Dios tiene pensado venirse a vivir a ti
Veo que aun tengo que pedir prestada otra parábola de George MacDonald. Imaginaos a vosotros mismos como una casa viva. Dios entra para reconstruir esa casa. Al principio es posible que comprendáis lo que está haciendo. Está arreglando los desagües, las goteras del techo, etcétera: vosotros sabíais que esos trabajos necesitaban hacerse y por lo tanto no os sentís sorprendidos. Pero al cabo de un tiempo Él empieza a tirar abajo las paredes de un modo que duele abominablemente y que parece no tener sentido. ¿Qué rayos se trae entre manos? La explicación es que Dios está construyendo una casa muy diferente de aquella que vosotros pensabais -poniendo un ala nueva aquí, un nuevo suelo allí, erigiendo torres, trazando jardines-. Vosotros pensasteis que os iban a convertir en un pequeño chalet sin grandes pretensiones: pero Él está construyendo un palacio. Tiene pensado venirse a vivir a él.
El mandamiento «Sed perfectos» no es una banalidad idealista. Tampoco es un mandamiento para hacer lo imposible. Dios va a convertirnos en criaturas que puedan obedecer ese mandamiento. En la Biblia, Dios dijo que éramos «dioses», y va a llevar a cabos Sus palabras. Si Le dejamos -porque podemos impedírselo si así lo deseamos- convertirá al más débil y sucio de nosotros en un dios o una diosa, en criaturas luminosas, radiantes, inmortales, latiendo en todo su ser con una energía, un gozo, un amor y una sabiduría tales que devuelvan a Dios la imagen perfecta (aunque, naturalmente, en una menor escala) de Su poder, deleite y bondad infinitos. El proceso será largo y en parte muy doloroso, pero eso es lo que nos espera. Nada menos. El hablaba en serio.
Lewis, C.S., Mero Cristianismo, Rayo, EEUU, 2006, p. 214.