Tiempos fuertes - Jesús, manso, paciente y humilde
Mc 3, 10. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo.
Lc 5, 1. Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios.
Mc 14, 56. Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban.
Mt 27, 13. Entonces le dice Pilato: "¿No oyes de cuántas cosas te acusan?"
Lc 23, 8. Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.
Lc 23, 23-24. 23 Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes.
24 Pilato sentenció que se cumpliera su demanda.
Mt 4, 1-11. 1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
2 Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.
3 Y acercándose el tentador, le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes."
4 Mas él respondió: "Está escrito: = No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios." =
5 Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,
6 y le dice: "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: = A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna." =
7 Jesús le dijo: "También está escrito: = No tentarás al Señor tu Dios." =
8 Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,
9 y le dice: "Todo esto te daré si postrándote me adoras."
10 Dícele entonces Jesús: "Apártate, Satanás, porque está escrito: = Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto." =
11 Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.
2 Co 10, 1. Yo mismo los exhorto por la mansedumbre y la benevolencia de Cristo; yo, Pablo, que soy tan apocado cuando estoy delante de ustedes, y tan audaz cuando estoy lejos.
1 Pe 2, 23. Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente.
Selección tomada de Larrañaga, Ignacio, Encuentro, Manual de Oración, Ed. San Pablo, Bogotá, 1996, p. 150.