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Mostrando las entradas con la etiqueta Huston Smith

El resquicio más claro por el cual penetran en la vida humana las inagotables energías del cosmos

  ¡Un agudo filo de navaja, duro de atravesar, un difícil sendero es éste!, declaran los poetas. La ciencia hace sus principales contribuciones a necesidades nimias, solía decir gustoso el juez Holmes, añadiendo que la religión, por pequeños que sean sus éxitos, al menos se ocupa de las cosas que más importan. En consecuencia, cuando un espíritu solitario logra hacer en este plano las mayores conquistas, se convierte en algo más que un rey o una reina. Se convierte en un redentor del mundo. Su efecto dura milenios, bendiciendo el laberíntico curso de la historia durante siglos. «¿Quiénes son [...] los más grandes benefactores de la actual generación de la humanidad? -preguntaba Toynbee-. Yo diría que Confucio y Lao Tzu, Buda, los profetas de Israel y Judá, Zoroastro, Jesús, Mahoma y Sócrates.»3 Su respuesta no es de extrañar, ya que la religión auténtica constituye el resquicio más claro por el cual penetran en la vida humana las inagotables energías del cosmos. Por tanto, ¿qué pue...

¡Todo está vivo!

  Estamos a punto de iniciar un viaje al espacio y al tiempo, y a la eternidad. Los lugares serán, a menudo, distantes, los tiempos, remotos, los temas, más allá de todo espacio y tiempo. Tendremos que usar términos extranjeros, en sánscrito, en chino y en árabe. Intentaremos describir los estados de conciencia que las palabras sólo pueden esbozar. Utilizaremos la lógica para tratar de acallar las risas que pueda producir nuestro intento. Y, por último, fracasaremos. Dado que nuestra mentalidad es de naturaleza diferente, jamás entenderemos del todo las religiones que no sean las propias. Pero si tomamos en serio esas otras religiones, quizás no fracasemos del todo. Y para tomarlas en serio sólo debemos hacer dos cosas. En primer término, tenemos que considerar a sus seguidores como hombres y mujeres que afrontaron problemas muy similares a los nuestros. En segundo lugar, debemos apartar de nuestras mentes todos los conceptos previos que pudieran disminuir nuestra sensibilidad o di...

2. EL HINDUISMO

Si se me preguntara bajo qué cielo la mente humana [...) ha meditado con profundidad acerca de los problemas más grandes de la vida y ha encontrado, para algunos, soluciones que bien merecen la atención hasta de aquellos que han estudiado a Platón y a Kant, habría de señalar a la India. Y si me preguntase a mí mismo de qué literatura podemos nosotros, que nos hemos nutrido casi con exclusividad de los pensamientos de los griegos y los romanos y de una raza semita, la judía, extraer el correctivo más necesario para que nuestra vida sea más perfecta, más amplia, más universal, de hecho, una vida más verdaderamente humana [...] de nuevo habría de señalar a la India. Max MÜLLER Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p. 26.

El hinduismo - El éxito terrenal

Cuando llega este momento, los intereses del individuo suelen dirigirse hacia el segundo de los objetivos principales de la vida, el éxito terrenal con sus tres componentes: la riqueza, la fama y el poder. Éste también es un objetivo valioso que no debe ser ni despreciado ni condenado. Además, l as satisfacciones que brinda son más duraderas, porque a diferencia del placer, el éxito es un logro social y, como tal, implica las vidas de otras personas. Por esta razón tiene una proyección y una importancia de las que carece el placer. Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p. 29.

El hinduismo - El placer es demasiado trivial

  Esto es lo que dice la India, mientras espera. Espera el momento -que le llegará a todos, aunque no a todos en la vida presente, en que uno se de cuenta de que el placer no es todo lo que uno desea. La razón por la cual todos llegan a descubrir esto no se debe a que el placer sea malo, sino a que es demasiado trivial como para satisfacer toda la naturaleza del ser. El placer es esencialmente privado, y el ser es un objeto demasiado pequeño para producir un entusiasmo perpetuo. Soren Kierkegaard probó durante un tiempo lo que llamó la vida estética, con el placer como principio, pero sólo consiguió experimentar su fracaso total, que describió en La enfermedad mortal. En su Diario dice al respecto: «En el inagotable océano del placer he tratado en vano de encontrar un lugar donde echar anclas. He sentido el poder casi irresistible con que un placer conduce a otro, la clase de entusiasmo adulterado que es capaz de producir, el aburrimiento, el tormento que le suceden». Hasta de algu...

