14. Cristo con la Cruz a cuestas
Gracias del misterio de la Cruz a cuestas, descended a mi alma y hacedla verdaderamente ..D.detrás de Vos todos los días de nuestra vida.
Mira, Señor, a tus siervos que recordamos los dolores de Cristo y de María, y concédenos que, llevando la cruz de cada día, participemos de la resurrección de Cristo.
1. Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a si mismo. (Lc. 9, 23).
2. Tome su cruz cada día, y sígame. (Lc. 9, 23).
3. Y Él llevando su cruz salió en dirección del lugar llamado Calvario, en arameo, "Gólgota". (Jn. 19, 17).
4. Y, según lo llevaban, echaron mano de un tal Simón de Cirene, y le cargaron con la cruz para que la llevase detrás de Jesús. (Lc. 23, 26).
5. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí. (Mt. 11, 29).
6. Que yo soy manso y humilde de corazón. (Mt. 11, 29).
7. Y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera. (Mt. 11; 29, 30).
8. Le seguía una gran muchedumbre de pueblo y de mujeres que se golpeaban el pecho y hacían duelo por El. (Lc. 23, 28).
9. Jesús, volviéndose a ellas dijo: hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. (Lc. 23, 28).
10. Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco, ¿qué se hará?. (Lc. 23, 31).
“Todo lo que significa una carga en la vida alcanza aquí su máxima dureza: el trabajo, la penuria, el dolor, las personas que nos rodean, el propio ser, el decaimiento del ánimo, el vacío interior, lo insoportable de todas las cosas. En un sentido último todo esto es “carga”, no porque sea doloroso en vez de gozoso, sino porque el pecado ha echado sobre ello la maldición de la fatiga. El hombre trata de evadirla. No quiere asumirla ni permanecer sometido a ella. La pereza, la cobardía, la rebelión, todo esto se transforma aquí en el dolor para Cristo de haber de cargar con lo que excede sus fuerzas.
… Y podemos también esclarecer lo siguiente sobre nosotros mismos, a saber, que hay un lugar al que pertenecemos: el peso que llevamos, la fatiga que soportamos, la tarea en que hemos de perseverar; nuestra personalísima carga vital, en la que cobra cuerpo la carga de la existencia humana.”
Guardini, Romano, Orar con... El Rosario de Nuestra Señora, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2008, p. 124.
Siguiendo sus pasos hacia el Calvario, comprende (el hombre) el sentido del dolor salvador… Y ¿cómo contemplar a Cristo cargado con la cruz y crucificado, sin sentir la necesidad de hacerse sus «cireneos» en cada hermano aquejado por el dolor u oprimido por la desesperación? (RVM 25, 40)
A medida que el hombre toma su cruz, uniéndose espiritualmente a la cruz de Cristo, se revela ante él el sentido salvador del sufrimiento.
La cruz es el signo del acercamiento continuo de Dios a cada uno de los hombres, el testimonio misterioso con que Dios ha tomado sobre sí en Cristo todos los dolores de la humanidad.
Para los que tienen fe, la cruz ya no es un instrumento de temor y muerte, sino “trofeo de vida y paz”. Se nos llama a tomar la cruz cada día “para que Dios nos enseñe sus caminos y caminemos por sus sendas”, de acuerdo con la visión del profeta Miqueas (4, 2). La cruz nos recuerda nuestra necesidad de conversión, necesidad de apartarnos del pecado y creer en el Evangelio.
La cruz es el camino, el sendero de la vida de cada día. Es, en cierta manera, la compañera de nuestra vida! De cuántas maneras se nos presenta a cada uno de nosotros la experiencia de tomar “la cruz cada día!” Se la puede llamar de varios modos… Y, sin embargo, este nombre está lleno de contenido y de sentido. Cruz es una palabra salvadora, con la que el Hijo de Dios desvela a cada hombre la verdad total sobre sí mismo y su propia vocación.
Martínez Puche, José A., El .&ablo II, Edibesa, Madrid, 2003, p. 32.