Introducción 4 a la Vida Devota - Meditacion I. - De la creacion
Introducción 4 a la Vida Devota
Capitulo IX
Meditacion I. - De la creacion
Preparacion
1. Ponte en la presencia de Dios.
2. Ruégale que te inspire.
Consideraciones
1.
Considera que no ha mas de tantos años que tú no estabas en el mundo, y
que tu ser era una verdadera nada. ¿Dónde estábamos, alma mia, en aquel
tiempo? El mundo habia durado ya tantos años, y aun no habia noticia de
nosotros.
2. Dios te ha sacado de la nada para darte el ser que tienes sin tener necesidad de ti, sino por sola su bondad.
3.
Considera el ser que Dios te ha dado, que es el primero del mundo
visible, capaz de vivir eternamente, y de unirse perfectamente á su
Divina Magestad.
Afectos y Resoluciones
1. Humillate
profundamente en la presencia de Dios diciéndole de corazon con el
Salmista: Señor, yo soy delante de vos como una verdadera nada: ¿Cómo os
acordáis de mí para criarme? ¡ Ay, alma mia! Estabas abismada en esta
antigua nada, y lo estarias tambien ahora, si Dios no te hubiera sacado
de ella: ¿Y qué harias tú en esa nada?
2. Da gracias á Dios. ¡O
sumo y bien Criador mio! ¡cuán grande es mi deuda para con vos que me
fuisteis á buscar en mi nada para hacerme por vuestra misericordia lo
que soy! ¡Qué podré yo hacer jamas que sea correspondiente para bendecir
vuestro santo nombre y daros gracias de vuestra bondad inmensa!
3.
Confúndete. Mas ¡ay de mí! Criador mio, en vez de unirme con voz
amándoos y sirviéndoos, me he rebelado con mis desreglados afectos,
separándome y alejándome de vos para abrazar el pecado, sin tener mas
cuenta con dar honra á vuestra bondad, que si no fuerais mi Criador.
4.
Póstrate en el divino acatamiento. Conoce, alma mia, que el Señor es tu
Dios: él es quien te ha hecho, que tú no has podido hacerte á ti misma.
¡O Dios mio! yo soy obra de vuestras manos. Ya de aquí adelante no me
he de complacer mas en mi misma, pues de mi propio caudal soy nada. ¿De
qué te glorias polvo y ceniza? ó por mejor decir, ¿nada, de que te
exaltas? Para humillarme quiero hacer tal y tal cosa, sufrir tales y
tales menosprecios: quiero mudar de vida, y seguir desde hoy á mi
Criador, honrándome con la condicion del ser que me ha dado, empleándole
todo enteramente en cumplir su voluntad por los medios que me sean
enseñados, los cuales aprenderé de mi padre espiritual.
Conclusión
1.
Da gracias á Dios. Bendice, alma mia, á tu Dios, y todas mis entrañas
alaben su santo nombre, porque su bondad me ha sacado de la nada, y su
misericordia me ha criado.
2. Ofrece. ¡O Dios mio! yo os ofrezco con todo mi corazon el ser que me habeis dado, yo os le consagro y dedico.
3.
Ruega. Confirmadme, Dios mio, en estos afectos, y resoluciones. Y vos,
Virgen santa, encomendadlas á la misericordia de vuestro Hijo, con todos
aquellos por quienes estoy obligada á orar. Pater noster, Ave María.
Al
salir de la oracion, paseándote un poco, formarás un ramilletito de
devocion de las consideraciones que hayas tenido para estarle oliendo
todo el dia.
Capitulo X
Meditacion II. - Del fin para que hemos sido criados.
Preparacion
1. Ponte en la presencia de Dios.
2. Ruégale que te inspire.
Consideraciones
1.
No te ha puesto Dios en este mundo, porque tenga necesidad alguna de
ti, pues eres para su Magestad totalmente inutil. Te ha criado solo para
ejercitar en ti su bondad dándote su gracia y su gloria. A este fin te
ha dado el entendimiento para que le conozcas, la memoria para que te
acuerdes de él, la voluntad para que le ames, la imaginacion para que
tengas presentes sus beneficios, los ojos para que veas las maravillas
de sus obras, la lengua para que le alabes, y así de todas las demas
facultades.
2. Puesto que has sido criada y colocada en el mundo
con este fin, debes echar de ti, y evitar todas las acciones contrarias
á él: y las que á él no conducen menospreciarlas como vanas y
superfluas.