La riqueza, el éxito

1. La riqueza, la fama y el poder son exclusivos, por tanto, competitivos y, en consecuencia, precarios. A diferencia de los valores mentales y espirituales, no se multiplican cuando se los comparte; no pueden ser distribuidos sin que merme la porción propia. Si yo poseo un dólar, ese dólar no es de otro; mientras yo estoy sentado en una silla, nadie más puede ocuparla. Lo mismo sucede con la fama y el poder. La idea de una nación donde todos sean famosos es, en sí, una contradicción, y si el poder se repartiese de forma equitativa, nadie sería poderoso en el sentido en que solemos utilizar la palabra. Entre la competitividad de estos bienes y su precariedad hay sólo un paso. Dado que otras personas también aspiran al éxito, ¿quién sabe cuándo cambiará de manos? 2. El deseo de éxito es insaciable. Pero cabe hacer aquí una salvedad, porque en realidad la gente logra tener suficiente dinero, fama y poder. Es cuando convierte estos bienes en su máxima aspiración cuando sus anhelos no pued...

El nacimiento de la religión

  Y les llega el momento en que les asalta la sospecha de que están atrapados en una rueda de molino, y que deben correr cada vez con mayor rapidez para obtener beneficios que les importan cada vez menos. Cuando sobreviene la sospecha y se encuentran gritando «; Vanidad, vanidad, todo es vanidad!», quizás se les ocurra pensar que el problema reside en la pequeñez del ser a cuyo servicio han estado luchando. ¿Y si el centro de interés fuese otro? ¿No podría ocurrir que al convertirse en parte de un todo más grande, más significativo, la vida perdiera su trivialidad? Esa pregunta anuncia el nacimiento de la religión porque, aunque en un sentido moderado puede haber una religión de culto a sí mismo, la verdadera religión comienza con la búsqueda de un significado y un valor que superen el egocentrismo. Esta religión renuncia a los reclamos del ser respecto de la finalidad. Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p. 32.

¿Para qué sirve esta renuncia?

Pero, ¿para qué sirve este renunciamiento? La pregunta nos conduce a dos señales del Camino del Renunciamiento. La primera dice «la comunidad», como candidata obvia a algo más grande que nosotros mismos. Al sustentar nuestra vida y la de otros, la comunidad tiene una importancia de la que carece cualquier vida privada. Por tanto, desviemos nuestra lealtad hacia ella, concediéndole prioridad a sus reclamos, antes que a los nuestros. En religión, este desvío constituye el primer gran paso. Produce la religión del deber, el tercer gran objetivo de la vida desde la óptica hinduista, después del placer y el éxito. Su poder sobre las personas maduras es tremendo. Miles de ellas han transformado la voluntad de obtener en la de dar, la voluntad de ganar en la de servir. Su objetivo principal se ha convertido no en triunfar, sino en obrar de la mejor manera posible, en conducirse con responsabilidad, cualquiera que sea la tarea de que se trate. Abundan en el hinduismo las directivas para aquell...

Todo lo que parece ser bueno en este mundo es finito

  Es difícil encontrar una frase que identifique con mayor precisión la actitud hinduista hacia el mundo. Las cosas que el mundo ofrece no son malas; en general son buenas. Algunas son lo suficientemente buenas como para mantener nuestro entusiasmo durante muchas vidas. Sin embargo, todos los seres humanos acaban dándose cuenta de que, como dijo Simone Weil, «no hay nada verdaderamente bueno aquí abajo, todo lo que parece ser bueno en este mundo es finito, limitado, se agota y, una vez agotado, deja la necesidad expuesta en toda su desnudez».? Cuando se llega a esta situación, uno se encuentra cuestionando incluso lo mejor que el mundo puede ofrecer: «¿es esto todo?». Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p. 33.

Liberación de la finitud

  En primer lugar, queremos ser. Todos queremos ser antes que no ser; por regla general, nadie quiere morir. Un corresponsal de la II guerra mundial describió una vez la atmósfera de una habitación donde había treinta y cinco hombres asignados a una misión de bombardeo de la cual, como media, sólo una cuarta parte regresaba. Según el corresponsal, lo que sentía en esos hombres no era tanto miedo como «un disgusto profundo por renunciar al futuro». Este sentimiento es válido para todos nosotros, dirían los hinduistas. Ninguno de nosotros se entrega alegremente a la idea de un futuro en el que no participaremos. En segundo lugar, queremos saber. Ya sean científicos investigando los secretos de la naturaleza, una familia típica viendo las noticias de la noche en la televisión o vecinos poniéndose al día con el cotilleo local, los seres humanos somos insaciablemente curiosos. Algunos experimentos han demostrado que hasta los monos trabajarán más y con más ahínco para descubrir lo que h...

