6. La imitación de Cristo (Tomas De Kempis)

 6. La imitación de Cristo (Tomas De Kempis)

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Capítulo: XVI
SÓLO EN DIOS DEBE BUSCARSE LA VERDADERA SATISFACCIÓN
Discípulo:
1. Cualquier cosa que pueda desear o pensar para mi satisfacción,
no la espero ahora sino para más adelante.
Porque aunque yo solo tuviera todas las satisfacciones del mundo
y pudiera disfrutar de todos los placeres
ciertamente que no tendrían mucha duración.
Por eso no puedo satisfacerme plenamente
ni regocijarme perfectamente
si no es en Dios, consolador de los pobres
y aceptador de los humildes.
Esperaré un poco; esperaré las promesas divinas
y tendré abundancia de todos los bienes en el Cielo.
Si deseo desordenadamente estas cosas presentes
perderé las eternas y bienaventuradas.
Usaré las cosas transitorias por necesidad
pero desearé las eternas.
No puedo saciarme con ningún bien limitado
porque no fui creado solamente para gozarlo.
2. Aunque poseyera todas las cosas
no sería feliz y dichoso
ya que consiste toda mi perfección y felicidad
en Dios que creó absolutamente todas las cosas
no tal como consideran y alaban todos los tontos
amadores del mundo
sino como esperan los buenos seguidores de Cristo y algunas veces saborean por adelantado los espirituales y misericordiosos,
cuyo trato es con el Cielo.
Es inconsistente y breve toda satisfacción humana.
Santa y verdadera satisfacción
la que hace percibir internamente la Verdad.
La persona devota lleva consigo a todas partes
a Jesús, su alegría, y le dice:
Quédate conmigo, Señor Jesús, en todo tiempo y lugar.
Mi satisfacción será carecer de toda satisfacción humana.
Y si falta tu consuelo
que sea mi mayor satisfacción tu voluntad y justa prueba.
Porque no estarás airado completamente
ni enojado para siempre (Sal 103, 9).
Capítulo: XVII
TODA INQUIETUD DEBE ESTABLECERSE EN DIOS
Jesucristo:
1. Hijo, déjame hacer contigo lo que quiero,
lo que sé y te conviene.
Tú piensas como ser humano
y sientes muchas cosas como te hace ver la emoción humana.
Discípulo:
Señor, es verdad lo que dices.
Es mayor tu preocupación por mí
que todo el cuidado que puedo tener por mí mismo.
Está expuesto a cualquier eventualidad
quien no pone toda su atención en Ti.
Señor, para que mi voluntad
permanezca en ti recta y firmemente
haz de mí lo que te agrade.
Solamente puede ser beneficiosa para mí
cualquier cosa que hagas conmigo.
Si quieres que esté a oscuras, te bendeciré
y si quieres que esté iluminado, te bendeciré también.
Si te dignas alegrarme te bendeciré
y si quieres que esté abatido, igual te bendeciré siempre.
Jesucristo:
2. Hijo, así conviene que te comportes
si deseas caminar Conmigo.
Igualmente debes estar dispuesto al sufrimiento y gozo.
Igualmente debes aceptar de buena gana
ser pobre y necesitado como rico y satisfecho.
Discípulo:
Señor, con gusto sufriré por ti
lo que quieres que me sobrevenga.
Quiero recibir de tu mano con indiferencia
lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre y lo triste.
Defiéndeme de todo pecado
y no temeré la muerte ni el infierno.
Con tal que no me apartes de Ti para siempre
ni me borres del libro de la vida
no me dañará cualquier tribulación que venga sobre mí.
Capítulo: XVIII
DEBEMOS SOPORTAR LAS ADVERSIDADES CON ECUANIMIDAD COMO CRISTO
Jesucristo:
1. Hijo, yo bajé del Cielo por tu salvación:
acepté tus infortunios impulsado por la caridad,
no por necesidad
para que aprendieses a ser paciente y soportases
sin indignarte
las adversidades de la vida.
Desde el momento de mi nacimiento hasta mi muerte en una cruz,
no me faltaron dolores que sufrir.
Tuve gran carencia de bienes materiales,
frecuentemente escuché quejas contra Mí,
soporté con benevolencia despropósitos y ofensas,
recibí ingratitud a cambio de beneficios,
blasfemias por los milagros y reprensiones por enseñar.
