Tiempos fuertes - Aliento y esperanza
LA OCUPACIÓN DE LA TIERRA PROMETIDA
Después del memorable Éxodo de Egipto y de la Alianza del Sinaí, la ocupación de Canaán es el acontecimiento más decisivo en la historia de Israel. Josué se pone al frente del Pueblo y lleva adelante la obra iniciada por Moisés. Así las tribus que habían salido de Egipto conquistan algunas posiciones estratégicas en las montañas centrales de Palestina y realizan exitosas incursiones hacia el sur y el norte del país. Estos hechos se sitúan entre el 1250 y el 1230 a. C.
El paso del Jordán es la réplica del paso del Mar Rojo (4. 23-24). Este marcó la frontera entre la servidumbre y el camino hacia la libertad. Aquel traza el límite entre la dura marcha por el desierto y la posesión de la “herencia” prometida por el Señor a los Patriarcas. La trascendencia simbólica de este acontecimiento es evocada de manera grandiosa en el relato que describe la travesía del Jordán: allí el verdadero protagonista no es el Pueblo ni Josué, sino el Arca de la Alianza, signo visible de la presencia del Señor, que conduce a Israel hacia su destino.
Los éxitos iniciales de Josué no podían destruir por completo a un enemigo más poderoso, que se hacía fuerte al amparo de ciudades amuralladas. Sus campañas abrieron a los israelitas las puertas de Canaán, pero al término de su vida todavía quedaban muchos territorios sin ocupar (13. 1). Esto nos recuerda que la Tierra es un don recibido del Señor y también algo que siempre es preciso conquistar. Entre el presente y el futuro hay una tensión nunca superada, que recorre toda la existencia del Pueblo de Dios.
Los preparativos para la conquista (Js 1)
1 Después de la muerte de Moisés, el servidor del Señor, el Señor dijo a Josué, hijo de Nun y ayudante de Moisés: 2 “Mi servidor Moisés ha muerto. Ahora levántate y cruza el Jordán con todo este pueblo, para ir hacia la tierra que yo daré a los israelitas. 3 Yo les entrego todos los lugares donde ustedes pondrán la planta de sus pies, como se lo prometí a Moisés. 4 El territorio de ustedes se extenderá desde el desierto y desde el Líbano hasta el Gran Río, el río Éufrates, y hasta el Gran Mar, al occidente. 5 Mientras vivas, nadie resistirá delante de ti; yo estaré contigo como estuve con Moisés: no te dejaré ni te abandonaré. 6 Sé valiente y firme: tú vas a poner a este pueblo en posesión del país que yo les daré, porque así lo juré a sus padres. 7 Basta que seas fuerte y valiente, para obrar en todo según la Ley que te dio Moisés, mi servidor. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, y así tendrás éxito en todas tus empresas. 8 Que el libro de esta Ley nunca se aparte de ti: medítalo día y noche, para obrar fielmente en todo conforme a lo que está escrito en él. Así harás prosperar tus empresas y tendrás éxito. 9 ¿Acaso no soy yo el que te ordeno que seas fuerte y valiente? No temas ni te acobardes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas”.
Colaboración de las tribus de la Transjordania
10 Entonces Josué dio a los escribas del pueblo la siguiente orden: 11 “Recorran el campamento y manden al pueblo que haga provisión de víveres, porque dentro de tres días pasarán el Jordán para ir a ocupar la tierra que el Señor, su Dios, les da en posesión”. 12 Luego dijo a los rubenitas, a los gaditas y a la mitad de la tribu de Manasés: 13 “Recuerden la orden que les dio Moisés, el servidor del Señor, cuando dijo: 'El Señor, su Dios, les concede el descanso y les da este territorio. 14 Sus mujeres, sus niños y sus rebaños se quedarán en el territorio que les dio Moisés, al otro lado del Jordán. Pero ustedes, todos los guerreros, cruzarán equipados con sus armas al frente de sus hermanos, para prestarles ayuda, 15 hasta que el Señor les conceda el descanso lo mismo que a ustedes, y también ellos tomen posesión de la tierra que les da el Señor, su Dios. Entonces volverán al territorio que les pertenece, aquel que les dio Moisés, el servidor del Señor, al otro lado del Jordán, hacia el oriente'”. 16 Ellos respondieron a Josué: “Haremos todo lo que nos ordenes e iremos adonde nos mandes. 17 Así como obedecimos en todo a Moisés, también te obedeceremos a ti. Basta que el Señor esté contigo como estuvo con él. 18 Cualquiera que se rebele contra tus órdenes y no te obedezca en todo lo que nos mandes, será castigado con la muerte. Tú, por tu parte, sé fuerte y valiente”.
