Introducción 13 a la vida devota

Capitulo XX
De la diferencia que hay entre las amistades verdaderas y las vanas
Voy á darte un aviso muy importante, Filotea: la miel de Heraclea, que es tan venenosa, como hemos dicho, se parece mucho á la otra saludable, por lo cual hay gran peligro de equivocarlas una con otra, ó de mezclarlas, y entonces la bondad de la una no corregirá la malignidad de la otra. Conviene pues estar alerta para no engañarse en estas amistades, y mas cuando se contraen entre personas de diverso sexo con cualquier pretesto que sea, porque muchas veces cambia Satanás los afectos de los que nos aman, se empieza por amor virtuoso, mézclase despues el amor sensual, y finalmente el carnal: así que aun en el mismo amor espiritual hay riesgo si no se está con cuidado, bien que en este no es tan facil engañarse, porque en su pureza y blancura son mas visibles las manchas que quiere echar el demonio; por lo cual cuando lo intenta, usa de mas sutileza, y procura que se resbalen las impurezas casi insensiblemente.

Distinguirás la amistad mundana de la santa y virtuosa del mismo modo que se distingue de la otra, la miel de Heraclea: esta es mas dulce al paladar que la comun, porque el acónito aumenta la dulzura, tambien la amistad mundana presenta ordinariamente gran copia de palabras melosas, de adulaciones, de espreciones tiernas y de lisonjas, celebrando la hermosura, gracia y prendas esteriores; pero el lenguaje de la amistad santa es sencillo y sincero, y solo alaba la virtud y la gracia de Dios, que es el único fundamento en que estriba: la miel de Heraclea, comida, transtorna la cabeza, y la falsa amistad transtorna el espíritu de quien la tiene, haciéndole titubear en la castidad y devocion, induciéndose á miradas artificiosas, lisonjeras é inmoderadas, á caricias sensuales, á desordenados suspiros, á quejas de no ser correspondido, á ciertos ademanes ligeros, pero afectados y halangüeños, á galanterías, á procurar ósculos y otras particularidades y favores atrevidos, presagios ciertos é indubitables de la cercana rutina de la honestidad; pero los ojos de la amistad santa son siempre castos y sencillos, sus caricias puras y sinceras, los suspiros solo van al cielo, las particularidades solo para el espíritu, y las quejas solo cuando Dios no es amado, señas infalibles de honestidad: la miel de Heraclea turba la vista, la amistad mundana turba el juicio de tal manera, que los que están infectos de ella piensan obrar bien cuando obran el mal, y juzgan razones sólidas sus escusas, pretestos y palabras, temer la luz, y apetecen las tinieblas; pero la amistad santa tiene clara la vista, y no se esconde, antes comparece gustosa ante los buenos: finalmente la miel de Heraclea deja un grande amargor de boca, y así tampoco las amistades falsas se convierten y paran en palabras y pretensiones carnales hediondas, y si no son admitidas, en injurias, calumnias, imposturas, melancolías, confusiones y zelos, que suelen terminar muchas veces en brutalidad y locura; pero la amistad casta siempre es igualmente honesta, civil, amigable, y no se convierte en otra cosa que en una mas perfecta y pura union de espíritus, imagen viva de la amistad bienaventurada que se procesa en el cielo.

Dice S. Gregorio Nacianceno101 que cuando grazna el pavo real, formada la rueda y encrespadas sus plumas, provoca fuertemente á sensualidad á las hembras que le oyen: así tambien pavonearse el hombre, engalanarse y llegar á requebrar, cuchichear y hablar en secreto, y á la oreja á una muger ó doncella, sin el fin justo de casarse, solo puede ser para provocarla á la impureza. Por tanto debe la muger honrada cerrar sus oidos para no escuchar el graznido de este pavon, y la voz del encantador que sagazmente pretende encantarla, pues escucharle ¡ó Dios! será fatal agüero de la futura pérdida de su corazon.