Discípulo:
2. Señor: ya que fuiste paciente en tu vida
principalmente cumpliendo los mandatos de tu Padre
es justo que, perverso pecador,
sufra con paciencia según tu voluntad,
y mientras Tú lo quieras
lleve por mi salvación el peso de esta vida breve.
Porque, aunque la vida presente se siente pesada,
sin embargo se ha convertido en muy meritoria por tu gracia
y más tolerable y transparente gracias a tu ejemplo y el de tus santos
y hasta de mucho más consuelo que la Ley Antigua cuando estaba cerrada la puerta del Cielo
y parecía más oscuro el camino a la salvación,
cuando tan pocos se preocupan de buscar el Reino de Dios
y ni siquiera podían entrar a él los que eran buenos y se iban a salvar
hasta que llegó tu Pasión y el pago de tu sagrada Muerte.
3. ¡Cómo debo agradecerte
que me hayas mostrado a mí y a todos tus fieles el camino bueno y recto al Reino Eterno!
Porque tu vida es nuestra vía
y por la paciencia santa caminamos hacia Ti,
que eres nuestra corona.
Si Tú no nos precedieras y enseñaras
¿quién tendría cuidado de seguirte?
¿Cuántos quedarían lejos y retrasados
si no mirasen tus preciosos ejemplo [sic]?
Si todavía somos negligentes,
pese a que hemos conocido tus manifestaciones
y tu doctrina
¿qué sería si no tuviéramos tanta luz para seguirte?
Capítulo: XIX
TOLERAR LAS OFENSAS ES PRUEBA DE VERDADERA PACIENCIA
Jesucristo:
1. ¿Qué es lo que dices, hijo? Deja de quejarte considerando mi Pasión y la de los santos.
Todavía no has soportado hasta derramar sangre.
Es poco lo que tú padeces, en comparación con lo mucho que soportaron otros,
tan fuertemente tentados,
tan pesadamente mortificados,
tan frecuentemente puestos a prueba y presionados.
Te conviene, pues, recordar
las cosas muy graves de otros
para que con facilidad lleves tus pequeñeces.
Y si no te parecen pequeñeces
mira que la causa no sea tu impaciencia.
Pero sean cosas grandes o pequeñas
procura soportarlas pacientemente a todas por igual.
En la medida que mejor estés dispuesto a la paciencia,
actuarás sabiamente y más mérito tendrás;
te pesarán menos
tendiendo el ánimo y la costumbre preparados sin flojera para esto.
No digas: no tengo valor para soportar esto de esa persona, ni debo aguantar semejante cosa
porque me causó grave daño y dice de mí lo que nunca pensé,
pero de otra soportaré lo que me haga
según me parezca que se debe sufrir.
Es desatinada esta idea, que no considera la virtud de la paciencia ni por quién será premiada
sino que más bien mira a las personas y a las injurias que le hacen.
3. No es realmente paciente quien no desea padecer
sino cuando a él le parece y de quien le acomoda.
El verdadero paciente no se fija qué [sic] persona le molesta
sea su superior, igual o inferior
sea bueno y santo o perverso e indigno
sino que, indistintamente de qué persona reciba
algo adverso, de cualquier medida y todas las veces acepta todo con gusto de la mano de Dios
y estima que es una gran ganancia:
porque nada de cuanto se padece por Dios, así sea poco,
puede pasar sin mérito ante Dios.
4. Estáte, pues, dispuesto a la lucha
si quieres obtener la victoria.
Sin certamen
no puedes obtener la corona de la paciencia;
si no quieres padecer,
impides que te coronen.
Si quieres que te coronen
pelea valerosamente, soporta pacientemente.
Sin esfuerzo no se consigue el descanso
ni sin pelea se alcanza la victoria.
Discípulo:
5. Quiero, Señor, que se haga posible por tu gracia
lo que me parece imposible por la naturaleza.
Tú sabes lo poco que puedo resistir
y qué pronto caigo cuando surge una pequeña adversidad.
Deseo que por tu Nombre
cualquier práctica de paciencia me sea amable y elegible porque padecer y ser maltratado por causa tuya es muy saludable para mi alma.