3. Considera la infelicidad del mundo, que no piensa
jamas en esto, antes vive como si creyera haber sido criado para
edificar casas, plantar árboles, juntar riquezas, y emplearse en
niñerías.
Afectos y Resoluciones
1. Confúndete, echando en
cara á tu alma su miseria que ha sido tan grande hasta ahora que poco ó
nada ha pensado en todo esto. ¡Ay de mí! Dirás, ¿en qué pensaba yo, Dios
mio, cuando no pensaba en vos? ¿de qué me acordaba cuando me olvidaba
de vos? ¿qué amaba cuando no os amaba á vos? ¡Ay de mí! debia
apacentarme con la verdad y me hartaba de vanidad, y servia al mundo que
fue criado para servirme.
2. Detesta la vida pasada.
Pensamientos vanos, discursos inútiles, os desecho: memorias abominables
y frívolas, os detesto: amistades infieles y desleales, servicios
perdidos y miserables, gratificaciones ingratas, complacencias
enfadosas, os renuncio.
3. Conviértele á Dios. Y vos, Dios mio, y
Salvador mio, vos sereis desde hoy el único objeto de mis pensamientos:
jamas emplearé mi entendimiento en cosa alguna que pueda desagradaros:
la grandeza de vuestra benignidad, que tan dulcemente habeis ejercitado
conmigo, ocupará mi memoria todos los dias de mi vida: vos sereis las
delicias de mi corazon, y la suavidad de mis afectos.
De aquí en
adelante miraré con horror tales y tales fruslerías y diversiones en que
me ocupaba, tales y tales ejercicios vanos en que empleaba los dias,
tales y tales adiciones que prendaban mi .corazon, y para esto usaré de
tales y tales remedios.
Conclusiones
1. Da gracias á Dios que
te ha criado para un fin tan escelente. Me habeis criado para vos,
Señor, para que goce eternamente de la inmensidad de vuestra gloria.
¿Cuándo seré digna de ella, y cuándo os bendeciré como debo?
2. Ofrece. Yo os ofrezco, amado Criador mio, todos estos afectos y resoluciones con toda mi alma y todo mi corazon.
3.
Ruega. Os suplico, Dios mio, que acepteis mis deseos y mis votos, y
echeis vuestra santa bendicion á mi alma para que pueda cumplirlos, por
los méritos de la preciosa sangre de vuestro Hijo derramada en la cruz.
Haz el ramillete de devocion.
Capítulo XI
Meditación III - De los beneficios de Dios.
Preparación
1. Ponte en la presencia de Dios.
2. Ruégale que te inspire.
Consideraciones
1.
Considera los dones corporales que Dios te ha dado. ¡Qué cuerpo! ¡qué
comodidades para mantenerle! ¡qué salud! ¡cuántos consuelos lícitos!
¡qué amigos! ¡qué asistencias! Pero considéralo en contraposicion de
tantos, que siendo mucho mejores que tú, carecen de estos beneficios:
unos son imperfectos de cuerpo, faltos de salud, ó de algun miembro:
otros se hallan expuestos á toda suerte de oprobios, desprecios y
deshonras: otros consumidos de pobreza: y Dios no ha querido que
padezcas tú tantas miserias.
2. Considera los dones del
espíritu. ¡Cuántos fatuos, furiosos, é insensatos hay en el mundo! ¿pues
por qué no eres tú uno de ellos? Porque Dios te ha hecho ese favor.
¿Cuántos se han criado rústicamente y en una total ignorancia, y la
providencia divina ha dispuesto que te hayan criado á ti civil y
honradamente.
3. Considera, Filotea, las gracias espirituales.
Eres hija de la Iglesia, y Dios te ha enseñado á conocerle desde tu
tierna infancia. ¿Cuántas veces te ha dado sus Sacramentos? ¿cuántas sus
inspiraciones, luces interiores y reprensiones para tu enmienda?
¿cuántas te ha perdonado tus faltas? ¿cuántas te ha librado de las
ocasiones de perderte, a que te hallabas espuesta? Y ¿qué eran los años
pasados, sino lugar y comodidad que te daba para adelantar en el bien de
tu alma? Examina por menor cuan dulce y propicio ha sido Dios contigo.
Afectos y Resoluciones
1.