Los jóvenes que hacen señas, gestos y caricias, ó dicen palabras que no quisieran que oyesen sus padres, madres, maridos, mugeres ó confesores, en esto mismo dan prueba de que tratan asuntos agenos del honor y de la conciencia. Nuestra Señora se turba viendo un angel en forma humana, porque está sola, y porque el angel la alaba con elogios desmedidos, aunque celestiales. ¡O Salvador del mundo! teme la pureza misma á un angel en forma humana, pues ¿por qué, quién es la misma impureza, no ha de temer á un hombre aunque sea en figura de angel, cuando la alaba con elogios sensuales y humanos?

Capitulo XXI
Avisos y remedios contra las amistades malas.
Pues ¿qué remedio contra esta casta y hormiguero de amores necios, locuras é impurezas? Apenas percibas los primeros movimientos, vuélvete inmediatamente á la parte contraria, y detestando del todo estas vanidades, corre á la cruz del Salvador, toma su corona de espinas, y ponla al rededor de tu corazon para que no puedan acercarse á él estas raposillas. Guárdate de tratar de composicion alguna con este enemigo, no digas le escucharé, pero no haré nada de lo que me diga: le daré oidos, pero le negaré el corazon. Por Dios, Filotea mia, sé muy rigorosa en tales ocasiones, que el corazon y los oidos tienen mutua correspondencia, y así como es imposible detener un torrente que ha empezado á bajar por la pendiente de una montaña, así tambien es dificil estorbar que el amor, cuando ha llegado á caer en el oido, deje de continuar cayendo hasta el corazon. Dice Alemeon, aunque Aristóteles lo niega, que las cabras no respiran por las narices sino por las orejas: yo no sé lo que hay en esto, pero lo que si sé es que nuestro corazon respira por los oidos, pues así como respira por la boca, por la cual exhala sus pensamientos, así por los oidos respira, recibiendo los pensamientos de los otros. Guardemos pues cuidadosamente los oidos del aire de las palabras necias, porque sino pronto quedará inficionado el corazon. No escuches proposicion alguna, sea con el pretexto que fuere pues en esta materia no importa ser incivil y grosera.

Acuérdate de que has consagrado tu corazon á Dios, y que habiéndole consagrado tu amor, seria sacrilegio quitarle una partecita. Antes bien vuélvesele á consagrar de nuevo, haciendo mil resoluciones y protestas, y manteniéndote entre ellas como un ciervo en su fuerte, invoca á Dios, que él te socorrerá, y su amor decidirá bajo su proteccion el tuyo para que viva únicamente para é.

Pero si ya estás presa en las redes de estos locos amores, ¡ó Dios, cuan dificultoso es que te desprendas! Ponte en su divina presencia, reconoce á su vista tu gran miseria, flaqueza y vanidad, y despues, esforzando el corazon cuanto puedas, detesta los comenzados amores, abjura la vana profesion que has hecho de ellos, renuncia todas las promesas recibidas, y con voluntad plena y absoluta conten tu corazon, resolviéndote á no volver jamas á esos juegos y entretenimientos amorosos.

Si puedes apartarte del objeto, será lo mejor, porque así como los que han sido mordidos de la serpiente, con dificultad se curan á vista de los que en otro tiempo fueron heridos de la misma mordedura; así la persona picada de amor, difícilmente curará de esta pasion mientras esté cerca de la otra que ha padecido la misma picadura. Sirve mucho la mutacion del lugar para calmar los ardores é inquietudes del dolor ó del amor. Cuenta de un mancebo san Ambrosio en el libro segundo de la penitencia102, que habiendo hecho un largo viage, volvió enteramente libre de los necios amores que antes habia tenido, y tan cambiado, que encontrándole su loca amante, y diciéndole: ¿qué no me conoces? mira que soy la misma: sí, respondió él, pero yo no soy el mismo: y es que la ausencia habia causado esta mutacion dichosa. De sí mismo refiere san Agustin103, que para mitigar el dolor que le afligia por la muerte de un amigo, salió de Tagaste, donde sucedió la desgracia, y se fué á Cartago.