Predilección y solicitud de Dios por su Pueblo (Is 43)
1 Y ahora, así habla el Señor, el que te creó, Jacob,
1 el que te formó, Israel:
1 No temas, porque yo te he redimido,
1 te he llamado por tu nombre, tú me perteneces.
2 Si cruzas por las aguas, yo estaré contigo,
2 y los ríos no te anegarán;
2 si caminas por el fuego, no te quemarás,
2 y las llamas no te abrasarán.
3 Porque yo soy el Señor, tu Dios,
3 el Santo de Israel, tu salvador.
3 Yo entregué a Egipto para tu rescate,
3 a Cus y a Sebá a cambio de ti.
4 Porque tú eres de gran precio a mis ojos,
4 porque eres valioso, y yo te amo,
4 entrego hombres a cambio de ti
4 y pueblos a cambio de tu vida.
5 No temas, porque yo estoy contigo:
5 traeré a tu descendencia desde Oriente
5 y te reuniré desde Occidente.
6 Yo diré al Norte: “¡Dámelo!”,
6 y al Sur: “¡No lo retengas,
6 trae a mis hijos desde lejos
6 y a mis hijas desde el extremo de la tierra:
7 a todos los que son llamados con mi Nombre,
7 a los que he creado para mi gloria,
7 a los que yo mismo hice y formé!”.
Israel, testigo del único Dios
8 ¡Hagan salir al pueblo ciego, pero que tiene ojos,
8 sordo, pero que tiene oídos!
9 ¡Que se reúnan todas las naciones
9 y se congreguen los pueblos!
9 ¿Quién de entre ellos había anunciado estas cosas?
9 ¿Quién nos predijo lo que sucedió en el pasado?
9 Que aduzcan testigos para justificarse,
9 para que se los oiga, y se pueda decir: “Es verdad”.
10 Ustedes son mis testigos
10 y mis servidores -oráculo del Señor-:
10 a ustedes los elegí
10 para que entiendan y crean en mí,
10 y para que comprendan que Yo Soy.
10 Antes de mí no fue formado ningún dios
10 ni habrá otro después de mí.
11 Yo, yo solo soy el Señor,
11 y no hay salvador fuera de mí.
12 Yo anuncié, yo salvé, yo predije,
12 y no un dios extraño entre ustedes.
12 Ustedes son mis testigos -oráculo del Señor-
12 y yo soy Dios.
13 Yo soy el mismo desde siempre,
13 y no hay nadie que libre de mi mano:
13 lo que yo hago ¿quién lo revocará?
La destrucción de Babilonia
14 Así habla el Señor,
14 el redentor de ustedes, el Santo de Israel:
14 A causa de ustedes, yo envié gente a Babilonia,
14 para hacer saltar todos los cerrojos,
14 y el júbilo de los caldeos se convertirá en lamentos.
15 Yo soy el Señor, el Santo,
15 el Creador de Israel, su Rey.
El nuevo Éxodo
16 Así habla el Señor,
16 el que abrió un camino a través del mar
16 y un sendero entre las aguas impetuosas;
17 el que hizo salir carros de guerra y caballos,
17 todo un ejército de hombres aguerridos;
17 ellos quedaron tendidos, no se levantarán,
17 se extinguieron, se consumieron como una mecha.
18 No se acuerden de las cosas pasadas,
18 no piensen en las cosas antiguas;
19 yo estoy por hacer algo nuevo:
19 ya está germinando, ¿no se dan cuenta?
19 Sí, pondré un camino en el desierto
19 y ríos en la estepa.
20 Me glorificarán las fieras salvajes,
20 los chacales y los avestruces;
20 porque haré brotar agua en el desierto
20 y ríos en la estepa,
20 para dar de beber a mi Pueblo, mi elegido,
21 el Pueblo que yo me formé
21 para que pregonara mi alabanza.