Capítulo: XX
RECONOCIMIENTO DE LAS PROPIAS LIMITACIONES Y LAS DIFICULTADES DE LA VIDA
Discípulo:
1. Contra mí mismo confesaré mi injusticia,
te confesaré, Señor, mi debilidad.
Con frecuencia, una pequeña cosa me deprime y entristece.
Me propongo combatir valientemente
pero cuando viene una pequeña tentación
me lleno de gran angustia.
A veces, de la causa más despreciable
me viene una grave tentación
y cuando pienso que me encuentro un poco seguro,
sin darme cuenta, me encuentro a veces derrotado por un ligero viento.
2. Considera pues, Señor, mis limitaciones y fragilidades tan notorias
compadécete y levántame del lodo
para que no me hunda y quede abandonado totalmente.
Lo que frecuentemente me acobarda y avergüenza delante de Ti,
es verme tan deleznable y débil para resistir las pasiones.
Y aunque no me induzcan enteramente al consentimiento sin embargo me causan molestia,
es difícil dominarlas y muy penoso vivir diariamente en combate.
Reconozco yo mi debilidad en que las abominables imaginaciones,
más fácilmente vienen que se van.
3. Ojalá, fortísimo Dios de Israel, protector de los fieles, mires el esfuerzo y sufrimiento de tu servidor
y lo ayudes en todo lo que emprenda.
Robustéceme con la fuerza celestial
de modo que ni el hombre viejo ni la descontrolada naturaleza, todavía no bien sujeta al espíritu,
pueda dominarme
porque conviene pelear contra ella mientras vivamos.
¡Cómo es esta vida en la que no faltan dificultades y miserias,
llena de trampas y donde son tantos los enemigos!
Porque cuando se va una dificultad o tentación, otra viene;
e incluso antes que acabe el combate de la primera
vienen otras muchas inesperadas.
4. Y ¿cómo se puede amar una vida que tiene tantas amarguras, sujetas [sic] a tantas calamidades y miserias?
¿cómo podemos llamar vida
a la que genera tantas muertes y epidemias?
Y sin embargo, es amada
y muchos la quieren para deleitarse en ella.
Se acusa con frecuencia al mundo de ser falso y vacío
pero no se abandona fácilmente
porque los deseos sensuales nos dominan.
Algunas cosas llevan a amarlo
y otras a despreciarlo.
Llevan a amarlo el deseo sensual, la ambición
y la arrogancia de la vida
pero la angustia y desgracias que la siguen
hacen odiar y hastiarse del mundo.
5. Pero; ¡qué lástima! Los desenfrenos dominan
a quien está dedicado al mundo
y considera un deleite estar entre espinas
porque ni percibe ni saborea
la suavidad de Dios y la amenidad de las virtudes internas.
En cambio, quien desprecia perfectamente al mundo
y se interesa en vivir para Dios en santa vigilancia
no ignora que está prometida la divina dulzura
a los que se olvidan de sí mismos
y ve más claro lo gravemente que se equivoca el mundo y de cuantas maneras se engaña.
Capítulo: XXI
DEBEMOS AFIRMARNOS EN DIOS POR ENCIMA DE TODOS LOS BIENES
Discípulo:
1. Sobre todos y en todas las cosas
descansaré en Dios siempre,
porque es el perpetuo descanso de todos los santos.
Concédeme, dulcísimo y amadísimo Jesús,
descansar en Ti sobre todo lo creado,
sobre toda salud y hermosura,
sobre todo prestigio y honor,
sobre todo poder y autoridad,
sobre toda ciencia y perspicacia,
sobre todas las riquezas y artes,
sobre toda alegría y entusiasmo,
sobre toda fama y alabanza,
sobre todo gusto y consuelo,
sobre toda esperanza y promesa,
sobre todo merecimiento y deseo,
sobre todo ofrecimiento y regalo que puedes dar y esparcir,
sobre todo gozo y júbilo que el espíritu puede obtener y sentir,
y, en fin, sobre los ángeles y arcángeles y sobre todas las multitudes del Cielo,
sobre todo lo visible e invisible
y sobre todo lo que no es Tú mismo, Dios mío.
