Etapa 2 - (2) Jesús odia el mal
El punto decisivo más grande en esa lucha ocurrió hace unos cuantos años
cuando fui a visitar a mis padres durante una crisis familiar. La
enfermedad de mi madre a menudo la hacía tratar a mi padre en forma
abusiva. Pero cuando llegué a visitarlos, me di cuenta de que lo que
habia sido una situación infeliz para mi padre se había convertido en
una amenaza para su vida. El había desarrollado colitis ulcerosa, una
enfermedad relacionada con el estrés que puede resultar cuando uno se
guarda las cosas. Había bajado de un peso de 81 kilogramos a 52, tenía
síntomas de desnutrición y estaba tan dyebil que no podía caminar más de
10 pasos sin desplomarse. Era incapaz de cuidarse. Mi madre no sólo era
incapaz de cuidarlo, sino que Ie estaba impidiendo que obtuviera de un
médico los cuidados que necesitaba.
Aunque me di cuenta de lo serio
de la situación, dude de si se podría hacer algo para ayudar a mis
padres. Nadie antes había sido capaz de intervenir en su situación y yo
no pensaba que yo pudiera tener mayor éxito. Pero sabía que al menos
tenía que tratar. Le pedí a Jesús que me diera lo que yo necesitara:
valor, más amor, etcetera. Luego, fui con mi madre y traté de decirle
que mi padre estaba seriamente enfermo. (Después, descubrí que habría
muerto en unos cuantos meses si no se Ie hubiera dado tratamiento
médico.) Mi
madre empezó a gritar: "No, no", y yo empecé a sentirme
tan asustada y llena de culpa como me había sentido en la niñez cuando
pedíañ algo. Como persona adulta, veía que lo que estaba pidiendo era
algo razonable, pero una parte de mi seguía atemorizada. Seguí tratando
de explicarle la situación a mi madre, pero no llegaba a ningún lado y
cada vez me sentía más asustada. Luego, de pronto ocurrió algo que nunca
antes había experimentado: sentí que me atravesaba una ola de puro
sentimiento. Al principio no supe qué era y tuve que detenerme a
identificar lo que sentía, me di cuenta de que lo que estaba sintiendo
era odio, odio puro. No supe qué hacer y traté de orar y de escuchar a
Jesus. Pense que Él quiza querría perdonarme por mi sentimiento de odio,
o pedirme que perdonara a mi madre. Pero al escuchar a Jesus oí algo
que me sorprendió, algo muy diferente a lo que esperaba escuchar. Oí
decir a Jesus: "Tu odio del mal es mi odio del mal. Cuando Ie dices 'no'
al mal es mi no al mal". Me di cuenta de que Jesús estaba sintiendo
odio puro junto conmigo. No era odio hacia mi madre. Era odio a la
enfermedad que había dañado su vida y estaba haciéndole daño a nuestra
familia. Desde ese momento, yo fui distinta. Fui capaz de proseguir y
hacer lo que fuera necesario para dar atención médica a mi padre, a
pesar de las objeciones de mi madre. Llevé a mi padre al hospital y lo
operaron. Se recupero y ahora está más sano que nunca antes en su vida.
Pienso
que en esta experiencia, Jesús contestó mis plegarias de ayuda dándome
esta voluntad sana y esta sensación de autonomía. Me ayudó a usar ese
sentido de autonomía como se debe usar: para resistirnos a lo que es
perjudicial para nosotros o para otro y para obtener lo que es bueno, lo
que Dios quiere que tengamos. Podemos saber qué quiere Dios que
tengamos escuchando nuestros propios deseos mas profundos. Jesus me
ayudo a confiar en mis mas hondos deseos y a aprender a decir "sí" y
"no" en la forma como El diría "sí" y "no". Ese regalo de la autonomía
se me ha quedado y en mi vida actual encuentro que soy mucho mas capaz
de ser asertiva cuando es necesario y de decir "sí" 0 "no" sin miedo ni
culpa cuando junto con Jesus me resisto a lo que es malo para mí o para
otro y a buscar lo que es bueno.
A continuacion citamos una plegaria
para ayudarnos a desarrollar el sano sentido de autonomía de Jesus,
para que podamos decir "sí" y "no" junto con Él.
2) Niñez 2-3 años - Autonomía vs. duda y vergüenza - Figuras materna y paterna - Voluntad
pp. 72-93
Cómo sanar las ocho etapas de la vida, Matthew Linn sj, Sheila Fabricant, Dennis Linn, Ed. Patria, Mexico, 2004, p. 90.