Introducción 17 a la vida devota
Capitulo XL
Avisos para las viudas
Instruyendo san Pablo á todos los prelados en persona de Timoteo, dice: Honra á las viudas que son verdaderamente viudas162. Para que sean pues verdaderamente viudas se requieren las circunstancias siguientes.
1ª. La viuda lo ha de ser no solo de cuerpo sino tambien de corazon, esto es, estar inviolablemente resuelta á mantenerse en el estado de una casta viudez, porque las viudas, que lo son únicamente mientras hallan proporcion de volverse á casar, no están separadas de los hombres mas que en cuanto á los placeres del cuerpo, pero están unidas á ellos en cuanto á la voluntad del corazon: y si la verdadera viuda, para confirmarse mas en su estado, quiere ofrecer con voto su cuerpo y su castidad á Dios, añadirá á la viudez un nuevo esmalte, y afirmará mucho mas su resolucion, porque al ver, que despues de pronunciado el voto, no está ya en su mano dejar la castidad sin dejar el cielo, será tan solícita en mantener su propósito, que ni siquiera un simple pensamiento de matrimonio dejará para un instante en su corazon, siendo este sagrado voto una fuerte muralla, que separará el alma de cualquier designio contrario á su resolucion. Este voto aconseja san Agustin con grande encarecimiento á la viuda cristiana163, y el antiguo sabio Orígenes164 pasa aun mucho mas adelante, porque aconseja á las casadas que hagan voto y se consagren á la castidad viudal, en caso de fallecer sus maridos antes que ellas, á fin de que, entre los placeres sensuales que han de gozar en el matrimonio, puedan lograr el mérito de una casta viudez por medio de esta promesa anticipada. Hace el voto mas agradable á Dios las obras que en virtud de él se ejecutan, fortalece el ánimo para hacerlas, y consagra al Señor, no solamente las acciones, que son como frutos de la voluntad, sino tambien la voluntad misma, que es como arbol que produce las acciones. Por la castidad sola entregamos nuestro cuerpo á Dios, pero reservándonos la libertad de poder dedicarle otra vez á los placeres sensuales; mas por el voto de castidad hacemos de él donacion absoluta é irrevocable, y quedamos sin accion alguna para volvernos atrás, haciéndonos por tanto dichosamente esclavos de aquel Señor, cuya esclavitud es mejor que reinar. Pero si bien los dictámenes de estos dos insignes autores merecen en mi estimacion un grande aprecio, quisiera con todo que aquellas almas, que por dicha se sienten con voluntad de seguirlos, lo ejecutasen con prudencia, santidad y solidez, examinando bien sus fuerzas, implorando la luz del cielo, y tomando consejo de algun director prudente y piadoso, pues de esta manera se hará todo con gran fruto.
2ª. Demas de esto es necesario que el fin de renunciar las segundas nupcias sea mera y simplemente convertir hácia Dios todos los afectos con mayor pureza, y unir por todas partes el corazon con el de su Divina Magestad; porque, si se mantiene la viuda en tal estado para que sus hijos queden ricos, ó por algun otro deseo mundano, logrará tal vez ser alabada, pero no delante de Dios, pues delante de este Señor solo es verdaderamente digno de alabanza lo que se hace por él.
3ª. Ademas de esto la viuda, para serlo verdaderamente, ha de vivir separada y privada voluntariamente de todos los placeres profanos, pues viuda que vive entre delicias está ya muerta en vida, como dice san Pablo165: querer mantenerse viuda y al mismo tiempo alegrarse de ser festejada, celebrada y lisonjeada, querer asistir á los bailes, danzas y festines, llevar olores, adornos y atavíos, es lo mismo que vivir en cuanto al cierpo, pero estar muerta en cuando al alma. ¿Qué mas da, decidme, que la muestra de la posada de Adonis, y del amor profano se ponga con plumajes blancos, colocados á manera de penachos, ó con velo negro ceñido al rededor del rostro á manera de red? antes muchas veces lo negro se suele preferir por vanidad á lo blanco, para dar mas viveza al color: esperimentada la viuda de como pueden las mugeres agradar á los hombres, pone á sus almas un cebo mucho mas peligroso: luego la viuda que vive entre estos locos placeres está muerta en vida, y hablando con propiedad es solamente fantasma de viudez.
