5. La imitación de Cristo (Tomas De Kempis)

 5. La imitación de Cristo (Tomas De Kempis)

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Capítulo: IV
SINCERIDAD Y HUMILDAD EN EL TRATO CON DIOS
Jesucristo:
1. Hijo, procede ante Mí sinceramente
y con sencillez de corazón búscame siempre.
Quien procede con sinceridad en mi Presencia
se verá protegido de malos encuentros
y la Verdad lo librará a él de los engañadores
y de las infamias de los malvados.
Si te libra la Verdad, entonces serás verdaderamente libre,
y no le darás importancia a las murmuraciones.
Discípulo:
Señor es cierto.
Quiero que así sea conmigo, como dices.
Quiero que tu Verdad me enseñe
que ella me defienda
y me conserve hasta la salvación final.
Quiero que tu Verdad me libere
de todos los malos afectos y amores desordenados,
para caminar Contigo con gran libertad de corazón.
Jesucristo:
2. Yo te enseñaré, dice la Verdad,
lo que es justo y agradable para Mí.
Piensa en tus faltas con gran descontento y tristeza
y nunca pienses ser alguien por tus buenas acciones.
De verdad eres un pecador
sometido e implicado en muchas pasiones.
Por ti mismo, siempre tiendes a la nada,
pronto caes, pronto pierdes,
pronto te desconciertas, pronto desfalleces.
No tienes algo de lo que puedas presumir
pero sí muchas cosas de qué avergonzarte
porque estás mucho más enfermo de lo que puedes comprender.
3. Nada de lo que hagas debe parecerte excelente.
Nada grande, nada precioso o admirable,
nada digno de verdadero prestigio,
nada profundo o verdaderamente encomiable o deseable,
sino lo Eterno.
La eterna Verdad debe darte más placer que todo lo demás,
y desagradarte siempre tu gran vulgaridad.
Nada temas tanto, ni desprecies y apartes de ti
como tus vicios y pecados;
ellos te deben causar más desagrado
que cualquier daño físico.
Algunos no se comportan con sinceridad en mi Presencia,
sino que llevados por cierta curiosidad y arrogancia quieren conocer mis secretos y entender las maravillas de Dios descuidándose de su propia salvación.
Estos caen con frecuencia en grandes tentaciones y pecados
por causa de su altanería y curiosidad; yo estoy contra ellos.
4. Teme el juicio de Dios; espántate de la ira de Dios.
No discutas las obras del Altísimo
sino más bien investiga cuidadosamente tus maldades: en cuántas has caído y cuánto bien dejaste de hacer.
Algunos hacen consistir toda su devoción en los libros
otros en imágenes, o en signos exteriores y figuras.
Algunos me tienen en los labios pero poco en el corazón.
No obstante, hay personas que con la inteligencia iluminada y purificados sus afectos, anhelan siempre lo Eterno;
se enteran con pesar de lo que sucede en el mundo, y atienden de mala gana a sus necesidades físicas; ellos sienten dentro de sí que les habla el Espíritu de verdad, enseñándoles a despreciar los valores terrenos y amar los del Cielo así como a dar menos importancia a lo inmediato deseando el Cielo día y noche.
Capítulo: V
EFECTOS MARAVILLOSOS DEL AMOR DIVINO
Discípulo:
1. Te bendigo, Padre del cielo
Padre de mi Señor Jesucristo
porque has querido acordarte de este pobre.
Padre de misericordia y Dios de todos los consuelos (2Co 1,3),
te agradezco porque a mí, indigno de todo consuelo, de vez en cuando alegras con tu visita.
Te bendigo y te honro siempre, con tu Hijo Único
y el Espíritu Santo intercesor, por los siglos de los siglos.
Señor Dios, mi santo Amador,
cuanto Tú vengas a mi corazón,
se removerá de alegría todo mi interior.
Tú eres mi gloria y la alegría de mi corazón (Sal 3,4).
Tú eres mi esperanza y mi refugio, en tiempo de dificultad (Sal 59,17).
2. Pero como todavía soy limitado en el amor e imperfecto en la virtud,
necesito que me reconfortes y alegres.