Admira la bondad de Dios. ¡O cuán bueno es Dios para conmigo! ¡ó cuán
bueno es! Vuestro corazon, Señor, es rico en misericordia, y liberal en
benignidad. Cantemos eternamente, alma mia, las misericordias que nos ha
hecho.
2. Pásmate de tu ingratitud. ¿Mas quién soy yo, Señor,
para que os hayais acordado de mí? ¡ó cuán grande es mi indignidad! ¡ay
de mi! He pisado vuestros beneficios, he deshonrado vuestras gracias,
usando de ellas con descuido y menosprecio de vuestra soberana bondad:
he contrapuesto el abismo de mi ingratitud al abismo de vuestras gracias
y favores.
3. Escítate á reconocimiento. Ea pues, corazon mio,
no quieras de hoy mas ser infiel, ingrato y desleal á tan grande
bienhechor. ¿Cómo era posible que mi alma no quedase desde hoy sujeta á
Dios, que ha obrado tantas maravillas y gracias en mí y por mí?
4.
Aparte pues, Filotea, tu cuerpo de tales y tales placeres; sujétale al
servicio de Dios, que tanto ha hecho por él: aplica tu alma á conocer
mas y mas á su Dios por medio de tales y tales ejercicios, que para esto
se requieren: emplea cuidadosamente los medios que tienes en la Iglesia
para salvarte, y para amar á Dios. Así será: frecuentaré la oracion y
los santos Sacramentos, oiré la palabra de Dios, y pondré en práctica
las inspiraciones y consejos.
Conclusiones
1. Da gracias á Dios por el conocimiento que ahora te ha dado lo que le debes, y de todos los beneficios hasta aquí recibidos.
2. Ofrécele tu corazon con todas las resoluciones, que has hecho.
3.
Pídele que te dé fuerzas para practicarlas fielmente, por los méritos
de la muerte de su Hijo: implora la intercesion de la Virgen y los
Santos, Pater noster, Ave María.
Haz el ramillete espiritual.
Capítulo XII
Meditación IV. De los pecados
Preparación
1. Ponte en la presencia de Dios.
2. Ruégale que te inspire.
Consideraciones
1.
Piensa cuanto tiempo ha que empezaste á pecar, y mira desde aquel
primer instante cuanto se han multiplicado los pecados en tu corazon:
como los has acrecentado todos los dias contra Dios, contra ti misma, y
contra el prójimo, por obra, por palabra, y por deseo y pensamiento.
2.
Considera tus malas inclinaciones, y cuantas veces te has dejado llevar
de ellas, y por estos dos puntos conocerás que tus culpas son mas que
los cabellos de la cabeza, y las arenas del mar.
3. Considera
aparte el pecado de ingratitud á Dios, que es un pecado general que se
estiende por todos los demas, y los hace infinitamente mas enormes. Mira
pues cuantos beneficios te ha hecho Dios, y como de todos ellos has
abusado contra el dador; pero singularmente piensa cuantas inspiraciones
has despreciado, y cuantos buenos movimientos has inutilizado, y sobre
todo cual ha sido el fruto de los santos Sacramentos que tantas veces
has recibido. ¿Dónde están aquellos preciosos joyeles con que te habia
adornado tu Esposo? ¿Con qué preparacion has llegado á recibirlos?
Repara bien esta ingratitud, que habiendo Dios corrido tras de ti para
salvarte, tú has huido siempre de él para perderte.
Afectos y Resoluciones
1.
Confúndete de tu miseria. ¿Cómo me atrevo Dios mio, á comparecer en
vuestra presencia? ¡Ay de mí que soy una apostema del mundo, y una
piscina de ingratitud y de iniquidad! ¿Es posible que á tanto ha de
haber llegado mi deslealtad que ni un sentido del cuerpo, ni una
potencia del alma haya dejado, sin pervertirla, violarla y contaminarla,
y que no haya dejado pasar un dia siquiera de mi vida en que no haya
producido tan abominables efectos? ¿Es esta la debida paga de los
beneficios de mis Criados y de la sangre de mi Redentor?
2. Pide
perdon, y arrojáte á los pies del Señor, como el hijo pródigo, como la
Magdalena, ó como una muger que ha manchado el lecho conyugal con toda
suerte de adulterios. Señor, habed misericordia de esta pecadora. ¡Ay de
mí! Fuente viva de clemencia, habed piedad de esta miserable.
3.