2. Porque Tú, Señor Dios mío, eres óptimo sobre todo
Tú solo altísimo, Tú solo poderosísimo
Tú solo suficientísimo y completísimo
Tú solo agradabilísimo y placentero
Tú solo hermosísimo y amadísimo
Tú solo nobilísimo y gloriosísimo sobre todo
en quien se encuentran reunidos, a la vez y perfectamente,
todos los bienes que existen, que existieron y que existirán;
por eso es poco e insuficiente cualquier cosa que
me das o de Ti mismo revelas o prometes
si no te veo ni te tengo plenamente.
Porque mi corazón no puede reposar de verdad,
ni contentarse totalmente,
si no descansa en Ti, más allá de todos los dones
y de toda realidad creada.
3. Queridísimo compañero Jesucristo, purísimo amante,
Señor de todas las cosas,
¿quién me hará tener alas de verdadera libertad,
para volar y reposar en Ti?
¿Cuándo se me concederá desasirme plenamente
y apreciarte como eres, Señor Dios mío?
¿Cuándo, del todo, me recogeré en Ti, y por tu amor,
no me sentiré a mí mismo, sino a Ti solo,
sobre todo sentido y manera, de modo desconocido por todos?
Ahora en cambio frecuentemente sufro
y llevo mi infelicidad con dolor.
Porque suceden muchos males en esta vida
que con frecuencia desconciertan, entristecen y ensombrecen,
con frecuencia me entorpecen y distraen,
me ganan y comprometen
para que no tengan libre acceso a Ti
y puede disfrutar de tu grato abrazo,
siempre listo para los espíritus piadosos.
4. Conmuévate Jesús, Esplendor de la eterna gloria,
Alivio espiritual del peregrino, mi aspiración
y la general desolación de la Tierra.
Junto a Ti está mi boca sin palabras
y mi silencio te habla.
¿Por qué tardas en venir, Señor mío?
Ven a mí, tu pobrecito, y alégrame.
Extiende tu mano y arranca de toda angustia a este miserable.
Ven, ven; porque sin Ti no hay día,
ni siquiera hora feliz porque Tú eres mi alegría y
sin Ti está vacía mi mesa.
Soy un miserable y como un encarcelado y encadenado
hasta que me animes con la luz de tu presencia,
me otorgues libertad y me muestres Tu [sic]
rostro amigable.
Busquen otros lo que quieran en vez de Ti
que a mí nada me agrada ni me agradará
sino Tú Dios mío, mi esperanza y eterna Salud.
No me callaré ni dejaré de pedir hasta que tu gracia retorne y me hables Tú internamente.
Jesucristo:
Aquí estoy; vengo a ti porque me llamaste.
Tus lágrimas y el deseo de tu alma, tu humildad y la contrición de tu corazón,
me inclinaron hacia ti y me trajeron a ti.
Discípulo:
Ahora digo: Señor, te llamé y deseé gozar contigo
estoy dispuesto a dejarlo todo por Ti.
Tú primero me despertaste para que yo te buscara.
Bendito seas, Señor,
que fuiste bondadoso con tu servidor
de acuerdo con la abundancia de tu misericordia.
¿Qué más tiene que decir tu servidor en tu presencia
sino humillarse mucho ante Ti
recordando siempre su propia iniquidad y bajeza?
No hay semejante a Ti
entre todas las maravillas del Cielo y de la Tierra.
Tus obras son excelentes
tus juicios verdaderos
y tu providencia gobierna el Universo.
Alabanza a Tí y gloria, Padre de la sabiduría,
alabanza y bendición de mis labios, de mi espíritu y de toda la Creación.
Capítulo: XXII
RECORDEMOS LOS MÚLTIPLES BENEFICIOS DE DIOS
Discípulo:
1. Abre, Señor, mi corazón a tu ley
y enséñame a caminar en tus preceptos.
Concédeme que entienda tu voluntad
y que con gran respeto y cuidadosa reflexión
recuerde tus beneficios comunes y especiales
para que pueda darte gracias de aquí en adelante.
De verdad comprendo y reconozco
que ni siquiera por lo menor
puedo ofrecerte las debidas alabanzas de agradecimiento.
Soy inferior a todos los bienes que me das
y cuando considero tu nobleza
se deprime mi espíritu por tu grandeza.
2. Todo lo que tenemos en el alma y en el cuerpo
y cuanto externa o internamente,
natural o sobrenaturalmente poseemos
son beneficios tuyos,
y te manifiestan como benefactor, piadoso y bueno de quien recibimos todos los bienes.