Por lo tanto, visítame frecuentemente e instrúyeme en santidad;
libérame de las malas pasiones
y sana mi corazón de todos los afectos inconvenientes para que curado interiormente y bien purificado, sea apto para amar, fuerte para soportar y estable para perseverar.
3. El amor es grande, el mayor de todos los bienes;
hace liviano todo lo pesado
y permite llevar con ecuanimidad todo lo desigual.
Transporta a la carga sin peso
y convierte en dulce y sabroso todo lo amargo.
El noble amor a Jesús nos impulsa a realizar grandes acciones
y nos estimula a desear siempre lo más perfecto.
El amor apunta siempre hacia arriba
y no quiere que lo retenga ninguna cosa ínfima.
El amor quiere ser libre y alejado de todo afecto mundano
que pudiera impedir su mirada interior,
no vaya a ser que lo sujeten las implicancias de alguna inmediata comodidad
o sucumba por la incomodidad.
Nada más dulce que el amor,
nada más fuerte, nada más profundo, nada más extenso, nada más alegre, nada más completo ni mejor en el Cielo o en la Tierra:
porque el amor nació de Dios
y no puede tranquilizarse con todas las cosas creadas sino en Dios.
4. El amante vuela, corre y se alegra;
es libre y no está sujeto.
Da todas las cosas a todos
y encuentra todas las cosas en todos
porque se aquieta en uno Mayor sobre todos
del cual todo bien fluye y procede.
No mira a los dones
sino que se dirige al Donante de todo bien.
El amor, con frecuencia, desconoce la moderación;
más bien, se enciende sobre toda moderación.
El amor no siente la carga
no considera los esfuerzos, se anima a más de lo que puede, no se excusa de lo imposible porque cree que todo le es posible y conveniente.
Puede con todo
y muchas cosas realiza y efectivamente resuelve
en las cuales quien no ama desfallece y cae.
5. El amor siempre está despierto, y dormido no duerme,
fatigado no se cansa, angustiado no se angustia,
aterrorizado no se conmueve,
sino que como viva llama y ardiente antorcha
se dirige hacia la altura y se remonta con seguridad.
Si alguien ama, sabe lo que esto significa.
Es un gran clamor en los oídos de Dios
el ardiente afecto interior que dice:
Dios amor mío; Tú todo mío y yo todo Tuyo.
6. Agrándame en el amor
para que aprenda a saborear interiormente con el corazón
qué bello es amarte
y derretirse y nadar en amor.
Poséame el amor,
y salga fuera de mí por el gran fervor y admiración.
Cante un canto de amor,
y te siga, Amado mío, a las alturas,
desfallezca mi vida en tu alabanza,
jubilosa por amor.
Te ame más que a mí mismo.
Ni me ame a mí sino por Ti, y en Ti a todos los que
aman como manda la ley del amor,
que brilla desde Ti.
7. El amor es rápido, sincero, bondadoso, alegre y
ameno,
fuerte, paciente, fiel; prudente, generoso, valiente;
y jamás se busca a sí mismo.
Donde alguien se busca a sí mismo
allí mismo cae del amor.
El amor es respetuoso, humilde y recto
no es cómodo ni frívolo ni interesado en superficialidades;
es sobrio, puro, estable, equilibrado y controlado en los sentidos.
El amor es sumiso y obediente a los superiores,
para sí mismo abatido y despreciable, devoto y agradecido a Dios, creyente y esperanzado siempre en Él
hasta cuando no lo siente;
porque sin dolor no se vive en el amor.
8.Quien no está preparado para sufrirlo todo
y entregado a la voluntad del amante
no es digno de llamarse amado.
Conviene que el que quiere, acepte de buena voluntad
por la persona querida,
todo lo difícil y amargo
y no se aparte de ella por las contrariedades.
Capítulo: VI
PRUEBAS DE VERDADERO AMOR
Jesucristo:
1. Hijo: todavía no eres fuerte e inteligente en el amor.
Discípulo:
¿Por qué, Señor?
Jesucristo:
Porque por una pequeña contradicción
abandonas lo que empezaste
y con gran avidez buscas la consolación.
Quien ama con fortaleza se mantiene estable frente a las tentaciones
y no acepta las astutas insinuaciones del enemigo.
Así como Yo le agrado en la prosperidad,
no le desagrado en la adversidad.