Propon mejorar tu vida. No mas ya, con vuestra gracia, Señor, no mas
ya, no mas abandonarme al pecado, ¡Ay de mí! Harto le he amado hasta
ahora, ya le detesto, y os abrazo á vos, Padre de misericordia, pues en
vos quiero vivir y morir.
4. Para borrar los pecados pasados me acusaré de ellos con valor, y no dejaré ni uno que no confiese.
5. Haré de todo cuanto pueda para desarraigarlos enteramente de mi corazon, en particular estos y aquellos que mas me molestan.
6.
Para hacerlo así abrazaré constantemente los medios que me aconsejen,
no pareciéndome jamas que ya he hecho bastante para reparar tan grandes
faltas.
Conclusión
Da gracias á Dios que te ha esperado hasta ahora, y te ha dado estos buenos afectos.
Ofrécele tu corazon para ponerlos en práctica.
Pídele que te dé fuerzas etc.
Capítulo XIII
Meditación V - De la muerte
Preparación
1. Ponte en la presencia de Dios.
2. Pídele su gracia.
3. Imagina que estás enfermo, á los últimos, con la agonía de la muerte, sin esperanza alguna de vida.
Consideraciones
1.
Considera cuan cierto es el dia de tu muerte. Algun dia saldrás de este
cuerpo, alma mia, ¿pero cuándo? ¿Será en invierno ó en verano? ¿en la
ciudad ó en la aldea? ¿de dia ó de noche? ¿será de repente ó dando
tiempo? ¿de enfermedad ó de accidente? ¿tendrás lugar de confesarte ó
no? ¿te asistirá tu confesor y padre espiritual? ¡Ay! que nada de esto
sabemos; solo es cierto que hemos de morir, y que será mas pronto de lo
que pensamos.
2. Considera que entonces por lo que á ti te toca
se acabará el mundo, pues para ti ya no le habrá mas: trastornará de
arriba abajo delante de tus ojos porque entonces los placeres, las
vanidades, las alegrias mundanas y las aficiones vanas nos parecerán
fantasmas y nublados. ¡Ah desventurada! ¡por qué bagatelas y quimeras he
ofendido á mi Dios! Verás entonces que hemos dejado á Dios por una
nada. Mas por el contrario la devocion y las buenas obras te parecerán
entonces apetecibles y dulces. ¿Por qué no he seguido yo este camino tan
hermoso y agradable? Entonces los pecados que parecian pequeñísimos,
parecerán tan grandes como los montes, y tu devocion parecerá pequeña.
3.
Considera las tristes y dolorosas espreciones con que se despedirá tu
alma de este mundo inferior. Despediráse de las riquezas, de las
vanidades y vanas compañías, de los placeres, de los pasatiempos, de los
amigos y vecinos, de los padres, de los hijos, del marido, de la muger,
en una palabra, de todas las criaturas, y finalmente de su mismo
cuerpo, que dejará pálido, demudado, deshecho, deshecho, horroroso y
pestilente.
4. Considera la prisa que se darán para echar de allí
tu cuerpo, y sepultarle en la tierra: y que hecho esto el mundo no
volverá á pensar en ti, ni se acordará de ti, así como tú no has pensado
en los otros. Dios le tenga en descanso, dirán, y á esto se reducirá
todo. ¡O muerte! que poco se piensa en ti, y qué rigurosa eres.
5.
Considera que al salir el alma del cuerpo toma su camino á la derecha ó
á la izquierda. ¡Ay! ¿adónde irá la tuya? ¿qué camino seguirá? El mismo
que haya empezado en este mundo.
Afectos y Resoluciones
1.
Ruega á Dios y arrójate en sus brazos. Señor, recibidme bajo vuestro
amparo en aquel dia espantoso. Haced que sea para mí feliz y favorable
aquella hora, y mas que sean tristes y de afliccion de todas las demas
de mi vida.
2. Desprecia al mundo. Ya que no sé la hora en que
tengo que dejar, ó mundo, no quiero tenerte apego. Amigos queridos,
amados deudos, tened á bien que os estime solo con una amistad santa,
que pueda durar eternamente; porque ¿para qué he de hacer con vosotros
enlaces, que por fuerza he de abandonar y romper?
3. Quiero
prepararme para esta hora, y tomar las medidas necesarias para dar este
paso felizmente, quiero asegurar con todas las diligencias posibles el
estado de mi conciencia, y quiero remediar tales y tales defectos.