Llegando ha el tiempo de la poda, la voz de la tortolilla se ha oido en nuestra tierra166, dicen los cantares: y si la poda de de las superfluidades es necesaria para cualquiera que quiere vivir piadosamente, es mucho mas necesaria para la verdadera viuda, que cual casta tortolilla acaba de llorar, gemir y lamentarse de la pérdida de su marido. Cuando volvió Noemí de Moab á Belen167, se preguntaban unas á otras las matronas de la ciudad que la habian conocido recien casada, ¿no es esta Noemí? pero ella replicaba, no me llameis por vida vuestra Noemí (que quiere decir agraciada y hermosa), sino llamadme Mara, pues el Señor ha llenado mi alma de amargura; y decia esto, porque le habian muerto á su marido. Así la viuda devota jamas quiere ser llamada ni tenida por hermosa y agraciada, y se contenta con ser lo que Dios quiere que sea, esto es, humilde y abatida delante de sus ojos.
Al modo que las lámparas que arden con aceite aromático, cuando se apaga su llama despiden mas suave olor, así las viudas que tuvieron un amor puro en el tiempo de su matrimonio, difunden mas perfume de virtud y de castidad cuando la muerte ha estinguido su luz, esto es su esposo. Amar al marido mientras vive es cosa bastante comun entre las mugeres; pero amarle tanto, que despues de su muerte no se quiera otro, es un grado de amor, que solo pertenece á las verdaderas viudas: esperar en Dios cuando se tiene por apoyo al marido, no es muy raro; pero esperar en Dios hallándose destituida de aquel apoyo, es cosa muy digna de alabanza: por eso en la viudez se conoce mas claramente la perfeccion de las virtudes que se profesaron en el matrimonio.
La viuda que tuviere hijos que necesiten de su diligencia y gobierno, particularmente en lo que toca á su alma y á su establecimiento, ni puede ni debe por ningun motivo abandonarlos, pues claramente dice el apostol san Pablo168, que están obligadas á tener este cuidado, en pago del que tuvieron con ellas sus padres y madres, y mucho mas porque si alguno no tiene cuidado de los suyos, en especial de los de su familia, es peor que un infiel169: pero si los hijos se hallan ya en estado de no necesitar direccion, debe entonces reunir todos sus afectos y pensamientos para emplearlos únicamente en su propio aprovechamiento en el amor de Dios.
A la verdadera viuda le aconsejo, que, á no tener obligacion de conciencia que la precise, se abstenga totalmente de entrar en negocios esteriores, cuales son los pleitos, y que maneje sus asuntos del modo mas pacífico y tranquilo que pueda, aunque parezca que no es el mas lucroso, pues muy grandes han de ser los frutos de tales enredos para ser comparables con el bien de una tranquilidad santa: y dejo á parte que los pleitos y semejantes embrollos disipan el corazon, y no pocas veces dan entrada á los enemigos de la castidad, pues por complacer á aquellos, cuyo favor se necesita, se usa de modales poco conformes á la devocion, y desagradables á Dios.
Ha de ser la oracion ocupacion continua de la viuda, pues como su amor debe ser solo para Dios, no ha de hallar casi palabras mas que para hablar con él. Y al modo que un hierro que no puede correr á juntarse con el iman, por estar presente un diamante, apenas se quita este cuando se va hácia el iman, así la viuda que durante la vida de su esposo no podia comodamente arrojarse del todo en manos de Dios, siguiendo los atractivos de su divino amor, muerto ya su esposo ha de correr fervorosa tras el olor de los perfumes celestiales á imitacion de la sagrada Esposa, diciendo: Señor, ahora que soy del todo mia recibidme por vuestra del todo, llevadme en pos de vos, correremos al olor de vuestros ungüentos170.
Las virtudes mas propias de una viuda santa son suma modestia, desvío de honras, dignidades, concurrencias, títulos y semejantes vanidades, cuidar de los pobres y enfermos, consolar á los afligidos, enseñar á las doncellas la vida devota, y ser para los jóvenes perfecto dechado de todas las virtudes: la limpieza y sencillez han de adornar sus vestidos, la humildad y caridad sus acciones, la honestidad y agasajo y su lenguaje, sus ojos la modestia y el pudor, y ha de ser Jesucristo crucificado el único amor de su corazon.