¿Y qué ha de hacer el que no puede ausentarse? Es absolutamente necesario cortar toda conversacion particular, trato secreto, miradas tiernas, sonrisas, y en una palabra, toda especie de comunicacion y cebo que pueda servir de pábulo á un fuego que tal hedor y tan denso humo despide: ó á lo sumo, si es forzoso hablar al cómplice, ha de ser para declararle con una protesta resuelta, breve y severa el divorcio eterno que se le ha jurado. Con cualquiera que haya caido en las asechanzas de los enamoramientos hablo y le digo con cuanta eficacia puedo: corta, divide, rompe, no te detengas á descoser estas locas amistades, rásgalas, no desates las ligaduras, rómpelas ó córtalas; así que esas ataduras y cordeles nada valen. No se debe usar de condescendencia con un amor tan contrario al amor de Dios.

Pero aun despues de rotas las cadenas de esta infame esclavitud, todavía me resentiré algun tanto, y me quedarán señales y marcas de los grillos en los pies, esto es, en mis afectos. No quedarán, Filotea, con tal que hayas detestado tu mal tanto como merece, porque en tal caso no sentirás mas movimiento que un sumo horror de este amor infame, y de todo cuanto tiene conexión con él, no conservarás mas afecto al objeto abandonado que una caridad muy pura y con respeto á Dios; pero si por ser imperfecto tu arrepentimiento te quedan aun inclinaciones malas, busca la interior soledad del alma que antes te dije, retírate á ella lo mas que puedas: y por medio de muchas repetidas aspiraciones, renuncia tus inclinaciones, y detéstalas con todas tus fuerzas: lee libros devotos con mas frecuencia que otras veces: confiésate mas á menudo que acostumbras, y comulga: trata con humildad y claridad de todas las sugestiones y tentaciones que acerca de esto te sobrevinieren con tu director, si puedes, y si no á lo menos con alguna persona fiel y prudente, y no dudes que Dios te librará de todas las pasiones, con tal que continúes fielmente en estos ejercicios.

Es ingratitud, me dirás, romper tan desapiadadamente una amistad. ¡O feliz ingratitud, que nos hace agradables á los ojos de Dios! pero créeme, Filotea, no será ingratitud, sino hacer un gran beneficio al amante, porque rompiendo tus prisiones, romperás las suyas, que unas mismas os aprisionaban á entrambos, y aunque él por entonces no conozca su felicidad, la reconocerá bien presto, y cantará contigo en accion de gracias: ¡O Señor! rompiendo habeis mis ataduras, yo os sacrificaré una hostia de alabanza, é invocaré vuestro nombre santo104.