Y si alguien recibe mucho y otro poco,
sin embargo todos los bienes son tuyos
y sin Ti no se puede recibir ni lo menor.
Quien recibe más, no puede ufanarse de su mérito
ni sentirse por encima de los otros
o insultar a los inferiores
porque es mayor y mejor el que menos se atribuye y es el más humilde y devoto en agradecer.
Y el que más despreciable se considera, y más indigno se juzga
se hace más apto para recibir mayores bienes.
3. Quien recibe poco
no debe entristecerse ni indignarse
ni envidiar al más aventajado
sino debe ser más atento Contigo y alabar más tu bondad porque otorgas tus dones tan abundante, gratuita y gustosamente, sin guiarte por criterios humanos.
Todo procede de Ti
y por eso debes ser alabado en todos.
Tú sabes qué conviene otorgar a cada uno
y por qué éste tiene menos y ese más no nos toca discernir a nosotros sino a Ti,
que juzgas los méritos de cada uno.
4. De ahí, Señor Dios, que considero un gran beneficio
no tener demasiadas cosas de las que aparecen externamente y las personas celebran
así que quien considere su personal pobreza y limitación no sólo no recibirá pesadumbre, tristeza y abatimiento sino mayor satisfacción y gran alegría,
porque tú Señor elegiste como familiares e íntimos a los pobres, humildes y despreciados del mundo.
De esto son testigos tus mismos apóstoles
a quienes estableciste como príncipes sobre la Tierra (Sal 45,17).
Ellos se comportaron sin queja en el mundo
tan humillados y sencillos, sin la menor malicia y dolo hasta se alegraron de padecer ofensas en tu Nombre (Hch 5,41).
5. Por eso nada debe alegrar tanto
a quien te quiere y conoce tus beneficios
como tu voluntad para con él y la bondad de tus eternas disposiciones de las que tanto debe contentarse y consolarse
de manera que gustosamente desee ser el menor como otro quiere ser el mayor
y así esté tranquilo y satisfecho en el último lugar como si fuera el primero
y con agrado acepte ser despreciado y desechado
y no tener prestigio y fama
como si fuese el más respetado e importante del mundo.
Porque tu voluntad y el amor a tu honra
deben exceder todas las cosas
y más se debe consolar y satisfacer una persona con esto
que con todos los beneficios recibidos o que pueda recibir.
Capítulo: XXIII
CUATRO COSAS QUE PRODUCEN PAZ
Jesucristo:
1. Hijo, ahora te enseñaré el camino de la paz y de la verdadera libertad.
Discípulo:
Haz, Señor, lo que dices
porque escucharlo es muy agradable para mí.
Jesucristo:
Procura, hijo, hacer antes la voluntad ajena que la propia.
Elige siempre tener menos y no más.
Busca siempre el último lugar, y estar sometido a otros.
Escoge y siempre reza
para que la voluntad de Dios se cumpla íntegramente en Ti.
Así se ingresa en los términos de la paz y la quietud.
Discípulo:
2. Señor, tu sermón es corto
pero contiene mucha perfección.
Lacónico en las palabras
pero lleno de sentido y abundante fruto.
Si yo pudiera cumplirlo fielmente
no debería brotar en mí con tanta facilidad el desconcierto.
Porque cada vez que me siento inquieto y deprimido descubro
que me he apartado de ésta enseñanza.
Pero Tú que todo lo puedes y siempre buscas mi provecho
otórgame mayores gracias
para que pueda cumplir tu doctrina y conseguir mi salvación.
3. Oración contra los malos pensamientos:
Señor Dios mío, no te retires de mí,
Dios mío, ven a auxiliarme (Sal 71,12)
porque se han levantado dentro de mí diversos
pensamientos y grandes temores me afligen.
¿Cómo los atravesaré ileso? ¿Cómo los destruiré?
Tú dices que irás delante de mí
y humillarás a los arrogantes de la Tierra (Is 45,2).
Abrirás la puerta de la cárcel y me revelarás los secretos.
Haz, Señor, como dices
para que huyan ante Mí todos mis inicuos pensamientos.
