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Mostrando las entradas con la etiqueta Catecismo

Contemplándole en la fe, los fieles de Cristo pueden esperar que Él realice en ellos sus promesas

 «Te ruego que pienses [...] que Jesucristo, Nuestro Señor, es tu verdadera Cabeza, y que tú eres uno de sus miembros [...]. Él es con relación a ti lo que la cabeza es con relación a sus miembros; todo lo que es suyo es tuyo, su espíritu, su corazón, su cuerpo, su alma y todas sus facultades, y debes usar de ellos como de cosas que son tuyas, para servir, alabar, amar y glorificar a Dios. Tú eres de Él como los miembros lo son de su cabeza. Así desea Él ardientemente usar de todo lo que hay en ti, para el servicio y la gloria de su Padre, como de cosas que son de Él» (San Juan Eudes, Le Coeur admirable de la Très Sacrée Mère de Dieu, 1, 5: Oeuvres completes, v.6). «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21). 1698. La referencia primera y última de esta catequesis será siempre Jesucristo que es "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). Contemplándole en la fe, los fieles de Cristo pueden esperar que Él realice en ellos sus promesas, y que amándolo con el amor con que Él nos ha a...

Las obras de misericordia

2447 Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales socorremos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58, 6-7; Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf Mt 25,31-46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf Tb 4, 5-11; Si 17, 22) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf Mt 6, 2-4): El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo (Lc 3, 11). Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros (Lc 11, 41). Si un hermano o una hermana...

Examen de Conciencia - Jesuitas

CAPITULO VI. EXAMEN PRACTICO DE CONCIENCIA PARA LA REFORMA (33) EJERCICIO IMPORTANTE San Ignacio quiere que pidamos a Dios tres cosas: Interno conocimiento de mis pecados y aborrecimiento de ellos. Sentimiento del desorden de mis operaciones, para que las aborrezca y me enmiende y me ordene. Conocimiento del mundo para que lo aborrezca y aparte de mi las cosas mundanas. Para todo esto servirá mucho el examen bien nuestra vida, no precisamente como quien hace examen para la confesión, sino para ver, además de nuestros pecados, el desorden que hay en todas nuestras acciones. (33) Tirso Arellano, S.J., op. cir. MODO DE HACER ESTE EXAMEN Tienes que hacer desfilar delante de ti todo lo que compone la trama de tu vida: tu oficio o profesión con las ocupaciones que llevan consigo, tus obligaciones particulares, las personas con quienes tratas: amigos, sirvientes, supervisados, superiores... los sitios que frecuentas, en que empleas el domingo, cuales son tus diversiones, tus peligros... No te...

El Espíritu Santo nos educa para orar en la esperanza

El Espíritu Santo nos enseña a celebrar la liturgia esperando el retorno de Cristo, nos educa para orar en la esperanza. Inversamente, la oración de la Iglesia y la oración personal alimentan en nosotros la esperanza. Los salmos muy particularmente, con su lenguaje concreto y variado, nos enseñan a fijar nuestra esperanza en Dios: "En el Señor puse toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor" (Sal 40, 2). "El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo" (Rm 15, 13). Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993, No. 2657.

La vida moral, madurada en la gracia, culmina en vida eterna

 La vida moral, madurada en la gracia, culmina en vida eterna, en la gloria del cielo. Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993, número 1709.

¿Cómo es, Señor, que yo te busco?

 ¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti.   San Agustín citado en el número 1718 del Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993.

El modelo perfecto de oración

En el Nuevo Testamento el modelo perfecto de oración se encuentra en la oración filial de Jesús. Hecha con frecuencia en la soledad, en lo secreto, la oración de Jesús entraña una adhesión amorosa a la voluntad del Padre hasta la cruz y una absoluta confianza en ser escuchada. Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993, número 2620.

La oración establece al hombre en la semejanza con Dios

 La oración establece al hombre en la semejanza con Dios y le hace participar en la potencia del amor de Dios que salva a la multitud. Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993, número 2572.

La oración es la elevación del alma hacia Dios

 La oración es la elevación del alma hacia Dios. San Juan Damasceno, de fide ortodoxa. Texto Citado en el número 2590 del Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993.

