Corre el rumor por el taller de que algunos de nosotros, algún día, vamos a cobrar vida
Pero lo que el hombre, en su condición natural, no tiene, es vida espiritual; la forma de vida más alta y diferente que existe en Dios. Utilizamos la misma palabra vida para ambas, pero si pensaseis que ambas deben por ello ser la misma cosa, sería lo mismo que pensar que la «grandeza» del espacio y la
«grandeza» de Dios fueran la misma clase de grandeza. En realidad, la diferencia entre la vida biológica y la vida espiritual es tan importante que voy a darles dos nombres distintos. La forma de vida biológica que nos viene dada por la naturaleza y que (como todo lo demás en la naturaleza) siempre tiende a gastarse y decaer de modo que sólo puede mantenerse por medio de incesantes subsidios de la naturaleza en forma de aire, agua, comida, etc., es Bios. La vida espiritual que está en Dios desde la eternidad, y que creó el universo entero, es Zoe. Bios tiene, por supuesto, una cierta semejanza vaga y simbólica con Zoe, pero sólo la clase de semejanza que hay entre una fotografía y un lugar, o una estatua y un hombre. Un hombre que cambiase de tener Bios a tener Zoe habría pasado por una transformación tan grande como la de una estatua que pasara de ser una piedra tallada a ser un hombre auténtico.
Y de eso precisamente trata el cristianismo. Este mundo es una gran taller de escultura. Nosotros somos las estatuas, y corre el rumor por el taller de que algunos de nosotros, algún día, vamos a cobrar vida.
Lewis, C.S., Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 170.