Capitulo XXII
Algunos avisos mas acerca de las amistades
Aun me queda sobre este particular una advertencia muy importante: como la amistad requiere entre los amantes mucho trato, sin el cual ni pueden nacer ni subsistir, suelen entrarse juntas con la comunicacion de la amistad otras muchas comunicaciones, resbalándose sin sentir de corazon en corazon, pues mutuamente se infunden, y como que destilan uno en otro sus afectos, inclinaciones é impresiones: y esto especialmente sucede cuando estimamos mucho á la persona amada, porque entonces franqueamos tanto el corazon á su amistad, que fácilmente se introducen con ella todas las inclinaciones pe impresiones buenas ó malas, así como las abejas de Heraclea, aunque no buscan en el acónito mas que miel, chupan insensiblemente en ellas las calidades venenosas de aquella planta. Conviene pues, Filotea, practicar en esta materia la advertencia que solia dar el Salvador de nuestras almas, segun dicen los antiguos: Sed buenos cambiantes y monederos, esto es, no recibais la moneda falsa entre la buena, ni el oro de baja ley entre el fino: separad lo precioso de lo vil. Así ha de ser, porque no hay casi ninguno que no tenga sus defectos, y ¿por qué hemos de recibir con la amistad las tachas é imperfecciones del amigo? Ciero es que debemos amarle, aunque sea imperfecto, pero no debemos amar ni recibir sus imperfecciones, pues la amistad requiere comunicacion del bien, no del mal. Así como los que sacan la arena del Tajo recogen el oro que entre ella se encuentra, y dejan la arena en las orillas, así los que tienen la comunicacion de una buena amistad, deben apartar la arena de las imperfecciones, y no dejar que se introduzca en su alma. Asegura san Gregorio Nacianceno105, que muchos amantes y admiradores de san Basilio se dejaban llevar del deseo de imitarle hasta en sus imperfecciones esteriores, en su modo lento de hablar, en el espíritu abstraido y pensativo, y hasta en la forma de la barba y en la manera de andar: y tambien nosotros vemos maridos, mugeres, hijos y amigos, que formando gran concepto de sus amigos, padres, maridos y mugeres, con el comercio de amistad que tienen entre sí, adquieren, ó por condescendencia ó por imitacion mil caprichos malos, aunque levemente. Por ningun motivo se debe hacer esto, que bastantes son las malas inclinaciones que cada uno tiene, sin cargarse con las de otros: lejos de requerir tal cosa la amistad, exige por el contrario que nos ayudemos mutuamente para librarnos unos á otros de todas las imperfecciones: debemos sin duda sufrir con dulzura las flaquezas de nuestros amigos, mas no inducirlos á ellas, y mucho menos contraerlos nosotros.

Pero hablo solamente de las imperfecciones, porque en cuanto á pecados, ni se ha de inducir al amigo á ellos, ni aun se le deben sobrellevar: amistad que viendo perecer al amigo no le socorriese, y mirándole cercano á morir de una apostema, no osase darle el lanzetazo de la correccion para salvarle, seria debil ó mala: la amistad verdadera y viva no puede subsistir entre pecados. Se dice que la salamandra apaga el fuego en que se arroja, el pecado sí que destruye la amistad en que se aposenta; porque si el pecado es pasagero, de ordinario le ahuyenta la amistad con la correccion, y si permanece y se detiene, al punto se acaba la amistad, que solo puede subsistir sobre el fundamento de la verdadera virtud: y siendo esto así, mucho menos se debe pecar por la amistad, pues es verdadero enemigo el amigo que quiere inducirnos á pecar, y merece perder la amistad el que pretende perder y condenar á su amigo. Por esto una de las señales mas ciertas de amistad falsa es ser con persona viciosa, sea en la especie de pecados que fuere: si es vicioso el amado, sin duda será viciosa la amistad, que no pudiendo tener por objeto la verdadera virtud, mirará ciertamente á alguna virtud engañosa ó prenda sensual. De la compañía que forman entre sí los comerciantes para las ganancias temporales solo se puede decir que es imagen de la amistad verdadera, porque no se hace por amor de las personas, sino por amor de la ganancia.

Por conclusion sirvan de columnas firmísimas para asegurar bien la vida cristiana estas dos divinas sentencias, una del Sabio, que dice: El que teme á Dios, igualmente tendrá buena amistad106; y otra de Santiago: La amistad de este mundo es enemiga de Dios107.

Capitulo XXIII
De los ejercicios de la mortificacion esterior
Dicen algunos que tratan de agricultura y de cosas del campo, que si en una almendra bien entera se escribe cualquier palabra, y poniéndola despues dentro de su cáscara, esta se cierra y une perfectamente, y se planta de este modo, el arbol que nazca producirá todas las almendras con la misma inscripcion. Sea de esto lo que fuere, yo jamas he aprobado el método de algunos, que empiezan á reformar al hombre por el esterior, por los movimientos, por los vestidos y por los cabellos.