Entonces estamos en la disposición de hijos

 "O nos apartamos del mal por temor del castigo y estamos en la disposición del esclavo, o buscamos el incentivo de la recompensa y nos parecemos a mercenarios, o finalmente obedecemos por el bien mismo del que manda... y entonces estamos en la disposición de hijos." San Basilio, regulae fusius tractatae. Texto Citado en el número 1828 del Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993.

Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora

 "Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares (más luches), más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener fin." Santa Teresa de Jesús, Exclamaciones del alma a Dios. Texto Citado en el número 1821 del Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993.

Él puede ayudarme

Si ya no hay nadie que pueda ayudarme -cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar-, Él puede ayudarme. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2657.

La oración es como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia

Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993, número 2573 . Dios renueva su promesa a Jacob, cabeza de las doce tribus de Israel (cf Gn 28, 10-22). Antes de enfrentarse con su hermano Esaú, lucha una noche entera con "alguien" misterioso que rehúsa revelar su nombre pero que le bendice antes de dejarle, al alba. La tradición espiritual de la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia (cf Gn 32, 25-31; Lc 18, 1-8). Gn 32, 25-31 25 Entonces se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. 26 Al ver que no podía dominar a Jacob, lo golpeó en la articulación del fémur, y el fémur de Jacob se dislocó mientras luchaban. 27 Luego dijo: “Déjame partir, porque ya está amaneciendo”. Pero Jacob replicó: “No te soltaré si antes no me bendices”. 28 El otro le preguntó: “¿Cómo te llamas?”, “Jacob”, respondió. 29 Él añadió: “En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porqu...

B-El sendero (Biblia) de la vida recta

Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993, No. 1454. Ef 4-6 Progresemos hacia el hombre perfecto 4 1 Yo, «el prisionero de Cristo», les exhorto, pues, a que se muestren dignos de la vocación que han recibido. 2 Sean humildes y amables, sean comprensivos y sopórtense unos a otros con amor. 3 Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu: 4 un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. 5 Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, 6 un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo, lo penetra todo y está en todo. 7 Cada uno de nosotros ha recibido su talento y Cristo es quien fijó la medida de sus dones para cada uno. 8 Pues se dijo: Subió a las alturas, llevó cautivos, y dio sus dones a los hombres. 9 Esto de subió, ¿qué significa sino que bajó al mundo inferior? 10 El mismo que bajó, subió después por encima de todos los cielos para llenarlo todo...

B-Tres parábolas sobre la oración

Adaptado del número 2613 del Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993. S. Lucas nos ha trasmitido tres parábolas principales sobre la oración: Oración insistente La primera, "el amigo importuno" (cf Lc 11, 5-13), invita a una oración insistente: "Llamad y se os abrirá". Al que ora así, el Padre del cielo "le dará todo lo que necesite", y sobre todo el Espíritu Santo que contiene todos los dones. La parábola del amigo insistente (Lc 11, 5-13) 5 Jesús agregó: «Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, 6 porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, 7 y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”. 8 Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y...

Dios hace posible por su gracia lo que manda

  2063 La alianza y el diálogo entre Dios y el hombre están también confirmados por el hecho de que todas las obligaciones se enuncian en primera persona (“Yo soy el Señor...”) y están dirigidas a otro sujeto (“tú”). En todos los mandamientos de Dios hay un pronombre personal en singular que designa el destinatario. Al mismo tiempo que a todo el pueblo, Dios da a conocer su voluntad a cada uno en particular:   «El Señor prescribió el amor a Dios y enseñó la justicia para con el prójimo a fin de que el hombre no fuese ni injusto, ni indigno de Dios. Así, por el Decálogo, Dios preparaba al hombre para ser su amigo y tener un solo corazón con su prójimo [...]. Las palabras del Decálogo persisten también entre nosotros (cristianos). Lejos de ser abolidas, han recibido amplificación y desarrollo por el hecho de la venida del Señor en la carne» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4, 16, 3-4).     2067 Los diez mandamientos enuncian las exigencias del amor de ...