Mi esperanza y único alivio es correr a Ti en toda dificultad
confiar en Ti, invocarte desde lo más íntimo,
y esperar con paciencia tu consuelo.
4. Oración para pedir que la inteligencia se ilumine:
Alúmbrame, Buen Jesús, con la claridad de la luz interior
y quita de la habitación de mi corazón toda tiniebla.
Cohibe las muchas divagaciones
y destroza las tentaciones que me encadenan.
Lucha con fuerza por mí y ahuyenta las malas bestias
como llamo a los seductores deseos deshonestos;
para que se haga la paz gracias a Ti
y resuenen con abundancia las alabanzas en el santo palacio es decir, en la conciencia pura.
Manda al viento y a las tempestades,
y dile al mar: ¡Calla! y al ventarrón: ¡No soples! y se producirá una gran calma. (Mc 4,39).
Emite tu luz y tu verdad (Sal 43,3) para que brillen sobre la tierra
porque está árida y vacía hasta que Tú la ilumines.
Derrama tu gracia desde arriba, empapa mi corazón con el rocío del Cielo, distribuye el agua de la devoción para irrigar toda la tierra y que produzca frutos buenos y óptimos.
Levanta el ánimo oprimido por la mole de los pecados
orienta todo mi deseo hacia el Cielo
para que saboreando la suavidad de la superior felicidad me cause fastidio pensar en lo terreno.
Quítame y arráncame del transitorio consuelo de las criaturas
porque ninguna cosa creada
puede calmar y consolar mi deseo plenamente.
Úneme a Ti con el vínculo inseparable del amor
porque sólo Tú bastas al que te ama,
y fuera de Tí todo carece de importancia.
Capítulo: XXIV
EVITAR LA CURIOSIDAD SOBRE LAS VIDAS AJENAS
Jesucristo:
1. Hijo, no seas curioso
ni te preocupes de cosas impertinentes.
¿Qué te importa esto o aquello? (Jn 21,22) Tú sígueme.
¿Qué te importa que alguien sea de ésta o de otra manera
o que viva o hable de uno u otro modo?
No necesitas responder por otro sino dar razón de ti mismo.
¿Por qué, pues, te entrometes?
Yo a todos conozco y veo al mismo tiempo todo lo que sucede,
y sé de qué manera es cada uno, qué piensa, qué quiere y a qué objetivo se dirige su intención [sic]
por eso, se me deben encomendar todas las cosas.
Tú más bien consérvate en buena paz
y deja agitarse el agitador cuanto quiera;
sobre él vendrá todo lo que haga o diga
porque no puede engañarme.
2. No te preocupes del prestigio de un gran hombre ni de las recomendaciones de muchos, ni del afecto especial de una persona.
Todas estas cosas producen distracciones
y grandes oscuridades en el corazón.
Con gusto te dirigiré mis palabras y te revelaré lo oculto
si esperas atentamente mi venida y me abres tu corazón.
Estáte preparado, permanece en oración y humíllate en todo.
Capítulo: XXV
FIRME PAZ DEL CORAZÓN Y VERDADERO PROGRESO
Jesucristo:
1. Hijo, yo he dicho:
Mi paz les dejo, mi paz les doy;
se la doy, no como la da el mundo (Jn 14,27).
Todos desean la paz
pero no todos se preocupan de lo que concierne a la verdadera paz.
Mi paz está con los humildes y sosegados de corazón.
Tú paz estará en la mucha paciencia.
Si me escuchas, y sigues mi voz
podrás disfrutar de mucha paz.
Discípulo:
2. ¿Qué haré pues?
Jesucristo:
Atiende en todo a ti mismo, qué haces, qué dices y dirige toda tu intención a mi exclusivo beneplácito, y nada desees o busques fuera de Mí,
no juzgues temerariamente los dichos o hechos ajenos ni te impliques en asuntos que no te hayan encomendado,
con esto podrá ser poco o rara vez te desconciertes.
Porque jamás sentir alguna confusión,
o no sufrir molestia interna o externamente
corresponde al estado de eterna quietud , no a esta vida.
No vayas a considerar que encontraste la verdadera paz
si no sientes alguna pesadumbre
ni que todo está bien
cuando tus adversarios no te causan molestias
ni que todo es perfecto
si todo se realiza conforme con tu voluntad.
