos que han muerto. Una de las razones de esta dificultad es que no hemos sido entrenados: toda nuestra educación tiende a fijar nuestras mentes en este mundo. Otra de las razones es que cuando el verdadero deseo del cielo está presente en nosotros no lo reconocemos. La mayoría de las personas, si realmente hubieran aprendido a mirar dentro de sus corazones, sabrían que sí desean, y desean intensamente, algo que no puede obtenerse en este mundo. Hay toda clase de cosas en este mundo que ofrecen darnos precisamente eso, pero no acaban de cumplir su promesa. Lewis, C.S.,  Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 147.

Los cristianos que más hicieron por este mundo fuero aquellos que pensaron más en la vida eterna

La esperanza es una de las virtudes teologales. Esto significa que una continua expectativa de la vida eterna no es (como piensan algunas personas modernas) una forma de escapismo o de deseo proyectado, sino una de las cosas que un cristiano tiene que hacer. No significa que debemos dejar este mundo tal como está. Si leemos la historia veremos que los cristianos que más hicieron por este mundo fuero aquellos que pensaron más en el otro. Los apóstoles mismos, que iniciaron a pie la conversión del Imperio Romano, los grandes hombres que construyeron la Edad Media, los Evangélicos ingleses que abolieron el mercado de esclavos, todos ellos dejaron su marca sobre la tierra, precisamente porque sus mentes estaban ocupadas en el cielo. Lewis, C.S.,  Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 146.

Comportaos como si amarais a Dios

Algunos escritores utilizan la palabra caridad para describir no sólo el amor cristiano entre seres humanos, sino también el amor de Dios para con los hombres y de los hombres para con Dios. Acerca de la segunda clase de amor la gente a menudo se preocupa. Se les dice que deben amar a Dios. Y no pueden hallar ese sentimiento en sí mismos. ¿Qué deben hacer? La respuesta es la misma que antes. Comportaos como si lo amarais. No intentéis fabricar sentimientos. Preguntaos: «Si yo estuviera seguro de amar a Dios, ¿qué haría?». Cuando hayáis encontrado la respuesta, id y hacedlo. Lewis, C.S.,  Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 145.

Comportaos como si amarais a vuestro prójimo

La regla para todos nosotros es perfectamente simple. No perdáis el tiempo preguntándoos si «amáis» a vuestro prójimo: comportaos como si fuera así. En cuanto hacemos esto, descubrimos uno de los grandes secretos. Cuando nos comportamos como si amásemos a alguien, al cabo del tiempo llegaremos a amarlo. Lewis, C.S.,  Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 143.

El amor cristiano (la caridad) es un estado de la voluntad en el que deseamos y nos hacemos el bien a nosotros mismos y a los demás (al prójimo)

Caridad significa «amor en el sentido cristiano». Pero el amor, en el sentido cristiano, no significa una emoción. Es un estado, no de los sentimientos, sino de la voluntad; el estado de la voluntad que naturalmente tenemos acerca de nosotros mismos, y que debemos aprender a tener acerca de los demás. Ya señalé en el capítulo sobre el perdón que nuestro amor por nosotros mismos no significa que nos gustemos a nosotros mismos. Significa que deseamos nuestro propio bien. Del mismo modo, el amor cristiano (o la caridad) por nuestro prójimo es algo muy diferente de la simpatía o el afecto. Lewis, C.S.,  Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 142.

El amor cristiano, ya sea hacia Dios o hacia el hombre, es un asunto de la voluntad

En general, pensar en el amor de Dios por nosotros, es algo mucho más seguro que pensar en nuestro amor por Él. Nadie puede experimentar sentimientos devotos en todo momento, e incluso si pudiéramos, los sentimientos no son lo que a Dios le importa más. El amor cristiano, ya sea hacia Dios o hacia el hombre, es un asunto de la voluntad. Si intentamos hacer Su voluntad estamos obedeciendo el mandamiento «Amarás al Señor tu Dios». Dios nos dará sentimientos de amor si le place. No podemos crearlos por nosotros mismos, y no debemos exigirlos como un derecho. Pero lo más importante que debemos recordar es que, aunque nuestros sentimientos vienen y van, el amor de Dios por nosotros no lo hace. No se fatiga por nuestros pecados o nuestra indiferencia, y, por lo tanto, es incansable en su determinación de que seremos curados de estos pecados, no importa lo que nos cueste, no importa lo que le cueste a El. Lewis, C.S.,  Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 145.

Podremos avanzar hacia victorias con las que nunca soñamos

La más pequeña buena acción de hoy es la conquista de un punto estratégico desde el cual, unos meses más tarde, podremos avanzar hacia victorias con las que nunca soñamos. Ceder hoy a nuestra ira o nuestra lujuria, por trivial que sea esa concesión, es la pérdida de un camino, una vía férrea o un puente desde los que el enemigo puede lanzar un ataque de otro modo imposible. Lewis, C.S.,  Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 145.