Conclusiones
Da
gracias á Dios de las resoluciones que te ha dado: ofrécelas á su
Magestad: suplícale otra vez que te dé una buena muerte por los méritos
de la muerte de su Hijo: implora la asistencia de la Virgen y los
Santos. Pater noster.
Forma un hacecito de mirra.
Capítulo XIV
Meditación VI. - Del juicio.
Preparación
1. Ponte en la presencia de Dios.
2. Suplícale que te inspire.
Consideraciones
1.
Pasado el tiempo que Dios tiene señalado para la duracion de este
mundo, y despues de muchas señales y presagios horribles, que harán á
los hombres secarse de espanto y de temor, el fuego que vendrá como un
diluvio abrasará y reducirá á cenizas toda la faz de la tierra, sin
perdonar cosa alguna de cuantas miramos en ella.
2. Despues de
este diluvio de llamas y de rayos resucitarán todos los hombres de la
tierra (á escepcion de los que hayan resucitado ya), y á la voz del
arcángel comparecerán todos en el valle de Josafát; pero ¡con cuánta
diferencia! porque unos estarán allí con sus cuerpos gloriosos y
resplandecientes, y otros con cuerpos feos y espantosos.
3.
Considera la magestad con que aparecerá el soberano juez rodeado de
todos los ángeles y santos, llevando delante de sí su cruz mas
resplandeciente que el sol, como estandarte de gracia para los buenos, y
de rigor para los malos.
4. En fuerza del decreto de este
soberano juez, que se ejecutará al instante, serán separados los buenos
de los malos, poniendo los unos á su derecha y los otros á su izquierda:
separación eterna, despues de la cual jamas podrán volverse á juntar
estas dos alas.
5. Hecha esta separacion, se abrirán los libros
de las conciencias, y se verá claramente la malicia de los malos, y el
desprecio que hicieron de Dios; y por otra parte la penitencia de los
buenos, y los efectos de la divina gracia que recibieron. Nada quedará
oculto. ¡O Dios, qué confusion para los unos, y qué consuelo para los
otros!
6. Considera la sentencia final de los malos: Id,
malditos, al fuego eterno que está preparado para el demonio y sus
compañeros. Pondera bien estas palabras de tanto peso. Id, les dice:
palabra que denota el abandono perpetuo de Dios con que arroja para
siempre de su vista á estos infelices. Los llama malditos: ¡ó alma mia,
qué maldicion! maldicion general que comprende á todos los males,
maldicion irrevocable que se entiende á todos los tiempos y á la
eternidad. Al fuego eterno, añade: mira, corazon mio, esta grande
eternidad: ¡ó eterna eternidad de penas cuán digna eres de ser temida!
7.
Considera por el contrario la sentencia de los buenos. Venid, dice el
juez: esta es la palabra agradable y de salud con que Dios nos trae á
sí, y nos recibe en el seno de su bondad. Benditos de mi Padre: ¡ó
amable bendicion que comprende todas las bendiciones! Poseed el reino
que os está preparado desde la constitucion del mundo: ¡ó Dios qué
gracia tan grande! porque jamas ha de tener fin este reino.
Afectos y Resoluciones.
1.
Tiembla, alma mia, con esta memoria. ¡O Dios, quién podrá darme
seguridad en aquel dia en que las columnas del cielo temblarán de
espanto!
2. Detesta tus pecados, pues solo ellos pueden perderte
en este dia horroroso. Yo quiero juzgarme á mi misma ahora para no ser
juzgada, quiero examinar mi conciencia, condenarme, acusarme y
corregirme yo, para que el juez no me condene en aquel dia terrible. Me
confesaré y aceptaré los oportunos consejos que me dieren, etc.
Conclusión
1. Da gracias á Dios que te ha concedido medios de alcanzar seguridad para aquel dia, y te ha dado tiempo de penitencia.
2. Ofrécele tu corazon para hacerla.
3. Suplícale que te conceda la gracia de hacerle bien. Pater. Ave.
Haz un ramillete.
Capítulo XV
Meditación VII. - Del infierno
Preparación
1. Ponte en la presencia de Dios.
2. Humillate y pídele su asistencia.
3.
Figúrate una ciudad tenebrosa ardiendo en llamas de azufre y pez
pestilencial, y llena de ciudadanos que nunca pueden salir de ella.