Al contrario me parece á mi, que se ha de dar principio por el interior: Convertios á mi de todo vuestro corazon108, dice Dios. Hijo mio, dame tu corazon109; porque siendo el corazon el principio de las acciones, estas son tales cual es él. Ponme, dice el Esposo divino convidando al alma, ponme como un sello sobre tu corazon, como un sello sobre tu brazo110; y con razon, pues quien tenga en su corazon á Jesucristo, bien presto le tendrá en todas sus acciones esteriores. Por eso, amada Filotea, ante todas cosas he querido grabar y esculpir en tu corazon esta espresion santa y sagrada: VIVA JESUS, asegurado de que con esto tu vida, que procede del corazon, como el almendro nace de la almendra, producirá todas las acciones, que son sus frutos, con esta misma saludable espresion, grabada y esculpida; y de que así como el dulcísimo Jesus vivirá dentro de tu corazon, así tambien vivirá en todas tus acciones y se dejará ver en tus ojos, en tu boca, en tus manos, y aun en tus cabellos, y podrás decir como san Pablo: Vivo yo, pero ya no yo, vive en mí Jesucristo111. En una palabra: es dueño de todo el hombre quien es dueño de su corazon; pero como tambien al corazon, por donde quiero dar principio, es necesario instruirle de cómo ha de ordenar su porte y esterior continente, para que se deje ver allí, no solo la santa devocion, sino tambien gran discrecion y prudencia, voy á darte con brevedad muchas advertencias para ello.

Si puedes llevar el ayuno, convendrá que ayunes algunos dias mas que los de precepto de la Iglesia, porque con el ayuno, ademas de levantar el espíritu, reprimir la carne, practicar la virtud, y ganar mayor recompensa en el cielo, que son sus regulares efectos, se adquiere un gran bien en mantener la posesion de tratar con dureza á la glotonería, y tener el apetito sensual y el cuerpo sujeto á la ley del espíritu; y aunque no ayunemos mucho, con todo el enemigo nos teme mas cuando conoce que sabemos ayunar. Los antiguos cristianos guardaban abstinencia, particularmente los miércoles, viernes y sábados, y así de estos dias puedes tomar los que tu devocion y la prudencia de tu director te dictaren. Convengo desde luego en lo que escribia san Gerónimo á la virtuosa matrona Leta112: «Mucho me desagradan los ayunos «largos é inmoderados, particularmente entre las «personas de tierna edad,» porque la esperiencia me ha enseñado que el jumentillo, cuando está muy cansado del camino, busca el modo de salirse de él: quiero decir, que los jóvenes que enferman por el escaso de los ayunos suelen volverse á la vida delicada. Así como los ciervos corren poco en dos tiempos, esto es, cuando están demasiado gordos, y cuando están demasiado flacos, así tambien nosotros estamos muy espuestos á las tentaciones cuando el cuerpo está alimentado con demasía, y cuando está demasiado descaecido; porque lo uno le hace insolente con la comodidad, y lo otro con la incomodidad le hace desesperado: no podemos con él cuando está muy grueso, y él no puede con nosotros cuando está muy flaco. La falta de moderacion en los ayunos, disciplinas, cilicios y asperezas dejan á muchos en los mas preciosos años de su vida incapaces de ejercer obras de caridad, como sucedió á san Bernardo, que sentia haber practicado demasiadas austeridades, y estos tales, por lo mismo que han maltratado á su cuerpo al principio, se ven obligados á lisonjearle al fin: ¿no hubiera sido mejor tratarle siempre de un mismo modo con proporcion á los oficios y trabajos á que su condicion los obliga?

Así el ayuno como el trabajo sirven para macerar y abatir la carne, con que si al trabajo en que te has de emplear es necesario ó muy util para gloria de Dios, mas quisiera yo que sufrieses la pena del trabajo que la del ayuno: de esta manera piensa la Iglesia, que dispensa aun los ayunos de precepto por las fatigas útiles al servicio de Dios y del prójimo. Uno se mortifica en ayunos, y otro en servir á los enfermos, visitar á los encarcelados, confesar, predicar, consolar á los afligidos, orar y otros semejantes ejercicios, pues esta mortificacion es mas preciosa que aquella, porque, á mas de que mortifica como ella, produce otros frutos mas apetecibles. Y por tanto, hablando en general, mejor es conservar algunas fuerzas corporales mas de las precisas, que no destruir mas de las que conviene, porque siempre estamos á tiempo de destruir cuando nos parezca, y no siempre lo estamos de reparar cuando queremos.