Todos vivimos a la orilla del infinito

  Todos vivimos a la orilla del océano infinito del poder creativo de la vida. Lo llevamos dentro de nosotros: la fuerza suprema, la plenitud de la sabiduría, la dicha inextinguible. Nunca se frustra y no puede destruirse. Pero está profundamente escondido, que es lo que hace que la vida sea problemática. El infinito se halla sumergido en la más oscura y recóndita sima de nuestro ser, en el fondo del aljibe olvidado, en la profunda cisterna. ¿Qué pasaría si pudiéramos sacarlo a la luz y sustentarnos de él sin cesar? Esta pregunta se convirtió en la obsesión de la India. Sus gentes buscaron la verdad religiosa no simplemente para aumentar su acervo de información general, sino como una tabla que las guiara a estadios superiores del ser. Las personas religiosas eran las que buscaban transformar sus naturalezas, volver a moldearlas con un patrón sobrehumano a través del cual el infinito pudiese brillar con menos obstáculos. Uno siente la urgencia de la búsqueda en una metáfora que los...

Los tipos básicos de personalidad espiritual

  Según el hinduismo, los tipos básicos de personalidad espiritual son cuatro. (Carl Jung construyó su tipología sobre el modelo indio, aunque modificándolo en ciertos aspectos.) Algunas personas son reflexivas de por sí, otras son básicamente emocionales, otras, esencialmente activas, y, por último, otras se sienten inclinadas hacia la experimentación. Para cada una de estas personalidades el hinduismo prescribe ejercicios de yoga diferentes, diseñados para potenciar las facultades particulares de cada una. Los tipos no están estrictamente encasillados, puesto que todo ser humano posee en alguna medida los cuatro talentos, al igual que una baraja contiene los cuatro palos, pero tiene sentido que predomine el palo más fuerte. Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p.

Para que aflore en el ser su divinidad éste debe librarse de sus más grandes impurezas

  Los cuatro caminos se inician con preámbulos morales. Como el objetivo de los ejercicios de yoga es que aflore en el ser su divinidad subyacente, éste debe librarse primero de sus más grandes impurezas. La religión siempre es más que la moralidad, pero si no tiene una base moral no se sostendrá en pie. Los actos egoístas coagulan el ser finito en lugar de disolverlo; la mala voluntad es un obstáculo para el fluir de la conciencia. En consecuencia, el primer paso de todos los ejercicios de yoga implica cultivar hábitos como los de no herir, decir la verdad, no robar, controlarse a sí mismo, mantenerse limpio, sentirse contento, tener disciplina y un deseo vehemente de alcanzar el objetivo. Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p. 42.

Los actos egoístas coagulan el ser finito en lugar de disolverlo

Los cuatro caminos se inician con preámbulos morales. Como el objetivo de los ejercicios de yoga es que aflore en el ser su divinidad subyacente, éste debe librarse primero de sus más grandes impurezas. La religión siempre es más que la moralidad, pero si no tiene una base moral no se sostendrá en pie. Los actos egoístas coagulan el ser finito en lugar de disolverlo; la mala voluntad es un obstáculo para el fluir de la conciencia. En consecuencia, el primer paso de todos los ejercicios de yoga implica cultivar hábitos como los de no herir, decir la verdad, no robar, controlarse a sí mismo, mantenerse limpio, sentirse contento, tener disciplina y un deseo vehemente de alcanzar el objetivo. Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p. 42.

«Tú, ante quien todas las palabras retroceden»

El primer principio del arreglo floral japonés, el ikebana, es aprender qué debe omitirse. Los hinduistas insisten en que éste también es el primer principio que debe aprenderse al hablar de Dios. El ser humano trata siempre de asir la realidad con palabras y al final se encuentra con que el misterio rechaza su discurso y con que sus sílabas son tragadas por el silencio. El problema no reside en que nuestras mentes no sean suficientemente inteligentes; el problema es más profundo. Las mentes, tomadas en su sentido ordinario y superficial, no son el instrumento adecuado para el intento. Por consiguiente, el efecto es como tratar de sacar agua del mar con una red o enlazar el viento con una cuerda. La impresionante oración de Shankara, el Tomás de Aquino del hinduismo, comienza con la invocación: «Oh Tú, ante quien todas las palabras retroceden». Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p. 74.