En una palabra, es en la Iglesia la verdadera viuda violeta del mes de marzo, que despide incomparable fragancia con el olor de la devocion, está casi siempre oculta entre las anchas hojas de la humildad, en su color apagado manifiesta la mortificacion, y se cria en los parages frescos é incultos, no queriendo verse molestada de la conversacion de los mundanos, para guardar mejor la frescura de su corazon, de los ardores que pudieran ocasionarle los deseos de conveniencias, de honras y aun de amores. Bienaventurada será, dice el apostol, si así permaneciere171.
Mucho mas pudiera decir sobre este asunto, pero lo diré todo solo con aconsejar á la viuda zelosa de la honra de su estado, que lea con atencion las admirables epístolas que el máximo Doctor san Gerónimo escribe á Furia, á Salvia y á las demas matronas que tuvieron la dicha de ser hijas espirituales de tan grande padre, pues á lo que allí dice, solo se puede añadir que la verdadera viuda no debe motejar, ni censurar á las que contraen segundas, terceras ó aun cuartas nupcias, porque algunas veces lo dispone así Dios para su mayor gloria: y siempre se ha de tener á la vista ni la virginidad tienen en el cielo otro puesto que el que les señala la humildad.
Capitulo XLI
Una palabra á las vírgenes
Vírgenes, si pensais en abrazar el estado del matrimonio temporal, guardad cuidadosamente el primer amor para vuestro primer marido, pues tengo por falsedad ofrecerle, en vez de un corazon íntegro y sincero, un corazon usado, adulterado y agitado por el amor. Pero si por dicha sois llamadas á las castas y virginales nupcias del espíritu, y quereis conservar perpetuamente vuestra virginidad para Dios, conservad tambien vuestro amor con la mas esquisita diligencia que podais para este divino esposo, que siendo la pureza misma, ama sobremanera la pureza, y aunque le son debidas las primicias de todas las cosas, se le deben en especial las del amor. En las epístolas de san Gerónimo hallareis cuantos documentos os sean necesarios: y pues vuestro estado os obliga á la obediencia, escoged una guia espiritual, bajo cuya direccion podais con mayor santidad consagrar vuestro corazon y vuestro cuerpo á la Magestad Divina.
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49
Eccles. c. 22. v. 6.
50
Ad Rom . c. 12. v. 15.
51
I ad Cor. c. 13. v. 4.
52
Orat. 16.
53
Serm. 214 de Temp. De grat. Nov. Testam. ep. 220 et alibi.
54
Epitaph. Paulae ad Eustod.
55
Prov. c. 3. v. 5.
56
Ad. Hebr. c. 10. v. 36.
57
Luc. c. 21. v. 19.
58
Moral lib. 26. c. 2.
59
Ad Rom. c. 4. v. 2.
60
Joan. c. 26. v. 21.
61
2. 2. q. 27. a. 3.
62
Luc. c. 1. v. 46 y 48.
63
Isai. c. 7. v. 11.
64
Psalm. 83. v. 11.
65
Psal. 21. v. 7.
66
Eccl. c. 41. v. 15.
67
Psalm. 51. v. 4.
68
II ad Cor. c. 6. v. 8.
69
Psalm. 68. v. 8.
70
Math. c. 11. v. 29.
71
Jacob. c. 1. v. 20.
72
Enar. in Psalm 6.
73
Epist. 149.
74
Psalm. 6. v. 8 y 5.
75
Epist. 75.
76
Psalm. 42. v. 5.
77
Luc. c. 10. v. 41.
78
Prov. c. 19. v. 2.
79
De morib. et offic. Episcop. cap. 11.
80
Confes. lib. 6. c. 10.
81
Epist. 89. alias 47. ad Matr. et Fil.
82
Ad Hebr. c. 12. v. 14.
83
In cap. 47. Ezech.
84
Hom. 31. in Epist. ad. Hebr.
85
Apoc. c. 22. v. 15.
86
Math. c. 5. v. 8.
87
Ad Ephes. c. 5. v. 5.