Debemos mirar con gran reverencia el dicho de Jesucristo nuestro Señor y Redentor á sus discípulos: Comed lo que os pongan delante113. A mí entender, comer sin eleccion lo que le pongan á uno delante, y con el mismo orden que se lo den, ó ya sea, ó ya no sea a su gusto, es mayor virtud que escoger siempre lo peor, pues aunque este último modo de vivir parece mas austero, el otro es mas resignado, porque en él no solo se renuncia el propio gusto, sino tambien la propia eleccion, y no es poca austeridad volver el gusto á todas partes, y tenerle sujeto á cualquier acaecimiento; á lo cual se añade, que esta especie de mortificacion no es visible, ni incomoda á nadie, y es la mas propia de la vida civil. No querer un manjar para tomar de otro, picar y probaar todos los platos, no encontrar nada bien guisado ni bastante limpio, hacer gestos á cada bocado son muestras de un corazon flaco, que pone su atencion en los platos y en las escudillas. Cuando es vez de agua ó vino veo beber aceite á san Bernardo, le juzgo mas digno de alabanza que si con reflexion y estudio hubiese bebido agua de ajenjos, porque es prueba clara de que no pensaba lo que bebia, y en este descuido de lo que se ha de comer ó beber consiste la perfecta práctica de aquella sagrada sentencia: Comed lo que os pongan delante. Con todo, de esta regla esceptuo los manjares dañosos á la salud, ó que perturban la razon, como son, para muchas, las cosas cálidas y cargadas de especias, las que se suben á la cabeza, ó son flatulentas: y tambien esceptuo aquellas ocasiones en que la naturaleza necesita recreo y auxilio para poder llevar algun trabajo de la gloria de Dios. Mas vale una sobriedad moderada y continua, que guardar mucha abstinencia unas temporadas, y tener otras gran relajacion.

Si se usa con moderacion la disciplina, es sumamente eficaz para dispertar el gusto de la devocion: el cilicio es muy poderoso para macerar el cuerpo, pero por lo comun no es conveniente á los casados: ni á los de complexion delicada, ni á los que han de sufrir otros grandes trabajos: con todo, en los dias mas señalados de penitencia podrán usar de él con el dictamen de un confesor discreto.

Para el sueño cada uno ha de tomar de la noche aquel tiempo que según su complexion necesita, para velar bien y con utilidad todo el dia. Y pues la sagrada Escritura en muchos lugares, el ejemplo de los Santos, y aun la razon natural nos recomiendan encarecidamente la madrugada, como la mejor y mas util parte del dia, y pues nuestro Señor toma el nombre de sol que sale, y nuestra Señora el de aurora del dia, tengo por práctica virtuosa el recogerse á dormir temprano por la noche para levantarse bien de madrugada: este tiempo es ciertamente el mas agradable y dulce, y el mas desembarazado: aun los pajarillos nos provocan en él á levantarnos y alabar á Dios: y así que el madrugar es saludable para el alma y para el cuerpo.

