Tiempos fuertes - Cristo, centro del mundo

 LA PREEMINENCIA ABSOLUTA DE CRISTO

También esta Carta comienza con un solemne himno, que tiene ciertos rasgos comunes con el de la Carta a los Efesios. En él se proclama la superioridad de Cristo, tanto en el orden de la creación (1. 15-17) como en el de la redención (1. 18-20). Cristo es la razón de ser de todo cuanto existe. Él es la «Imagen» por excelencia de Dios, el «Primogénito» de la creación y la «Cabeza» de la Iglesia. Es también el «primero» de los resucitados, es decir, el principio de una nueva creación. En él reside «toda la plenitud de la divinidad» (2. 9), y por él Dios reconcilió consigo todas las cosas.
A pesar de sus padecimientos, el Apóstol se siente feliz de haber sido constituido ministro de la Iglesia para anunciar esta Buena Noticia entre los paganos. Así se lo hace saber a sus destinatarios, a la vez que los pone en guardia contra ciertas corrientes del Judaísmo influenciadas por las religiones orientales y contra algunas concepciones paganas de la época. Pablo presenta a Cristo como el único Mediador y Salvador; él nos hace participar de su Misterio Pascual por medio del Bautismo (2. 12), y nos libera de todas las fuerzas del mal, las visibles y las invisibles.

Cristo, Imagen de Dios y Cabeza de la Iglesia (Cl 1, 15-21)

15 Él es la Imagen del Dios invisible,
15 el Primogénito de toda la creación,
16 porque en él fueron creadas todas las cosas,
16 tanto en el cielo como en la tierra,
16 los seres visibles y los invisibles,
16 Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades:
16 todo fue creado por medio de él y para él.
17 Él existe antes que todas las cosas
17 y todo subsiste en él.
18 Él es también la Cabeza del Cuerpo,
18 es decir, de la Iglesia.
18 Él es el Principio,
18 el Primero que resucitó de entre los muertos,
18 a fin de que él tuviera la primacía en todo,
19 porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud.
20 Por él quiso reconciliar consigo
20 todo lo que existe en la tierra y en el cielo,
20 restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

Súplica del Apóstol (Ef 3, 14-21)

14 Por eso doblo mis rodillas delante del Padre, 15 de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. 16 Que él se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme a la riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el hombre interior. 17 Que Cristo habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor. 18 Así podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, 19 en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios.

Doxología
20 ¡A aquel que es capaz de hacer infinitamente más de lo que podemos pedir o pensar, por el poder que obra en nosotros, 21 a él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones y para siempre! Amén.

Selección tomada de Larrañaga, Ignacio, Encuentro, Manual de Oración, Ed. San Pablo, Bogotá, 1996, p. 150.

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