Ni te creas más grande que otro o estimes que eres especialmente elegido si sientes una gran devoción o dulzura,
porque en estas cosas no se reconoce al verdadero amante del bien ni consiste en ellas el provecho y la perfección de las personas.
Discípulo:
3. ¿Entonces en qué, Señor?
Jesucristo:
En ofrecerte de todo corazón a la voluntad de Dios,
no buscando tu interés, ni poco ni mucho,
ni en el tiempo ni en la eternidad
de manera que con la misma actitud
permanezcas agradecido en lo próspero
y en lo adverso pesándolo todo con la misma balanza.
Si fueras tan firme y constante en la esperanza
que incluso al quitársete la consolación interior,
prepares tu corazón a soportar más todavía
y no te justifiques como si no debieras padecer tanto
sino que consideres mi acierto y me alabes por Santo en todo lo que disponga
entonces caminarás por la auténtica y recta vía de la paz y podrás tener esperanza cierta de ver con alegría nuevamente mi rostro.
Si llegas al total rechazo de tu egoísmo
sabrás entonces que gozarás de paz abundante
según las posibilidades de tu destierro.
Capítulo: XXVI
LA MENTE SE SUPERA MÁS CON LA ORACIÓN QUE CON LECTURAS
Discípulo:
1. Señor, es actitud propia de la persona perfecta no relajar nunca el ánimo en su dirección al Cielo y entre muchas preocupaciones pasar sin preocupación
no como un tonto sino por el privilegio de una mente liberada que no se adhiere malamente a nada creado.
2. Te ruego, piadosísimo Dios mío, que me preserves de las preocupaciones de esta vida,
para que no me comprometa demasiado en ellas;
para que no dominen mi voluntad las diversas necesidades naturales
para que no quede dividido por todos los obstáculos y molestias en mi espíritu.
No me refiero a las cosas que con tanto afecto ambiciona la vanidad
sino a todas esas miserias propias de la condición humana
que penosamente oprimen y retardan a tu servidor
para impedir que obtenga, cuantas veces quiere,
la libertad de espíritu.
3. Dios mío, bondad inefable,
conviérteme en amargura
todo placer inconveniente que me separa del eterno amor engañándome con la vista de algún bien inmediato.
No me vaya vencer, Dios mío, la naturaleza;
no me engañe el mundo y su gloria breve;
no me derribe el [sic]demonio y su astucia.
Dame fuerza para resistir,
paciencia para tolerar,
constancia para perseverar.
Dame, en vez de todas las satisfacciones del mundo,
la suavísima unción de tu Espíritu
y en vez del amor deshonesto
infúndeme el amor de tu Nombre.
Porque las preocupaciones por el alimento, la bebida,
la ropa y lo demás que se requiere para el sustento del cuerpo
resultan pesadas para el Espíritu fervoroso.
Concédeme que use con moderación de todo lo necesario
y que no me ocupe de eso con exagerado interés.
No es lícito abandonarlo todo
porque las necesidades naturales deben ser satisfechas.
Pero la ley santa prohibe buscar lo superfluo
o lo excesivamente agradable,
porque de otro modo la naturaleza se rebelaría contra el espíritu.
En medio de estas cosas,
ruego que tu mano me gobierne y enseñe
para que en nada exceda.
Capítulo: XXVII
EL AMOR PROPIO NOS APARTA DEL SUMO BIEN
Jesucristo:
1. Hijo, conviene que lo des todo por el Todo
y no seas nada de ti mismo.
Debes saber que el amor propio te hace más daño
que cualquier otra cosa en el mundo.
Según sea el amor y el apego que tienes a las cosas
estarás más o menos adherido a ellas.
Si tu amor fuese puro, simple y ordenado
no estarás cautivo de las cosas.
No se debe desear lo que es ilícito tener.
No se debe tener
lo que te puede impedir y privar de la libertad interior.
Es de sorprender
que no te entregues tú mismo a Mí
desde el fondo del corazón,
con todo lo que puedes tener o desear.
2. ¿Por qué te desgastas con inútil tristeza?
¿Por qué te fatigas con cuidados superfluos?
Compórtate según mi voluntad
y no sufrirás menoscabo.
Si buscas esto o aquello, si deseas estar aquí o allí
por tu conveniencia o propia voluntad,
nunca estarás tranquilo ni libre de preocupaciones
porque en todas las cosas hay alguna falla
y en todo lugar hay adversarios.