Camina Balan sobre su jumentilla hácia donde está Balac, pero como no lleva recta intencion, le espera en el camino el angel del Señor con una espada en la mano para darle muerte: la jumentilla que ve el angel se para por tres veces como inmoble: hiérela cruelmente Balan con la vara para que ande, hasta que á la tercera vez, echándose con él en la tierra, le habla milagrosamente, y le dice: ¿Qué te he hecho? ¿por qué me hieres ya por tercera vez? Y al punto se abren los ojos de Balan para que vea al angel, el cual le dice: ¿Por qué hieres á tu jumentilla? Si ella no se hubiera apartado del camino, cediendo á mi resistencia, yo te hubiera dado á ti la muerte, y á ella la hubiera dejado viva. Entonces responde Balan: Pequé porque no sabia que tú estabas oponiéndote á mi camino114. ¿Ves esto Filotea? Balan que es la causal del mal, castiga y hiere á la pobre jumentilla que no puede remediarlo, pues así nos suele suceder á nosotros muchas veces. Aquella muger ve á su marido ó su hijo enfermo, y al punto echa mano del ayuno, del cilicio, de la disciplina, como hizo David en un caso semejante. ¡Ah querida! tú hieres á la pobre jumentilla, afliges al cuerpo que no tiene la culpa de tu mal, ni de que Dios tenga la espada desenvainada contra ti: corrige tu corazon que idolatra á ese marido, y que permite á ese hijo tantos vicios, y le enseña á ser soberbio, vano y ambicioso. Aquel hombre ve que con frecuencia cae torpemente en pecados de lujuria, y el remordimiento interior de su conciencia le sale al encuentro con la espada en la mano para traspasarle con un saludable temor: entonces por lo comun, entrando en sí mismo, esclama su corazon: ¡ah cuerpo desleal! tú me has hecho traicion. Y de contado descarga sobre su carne ásperos golpes, y se entrega á inmoderados ayunos, á desapiadadas disciplinas y á insoportables cilicios. ¡Ah pobre alma! Si pudiese tu carne hablar como la jumentilla de Balan, te diria: ¿Por qué me hieres tú, ruin, si es contra ti contra quien Dios asesta su venganza? tú eres la culpada alma mia: ¿por qué me llevas á las conversaciones malas? ¿por qué empleas en lascivias mis ojos, mis manos y mis labios? ¿por qué me alteras con torpes imaginaciones? ten tú pensamientos buenos, y no tendré yo movimientos malos: trata con personas castas, y no me veré yo agitada de la concupiscencia; ¡pero ay! despues que tú misma me arrojas á las llamas, pretendes que no me queme: me echas tú misma el humo á los ojos y quieres que mis ojos no se inflamen. En estos casos aun el mismo Dios os está diciendo: herid, romped, hended, desmenuzad en primer lugar vuestros corazones, porque el objeto de mi indignacion son ellos. Así como para curar la comezon no son tan provechosos los lavatorios y baños esteriores como los medicamentos que purifican la sangre y refrescan el hígado; así para curarnos de los vicios, aunque en la realidad es bueno mortificar la carne, es mucho mas necesario purificar nuestros afectos y refrescar nuestros corazones. Finalmente, por regla general, nunca se han de hacer penitencias corporales sin consejo del director.

Capitulo XXIV
De las conversaciones y de la soledad
En la devocion propia de las personas que viven en el mundo, que es de la que estamos tratando, son estremos represibles, así el andar en busca de conversaciones, como en andar huyendo de ellas, porque huirlas parece desvío y desprecio del prójimo, y buscarlas no deja de ser ociosidad inutil. Hemos de amar á nuestros prójimos como á nosotros mismos, y así para mostrar que los amamos: no huyamos de estar con ellos, y para dar testimonio de que nos amamos á nosotros, gustemos de estar con nosotros mismos, esto es, de estar solos. Primero has de pensar en ti, dice san Bernardo115, y despues en los demas: y así si no tienes precision de concurrir á conversar con otros, ó de recibirlos en tu casa, éstate dentro de ti misma, y conversa con tu corazon; pero si viene á buscarte la conversacion, ó tienes justo motivo de irla á buscar, ve en nombre de Dios, y mira á tu prójimo, Filotea, con buena voluntad y con buenos ojos.

Llamamos conversaciones malas á las que se tienen con mala intencion, sea la que fuere, y tambien las que se tienen con personas viciosas, atrevidas y disolutas, y en cuanto á estas es necesario huir de ellas como huyen las abejas de los enjambres de tabanos y abispas; pues al modo que el sudor, el aliento y la saliva de los que han sido mordidos de un perro rabioso es peligrosa, especialmente para los niños y personas delicadas de complexion, así tambien es arriesgado y peligroso el trato de las gentes viciosas y disipadas, pero en especial para aquellos cuya devocion está todavía delicada y endeble.