88
Instit. lib. 6. De spirit. fornic. c. 19.
89
Post initum.
90
Cuan justo sea este modo de pensar de S. Francisco de Sales lo muestra el mismo S. Basilio en la Epístola á su discípulo Chilon: Mulieres se meis hisce oculis visendas offerebant, quarum proecellenti elegantia et decore mece tentaretur integritas pudicitice. Et quidem flagitium vitavi fornicationis: at mundivia virginatis florem arcana cordis cogitatione foedavi.
91
Math. c. 5. v. 5.
92
Ose. c. 9. v. 10.
93
ad Cor. c. 11. v. 29.
94
Math. c. 25. v. 25.
95
Carm. 65 advers. mulier. ambitios. sese exorn.
96
Eccli. 12. v. 13.
97
Psalm. 132. v. 1.
98
Orat. 20. in. laud. Basil.
99
Confes. lib. 4. c. 1.
100
2. 2. q. 23. a. 3. ad 1.
101
Carm. 63. ubi supr.
102
De poenit. lib. 2. c. 10.
103
Conf. lib. 4. c. 7.
104
Psalm. 115. v. 7.
105
Orat. 20. prop. fin.
106
Eccli. c. 6. v. 17.
107
Jac. c. 4. v. 4.
108
Joel. c. 2. v. 12.
109
Prov. c. 23. v. 26.
110
Cant. c. 8. v. 6.
111
Ad Gal. c. 2. v. 20.
112
Epist. ad. Loet. de. inst. fil.
113
Luc. c. 10. v. 8.
114
Numer. c. 22. v. 28.
115
de Consid. ad. Eng. lib. 1. c. 5.
116
Ad Rom. c. 12. v. 15.
117
Ad Philip. c. 4. v. 4.
118
Orat. 28.
119
Pant. 2. c. 15.
120
Conf. lib. 6. c. 5.
121
Marc. c. 6. v. 31.
122
Ad Timoth. c. 2. v. 9.
123
Petr. c. 3. v. 3.
124
Prov. c. 31. v. 25.
125
Math. c. 12. v. 37.
126
Psalm. 36. v. 30.
127
Jacob. c. 3. v. 2.
128
Math. c. 12. v. 34.
129
ad Cor. c. 15. v. 33.
130
Luc. c. 6. v. 37.
131
Ad Cor. c. 4. v. 5.
132
Ad Cor. c. 11. v. 31.
133
Amos. c. 5. v. 7.
134
Luc. 18. v. 11.
135
Lib. de Mod. ben. viv. ad soror, Bernardo tribut. c. 47.
136
Psalm. 139. v. 3.
137
Psalm. 139. v. 3.
138
Sap. c. 1. v. 5.
139
Prov. c. 10. v. 9.
140
Conf. lib. 4. c. 6.
141
Retr. lib. 2. c. 6.
142
Psalm. 38. v. 1.
143
Psalm. 140. v. 3.
144
Collat. 24. c. 21.
145
Tob. c. 3. v. 17.
146
Cant. c. 4. v. 9.
147
Prov. c. 31. v. 19.
148
Math. c. 25. v. 21.
149
Psalm. c. 11. v. 2.
150
Deut. c. 23. v. 13.
151
Ad Ephes. c. 5. v. 32.
152
Ad Ephes. c. 5. v. 25.
153
I Petr. c. 3. v. 7.
154
Orat. 31.
155
I ad Tesal. c. 4, v. 4.
156
Confes. lib. 1. c. 11.
157
Tambien en castellano se usa la voz casa en esta aceptacion, y así decimos la casa de Borbon, la casa de Lara, etc.
158
I ad Cor. c. 7. v. 14.
159
I ad Cor. c. 7. v. 29.
160
Pastor. cur. p. 3. admon. 28.
161
De Civil. D. lib. 15. c. 7.
162
I ad Tim. c. 5. v. 3.
163
De bon. viduit.
164
Homil. 17. in Luc.
165
I ad Tim. c. 5. v. 6.
166
Can. c. 2. v. 12.
167
Ruth. c. 1. v. 19.
168
I ad Tim. c. 5. v. 8.
169
Ib.
170
Cant. c. 1. v. 3.
171
I ad Cor. 7. v. 8.