3. No hace provecho cualquier cosa alcanzada o multiplicada exteriormente
sino más bien la deshechada y arrancada de raíz del corazón.
No sólo entiendas lo anterior de las propiedades y riquezas
sino también de la ambición de ser famoso o el deseo de vacías adulaciones que transcurren como el mundo.
Poco importa el lugar si falta el fervor del espíritu,
ni durará mucho la paz buscada sólo externamente
si falta su verdadero fundamento en la disposición del corazón.
Es decir, si no estás en Mí, puedes cambiar pero no mejorar.
Porque manifestada la ocasión, y aceptada
encontrarás lo que evitabas, y hasta más.
4. Oración para pedir la purificación del corazón y la sabiduría divina:
Confírmame, Señor, en la gracia del Espíritu Santo.
Dame energía para fortalecerme interiormente
y para vaciar mi corazón de toda preocupación inútil y angustiosa, para que no me arrastre el deseo de cualquier cosa vulgar o valiosa;
sino que mire todo como pasajero, y a mí mismo igual
porque nada permanece bajo el sol,
todo es vacío y aflicción para el espíritu (Ecl 2,17).
Qué sabio es el que piensa así:
Concédeme Señor la sabiduría celestial
para que aprenda a buscarte y encontrarte sobre todas las cosas,
sobre todo, apreciarte y amarte y entender lo demás como es,
de acuerdo con tu Sabiduría.
Dame prudencia para apartarme del adulador
y paciencia para soportar al adversario.
Porque la verdadera sabiduría consiste en no moverse
por el ruido de las palabras, ni prestar atención a
los cantos de sirena de los aduladores, porque así
se transita con seguridad la vía comenzada.
Capítulo: XXVIII
CONTRA LOS MURMURADORES
Jesucristo:
1. Hijo, no te enojes si alguien tiene mala opinión de ti
y dice lo que no quieres oir.
Tú debes tener peor opinión de ti mismo
y creer que nadie es tan débil como tú.
No es poca sensatez, permanecer callado en tiempos difíciles
y regresar a Mí sin perturbarse por las opiniones humanas.
2. No debe estar tu paz en la boca de las personas;
porque te interpreten bien o mal,
no serás por eso distinto de lo que eres.
¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera gloria?
¿Acaso no está en Mí?
Y quien no desea agradar a los demás ni teme desagradarlos,
disfrutará de mucha paz.
Brota toda inquietud del corazón y distracción de los sentidos,
del amor desordenado y del temor sin motivo.
Capítulo: XXIX
LLAMAR A DIOS Y BENDECIRLO CUANDO HAY DIFICULTADES
Discípulo:
1. Bendito para siempre sea tu Nombre, Señor,
que quisiste que venga sobre mí esta tentación y aflicción.
No puedo huir de ella
sino que tengo necesidad de refugiarme en Ti
para que me ayudes y la conviertas en bien para mí.
Señor, ahora estoy perturbado y no le va bien a mi corazón
sino que me atormenta mucho esta pasión.
Y ahora, Padre querido, ¿qué voy a decir?:
Me siento atrapado por la angustia.
Sálvame de éste momento (Jn 12,27).
Pero he llegado a esta situación para que Tú seas reconocido
cuando yo esté más humillado y sea liberado por Ti.
Complácete, Señor, en liberarme
porque, pobre de mí, ¿qué podré hacer?
¿a dónde iré sin Ti?
Dame paciencia, Señor, también esta vez.
Y en medio de todo esto ¿qué diré?
Señor, hágase tu voluntad (Mt 6,10).
Yo bien merezco sufrir y padecer.
Conviene que lo soporte ¡Ojalá, con paciencia!
Porque tu mano omnipotente es capaz de quitar de mí esta tentación y mitigar su ímpetu,
tal como frecuentemente lo has hecho antes conmigo, no vaya a ser que sucumba, [sic]
Dios mío, Misericordia mía,
mientras más dificultoso es para mí
tanto es fácil para Ti este cambio por el poder de tu mano.
Capítulo: XXX
PETICIÓN DE AYUDA A DIOS Y CONFIANZA EN RECUPERAR SU GRACIA

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