Reproche a Israel por su ingratitud
22 Pero tú no me has invocado, Jacob,
22 porque te cansaste de mí, Israel.
23 No me trajiste el cordero de tus holocaustos
23 ni me honraste con tus sacrificios;
23 yo no te abrumé exigiéndote ofrendas
23 ni te cansé reclamándote incienso.
24 Tú no compraste para mí caña aromática
24 ni me saciaste con la grasa de tus víctimas.
24 ¡Me has abrumado, en cambio, con tus pecados,
24 me has cansado con tus iniquidades!
25 Pero soy yo, sólo yo,
25 el que borro tus crímenes por consideración a mí,
25 y ya no me acordaré de tus pecados.
26 Interpélame, y vayamos juntos a juicio;
26 alega tú mismo para justificarte.
27 Ya tu primer padre pecó
27 y tus portavoces se rebelaron contra mí.
28 Por eso execré a los príncipes consagrados,
28 entregué a Jacob al exterminio total
28 y a Israel, a los ultrajes.
Nuevo desposorio del Señor con su esposa abandonada (Is 54)
1 ¡Grita de alegría, estéril, tú que no has dado a luz;
1 prorrumpe en gritos de alegría, aclama,
1 tú que no has conocido los dolores del parto!
1 Porque los hijos de la mujer desamparada
1 son más numerosos que los de la desposada,
1 dice el Señor.
2 ¡Ensancha el espacio de tu carpa,
2 despliega tus lonas sin mezquinar,
2 alarga tus cuerdas, afirma tus estacas!
3 Porque te expandirás a derecha y a izquierda,
3 tu descendencia poseerá naciones enteras
3 y poblará ciudades desoladas.
4 No temas, porque no te avergonzarás;
4 no te sonrojes, porque no serás confundida:
4 olvidarás la ignominia de tu adolescencia
4 y no te acordarás del oprobio de tu viudez.
5 Porque tu esposo es aquel que te hizo:
5 su nombre es Señor de los ejércitos;
5 tu redentor es el Santo de Israel:
5 él se llama “Dios de toda la tierra”.
6 Sí, como a una esposa abandonada y afligida
6 te ha llamado el Señor:
6 “¿Acaso se puede despreciar
6 a la esposa de la juventud?”,
6 dice el Señor.
7 Por un breve instante te dejé abandonada,
7 pero con gran ternura te uniré conmigo;
8 en un arrebato de indignación,
8 te oculté mi rostro por un instante,
8 pero me compadecí de ti con amor eterno,
8 dice tu redentor, el Señor.
9 Me sucederá como en los días de Noé,
9 cuando juré que las aguas de Noé
9 no inundarían de nuevo la tierra:
9 así he jurado no irritarme más contra ti
9 ni amenazarte nunca más.
10 Aunque se aparten las montañas
10 y vacilen las colinas,
10 mi amor no se apartará de ti,
10 mi alianza de paz no vacilará,
10 dice el Señor, que se compadeció de ti.
La restauración de Jerusalén
11 ¡Oprimida, atormentada, sin consuelo!
11 ¡Mira! Por piedras, te pondré turquesas
11 y por cimientos, zafiros;
12 haré tus almenas de rubíes,
12 tus puertas de cristal
12 y todo tu contorno de piedras preciosas.
13 Todos tus hijos serán discípulos del Señor,
13 y será grande la paz de tus hijos.
14 Estarás afianzada en la justicia,
14 lejos de la opresión, porque nada temerás,
14 lejos del temor, porque no te alcanzará.
15 Si alguien te ataca, no será de parte mía,
15 el que te ataque, caerá a causa de ti.
16 Yo he creado al herrero que sopla las brasas
16 y extrae una herramienta para su obra;
16 yo he creado también al destructor para arrasar.
17 Ninguna herramienta forjada contra ti
17 resultará eficaz,
17 y tú desmentirás a toda lengua que se alce para juzgarte.
17 Esta es la herencia de los servidores del Señor,
17 esta es la victoria que yo les aseguro
17 -oráculo del Señor-.