El nombre que los hinduistas dan a esa realidad suprema es brahman

  Podemos comenzar simplemente con un nombre al cual dirigir nuestros pensamientos. El nombre que los hinduistas dan a esa realidad suprema es brahman, cuya etiología es dual porque se deriva de br, respirar, y de brih, ser grande. Los atributos principales vinculados al nombre son sat, chit y ananda; Dios es ser, conciencia y dicha. Realidad absoluta, conciencia absoluta y dicha absoluta –más allá de toda posibilidad de frustración–; ésta es la visión hinduista básica de Dios. No obstante, ni siquiera estas palabras pueden pretender describir a Dios de forma literal, puesto que los significados que tienen para nosotros son radicalmente distintos de los sentidos con los que se aplican a Dios. A duras penas tenemos una sospecha de lo que puede ser el puro ser, el ser infinito sin excluir absolutamente nada. Lo mismo sucede con la conciencia y la dicha. Según lo formulara Spinoza, la naturaleza de Dios se parece a nuestras palabras tanto como se parece una estrella del Can Mayor a un...

¿Qué clase de mundo tenemos?

  En suma, a la pregunta de «qué clase de mundo tenemos?», el hinduismo responde: 1. Un mundo múltiple que incluye incontable galaxias horizontales, incontables gradas verticales e incontables ciclos temporales. 2. Un mundo moral en el cual la ley del karma no se suspende jamás. 3. Un mundo intermedio que nunca reemplazará al paraíso como destino espiritual. 4. Un mundo que es maya, engañosamente astuto al presentar como permanentes su multiplicidad, su materialidad y sus dualidades, cuando en realidad son provisionales. 5. Un campo de adiestramiento en el cual los seres humanos pueden desarrollar sus más altas capacidades. 6. Un mundo que es lila, el juego del Divino en su danza cósmica: incansable, inagotable, irresistible, pero, en última instancia, beneficioso, con una gracia nacida de la vitalidad infinita. Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p. 86.

Los diversos caminos hacia la misma cumbre

El que el hinduismo haya compartido durante siglos su territorio con los jainistas, budistas, parsis, sijs y cristianos puede ayudar a explicar la idea final que surge con más claridad a través de él que a través de las otras grandes religiones, a saber, su convicción de que las diversas religiones principales son caminos alternativos hacia una misma meta. Proclamar la salvación como monopolio de una sola religión es como proclamar que Dios se puede encontrar en esta habitación pero no en la contigua, vistiende este atuendo, pero no aquél. Por lo general, los seres humanos siguen el camino que parte de los llanos de su propia civilización. Quienes circundan la montaña, tratando de atraer a otros hacia su camino, no la escalan. En la práctica, las sectas de la India han sido, con frecuencia, fanáticamente intolerantes pero, en principio, la mayoría han sido abiertas. Desde el comienzo, los Vedas anunciaban el concepto clásico del hinduismo de que las diferentes religiones no eran otra c...

Maya

  Maya proviene de la misma raíz que mágico. Cuando el hinduismo declara que el mundo es maya, dice que hay algo engañoso en él. La treta reside en la forma en que la materialidad y la multiplicidad pasan por ser independientemente reales -reales en cuanto que ajenas a la postura desde las que las vemos-, mientras que, de hecho, la realidad es el brahman indiferenciado en toda su extensión, así como una cuerda tirada sobre el polvo sigue siendo una cuerda aunque se la confunda con una serpiente. Maya también es seductora por el atractivo con que presenta al mundo, atrapándonos en él y quitándonos el deseo de continuar el viaje. Pero nuevamente debemos preguntarnos si el mundo, por ser sólo provisionalmente real, debe ser tomado en serio. ¿No decaerá la responsabilidad? El hinduismo cree que no. En un proyecto de sociedad ideal comparable a la República de Platón, el Tripura Rahasya presenta a un príncipe que logra esta visión del mundo y, en consecuencia, es liberado de «los nudos ...

Una de las escenas de la muerte de Buda

Tras un arduo ministerio de cuarenta y cinco años, a los ochenta años de edad, alrededor del 483 a. C., Buda murió de disentería tras comer una cecina de jabalí en casa de Cunda, el herrero. Aun en su lecho de muerte, su mente se dirigió hacia los otros. En medio del dolor se le ocurrió que acaso Cunda se sentiría responsable de su muerte, por lo cual su última voluntad fue informar a Cunda que, de todas las comidas que había tomado a lo largo de su vida, dos se destacaban por haberlo bendecido de manera excepcional. Una había sido la que le había infundido la fuerza para alcanzar el esclarecimiento bajo el árbol Bo y la otra, la que le abría las puertas del nirvana. Ésta es sólo una de las escenas de la muerte de Buda que ha conservado El libro del gran deceso. Todas juntas ofrecen la imagen de un hombre que se sumió en el estado en el que «las ideas y las cosas dejan de existir» sin ofrecer la más mínima resistencia. Dos frases de esta despedida han tenido eco durante los siglos: «To...