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Dios quiere hablarnos a cada uno de nosotros

Dios quiere hablar al corazón de su pueblo y también a cada uno de nosotros. «Te he creado a mi imagen y semejanza», nos dice. «Yo mismo soy el amor y tu eres mi imagen en la medida en que brilla en ti el esplendor del amor, en la medida en que me respondes con amor.» Dios nos espera. El quiere que le amemos: un llamamiento así, ¿no debería tocar nuestro corazón? Precisamente en esta hora en que celebramos la Eucaristía […] nos sale al encuentro, sale para encontrarse conmigo. ¿Encontrará una respuesta? ¿O sucederá con nosotros como con la viña, de la que Dios dice en Isaías: «Esperó a que diese uvas, pero dio agraces»? Nuestra vida cristiana, con frecuencia, ¿no es quizá más vinagre que vino?¿Autocompasión, conflicto, indiferencia? 2 de octubre de 2005 Orar, Benedicto XVI, Planeta, Bogotá, 2008, p. 31.

¿Dónde está el cielo?

[...] quisiera citar una palabra extraordinaria de San Agustín. Interpretando la invocación de la oración del Señor: «Padre nuestro que estás en los cielos», él se pregunta: ¿qué es esto del cielo? Y ¿dónde está el cielo? Sigue una respuesta sorprendente: Que estás en los cielos significa: en los santos y en los justos. «En verdad, Dios no se encierra en lugar alguno. Los cielos son ciertamente los cuerpos más excelentes del mundo, pero, no obstante, son cuerpos, y no pueden ellos existir sino en algún espacio; Más, si uno se imagina que el lugar de Dios está en los cielos, como en regiones superiores del mundo, podrá decirse que las aves son de mejor condición que nosotros, porque viven más próximas a Dios. Por otra parte, no está escrito que Dios está cerca de los hombres elevados, o sea de aquellos que habitan en los montes, sino que fue escrito en el Salmo: “El Señor está cerca de los que tienen el corazón atribulado” (Sal. 34[33], 19), y la tribulación propiamente pertenece a la h...

¿Cómo es Dios?

¿Qué significa, entonces, nombre de Dios? Tal vez podamos comprender de la manera más breve de qué se trata, partiendo de los opuesto. El Apocalipsis habla del adversario de Dios, de la bestia. La bestia, el poder adverso, no lleva un nombre, sino un número: «666 es su número», dice el vidente (13, 18). Es un número y convierte a la persona en un número. Los que hemos vivido el mundo de los campos de concentración sabemos a qué equivale eso: su horror se basa precisamente en que borra el rostro, en que cancela la historia, en que hace de los hombres números, piezas recambiables de una gran máquina. Uno es lo que es su función, nada más. Hoy hemos de temer que los campos de concentración fuesen solamente un preludio; que el mundo, bajo la ley universal de la máquina, asuma en su totalidad la estructura de campo de concentración. Pues si sólo existen funciones, entonces el hombre no es tampoco nada más. Las máquinas que él ha montado le imponen ahora su propia ley. Debe llegar a ser legi...

Jesús nos espera siempre, está siempre cerca de nosotros

 El hombre encuentra espacio en Dios; el ser humano ha sido introducido por Cristo en la vida misma de Dios. Y puesto que Dios abarca y sostiene todo el cosmos, la Ascensión del Señor significa que Cristo no se ha alejado de nosotros, sino que ahora, gracias a su estar con el Padre, esta cerca de cada uno de nosotros, para siempre. Cada uno de nosotros puede tratarlo de tú; cada uno puede llamarlo. El Señor está siempre atento a nuestra voz. Nosotros podemos alejarnos de él interiormente. Podemos vivir dándole la espalda. Pero él nos espera siempre, y está siempre cerca de nosotros. 7 de mayo de 2005 Orar, Benedicto XVI, Planeta, Bogotá, 2008, p. 183. p. 183 Orar

El espíritu lleva a Jesús al desierto

 El espíritu lleva a Jesús al desierto. El desierto es el lugar del silencio, de la soledad; es alejamiento de las ocupaciones cotidianas, del ruido y de la superficialidad. El desierto es el lugar de lo absoluto, el lugar de la libertad, que sitúa al hombre ante las cuestiones fundamentales de su vida. Por algo es el desierto el lugar donde surgió el monoteísmo. En este sentido, es el lugar de la gracia. Al vaciarse de sus preocupaciones, el hombre encuentra a su Creador. Benedicto XVI, El camino pascual, BAC, Madrid, 1990, p. 14. p. 185 Orar

El amor se recibe unicamente amando

 El amor se recibe unicamente amando. Benedicto XVI, El camino pascual, BAC, Madrid, 1990, p. 116. Orar, p. 244. El amor aumenta a medida que se va dando. Servidor de vuestra alegría,  Benedicto XVI, Herder, Barcelona, 1995, p. 54. Orar, p. 247.

Dios siempre es una novedad para el hombre

Dios siempre es una novedad para el hombre, y en análoga pero más intensa medida, el hombre es siempre una novedad para sí mismo. Ratzinger cita precisamente aquel texto magnífico de Tertuliano: “Dominus noster veritatem se, non consuetudinem cognominavit”  (Ch II, 1029). Dios nos ha hablado de una vez para siempre en Cristo, y esta palabra de Cristo es un hontanar inagotable de vida. Para que vayamos bebiendo en ella y saciemos nuestra sed a lo largo de los siglos en sus corrientes vivas, nos ha dejado el Espíritu Santo, el cual, recordándonos y actualizándonos aquella palabra única de Cristo, nos va llevando a la verdad completa, verdad que por tanto de alguna forma va naciendo en la historia en la medida en que los cristianos, mientras leemos los signos de los tiempos, descubrimos la plenitud del misterio de Cristo. He ahí por qué el creyente mira con esperanza y gozo al tiempo nuevo, porque él es instrumento de una inteligencia más plena de su Señor. Esperanza y gozo que van un...