La gloria de la nueva Jerusalén (Is 60)
1 ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz
1 y la gloria del Señor brilla sobre ti!
1 2 Porque las tinieblas cubren la tierra
2 y una densa oscuridad, a las naciones,
2 pero sobre ti brillará el Señor
2 y su gloria aparecerá sobre ti.
3 Las naciones caminarán a tu luz
3 y los reyes, al esplendor de tu aurora.
4 Mira a tu alrededor y observa:
4 todos se han reunido y vienen hacia ti;
4 tus hijos llegan desde lejos
4 y tus hijas son llevadas en brazos.
5 Al ver esto, estarás radiante,
5 palpitará y se ensanchará tu corazón,
5 porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar
5 y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti.
6 Te cubrirá una multitud de camellos,
6 de dromedarios de Madián y de Efá.
6 Todos ellos vendrán desde Sabá,
6 trayendo oro e incienso,
6 y pregonarán las alabanzas del Señor.
7 En ti se congregarán todos los rebaños de Quedar,
7 los carneros de Nebaiot estarán a tu servicio:
7 subirán como ofrenda aceptable sobre mi altar
7 y yo glorificaré mi Casa gloriosa.
8 ¿Quiénes son esos que vuelan como una nube,
8 como palomas a su palomar?
9 Son barcos que se reúnen para mí,
9 con naves de Tarsis al frente,
9 para traer a tus hijos de lejos,
9 y con ellos su oro y su plata,
9 por el nombre del Señor, tu Dios,
9 y por el Santo de Israel, que así te glorifica.
10 Gente extranjera reconstruirá tus murallas
10 y sus reyes te servirán,
10 porque yo te castigué en mi irritación,
10 pero en mi benevolencia tengo piedad de ti.
11 Tus puertas estarán siempre abiertas,
11 no se cerrarán ni de día ni de noche,
11 para que te traigan las riquezas de las naciones,
11 bajo la guía de sus reyes.
12 Porque la nación y el reino que no te sirvan, perecerán,
12 y las naciones serán exterminadas.
13 Hasta ti llegará la gloria del Líbano,
13 con el ciprés, el olmo y el abeto,
13 para glorificar el lugar de mi Santuario,
13 para honrar el lugar donde se posan mis pies.
14 Los hijos de tus opresores irán a inclinarse ante ti,
14 y todos los que te despreciaban
14 se postrarán ante la planta de tus pies
14 y te llamarán: “Ciudad del Señor”,
14 “Sión del Santo de Israel”.
15 Antes estuviste abandonada,
15 aborrecida y despoblada,
15 pero yo haré de ti el orgullo de los siglos,
15 la alegría de todas las generaciones.
16 Mamarás la leche de las naciones,
16 mamarás del pecho de los reyes,
16 y sabrás que yo, el Señor, soy tu salvador,
16 y que tu redentor es el Fuerte de Jacob.
17 Haré llegar oro en lugar de bronce
17 y plata en lugar de hierro;
17 bronce en lugar de madera
17 y hierro en lugar de piedra.
17 Por magistrados te daré la Paz
17 y por gobernantes, la Justicia.
18 Ya no se oirá hablar de violencia en tu país
18 ni de expoliación y desastre en tus fronteras;
18 a tus murallas las llamarás “Salvación”
18 y a tus puertas, “Alabanza”.
19 El sol ya no será tu luz durante el día,
19 ni la claridad de la luna te alumbrará de noche:
19 el Señor será para ti una luz eterna
19 y tu Dios será tu esplendor.
20 Tu sol no se pondrá nunca más
20 y tu luna no desaparecerá,
20 porque el Señor será para ti una luz eterna
20 y se habrán cumplido los días de tu duelo.
21 En tu pueblo, todos serán justos
21 y poseerán la tierra para siempre:
21 serán un retoño de mis plantaciones,
21 obra de mis manos, para manifestar mi gloria.
22 El más pequeño se convertirá en un millar,
22 el menor, en una nación poderosa.
22 Yo, el Señor, lo haré rápidamente, a su tiempo.
Selección tomada de Larrañaga, Ignacio, Encuentro, Manual de Oración, Ed. San Pablo, Bogotá, 1996, p. 149.