Tambien hay conversaciones que únicamente sirven de pasatiempo, y que se tienen solo por divertirse de las ocupaciones serias: estas, aunque no conviene entregarse á ellas, se pueden tener en el tiempo destinado para recreacion.

Otras conversaciones hay de urbanidad, como las mutuas visitas y ciertas concurrencias que se hacen para obsequiar al prójimo, acerca de las cuales ni ha de haber nimiedad en hacerlas ni descortesía en despreciarlas, sino cumplir con modestia lo que se debe, huyendo tanto de la rusticidad como de la inmoderada ligereza.

Restan ahora las conversaciones útiles, como son las de personas devotas y virtuosas; y ¿qué gran bien bien será para ti, Filotea, encontrar tales conversaciones á menudo? La viña plantada entre los olivos produce uvas crasas, que tienen algun sabor de aceituna, y el alma que anda entre las gentes virtuosas no puede menos de participar de sus calidades. Los zánganos solos no pueden hacer miel, pero mezclados con las abejas las ayudan á formarla: así no es muy provechoso para acostumbrarnos á la devocion conversar con las almas devotas.

En cualquiera conversacion en apreciable la sinceridad, sencillez, dulzura y modestia; pero hay algunos que hacen todas las acciones y movimientos con tanto artificio que á todos empalagan: y asi como nadie podria sufrir á uno que al pasearse fuese siempre contando los pasos, y que no hablase sin cantar, así tambien son sumamente enfadosos en el trato los que tienen afectacion y hacen todas las acciones á compas: tales gentes siempre son algo presuntuosas. De ordinario conviene que en nuestra conversacion se vea una alegría moderada: por eso son tan celebrados San Romualdo y San Antonio, que en medio de sus grandes austeridades mostraban en el rostro y en la conversacion alegría, buen humor y civilidad. Alegraos con los que se alegran116, dice el Apostol, y en otro lugar: Alegraos siempre en el Señor, y vuestra modestia sea visible á todos los hombres117. Para alegraros pues en nuestro Señor, no solo ha de ser lícita, sino tambien honesta la materia de vuestra alegría: digo esto, porque hay cosas que son lícitas, pero no son honestas: y para que se vea vuestra modestia, huid de desvergüenzas, que siempre son reprensibles. Dejar caer á uno, tiznar á este, picar al otro, hacer mal á un simple son diversiones necias é insolentes.

Pero ademas de la soledad mental, á la cual puedes retirarte aun en las grandes concurrencias, como dijimos arriba, siempres has de gustar de la soledad real, esto es, la soledad del lugar. No digo por esto que te retires á los desiertos como santa María Egipciaca, san Pablo, san Antonio, Arsenio y otros Padres del yerno, sino que estés algun rato en tu cuarto, ó en tu jardin, ó en otra parte donde con mas comodidad puedas retirar tu espíritu dentro del corazon, y recrear tu alma con buenas consideraciones y pensamientos santos, ó con alguna lectura santa, como hacia el insigne san Gregorio Nacianceno, el cual dice, hablando de sí propio118: «Paseábame yo solo por la orilla del mar «á la caida del sol, porque acostumbro usar de «esta recreacion para descansar y sacudir algun «tanto las molestias ordinarias. Y en seguida de esto trata de aquel buen pensamiento que tuvo, y que ya en otro lugar he referido119. Y en esto tambien imitirás á san Ambrosio, de quien cuenta san Agustin120, que cuando entraba en su cuarto (pues á nadie cerraba la puerta) le veia leer, y esperando algun tiempo, se solia retirar sin decirle palabra, por no incomodarla, juzgando que no se le debia quitar á este insigne Pastor aquel corto tiempo que le quedaba para restablecer y recrear el espíritu del bullicio de tantos negocios. Así tambien nuestro Señor cuando le contaron los apóstoles lo mucho que habian predicado y hecho, los dijo: Venid á parte á un lugar desierto, y descansad un poco121.

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