2. Quien ama inteligentemente
no considera tanto el don del amante como su amor.
Presta mayor atención al afecto que al obsequio
y considera todo regalo como inferior a quien lo da.
Por esto no está todo perdido
si algunas veces sientes menos aprecio del que quisieras por Mí o por mis santos.
El afecto que de vez en cuando percibes en ti
es bueno y agradable
porque es consecuencia de la presencia de la gracia y algo así como saborear por adelantado la patria del Cielo;
sobre esta sensación no debe uno apoyarse mucho porque va o viene.
Pero pelear contra los malos estímulos
y despreciar las sugerencias del diablo
es señal de virtud y gran mérito.
3. No te vayan a perturbar las extrañas imaginaciones de diversos asuntos que se te ocurren;
manténte firme en tu propósito
y en la intención recta hacia Dios.
No es ilusión cuando alguna vez te sientes elevado
y de inmediato retornas a las acostumbradas ineptitudes de corazón,
porque más las sufres contra tu voluntad que las causas
y siempre que te desagradan y las rechazas es mérito y no perdición.
Puedes estar convencido que el enemigo antiguo,
por todos los medios, trata de impedir tu deseo del Bien y apartarte de todo ejercicio espiritual como la veneración de los santos, la piadosa evocación de mi Pasión, el recuerdo conveniente de los pecados, el cuidado de los propios afectos y el firme propósito de progresar en la virtud.
El demonio sugiere muchos malos pensamientos
para causarte desgano y temor
a fin de que abandones la oración y la lectura sagrada.
Le molesta la confesión humilde
y, si pudiera, haría que dejes de comulgar.
No le creas ni le prestes atención
aunque muchas veces prepare trampas para hacerte caer.
Cuando te traiga pensamientos malos y sucios
atribúyeselos a él, y dile:
“Fuera, inmundo; avergüénzate miserable
eres muy sucio porque me traes esas cosas a la imaginación.
Retírate de mí, seductor malísimo,
no tienes nada que ver conmigo,
porque Jesús estará junto a mí como fuerte guerrero y tú quedarás perplejo.
Prefiero morir y soportar todos los sufrimientos
que consentir contigo.
Calla, enmudece,
no te oiré ya por más que me molestes.
El Señor es mi luz y mi salvación
¿a quién temeré?
Aunque se enfrenten ejércitos contra mí
no temerá mi corazón (Sal 27,3).
El Señor es mi ayuda y mi Redentor”.
5. Pelea como un buen soldado
y si llegas a caer por debilidad,
procura con más fuerza que antes
confiar más ampliamente en mi gracia
y cuídate mucho de complacerte vanamente y de ser arrogante.
Por esto muchos cometen errores
y vienen a caer en una ceguera casi incurable.
La ruina de estos altaneros
que presumen de sí tontamente
te debe servir para ser cauteloso
y siempre humilde.
Capítulo: VII
CUSTODIAR LA GRACIA CON HUMILDAD
Jesucristo:
1. Hijo, lo más útil y seguro para ti
es mantener oculta la gracia de la devoción
y no sobreestimarte, ni hablar mucho de ella,
ni ponderarla demasiado,
sino más bien considerar lo que vales
y temer porque se te ha dado sin merecerla.
No está bien apegarse tenazmente a estos sentimientos
porque muy pronto pueden cambiarse en contrarios.
Piensa en la gracia,
qué miserable e impotente estás sin la gracia.
No consiste el aprovechamiento en la vida espiritual
en tener la gracia de las consolaciones
sino que con humildad y paciente abnegación
soportes que ella se te quite
de manera que entonces no descuides el esfuerzo de la oración ni dejes del todo las demás buenas obras que acostumbras realizar,
sino que como mejor puedas y entiendas
realices con buena voluntad lo que esté de tu parte sin descuidarlo totalmente
por la aridez o ansiedad mental que sientes.
2. Hay muchos que se vuelven de pronto impacientes o desganados
cuando las cosas no suceden como quieren.
No está siempre en poder del hombre su camino (Jr 10,23)
sino que es propio de Dios dar y consolar, cuando quiere, en la medida que quiere y a quien quiere, según su deseo, y eso es todo.
Algunos desprevenidos se destruyeron a sí mismos
por causa de la gracia de la devoción,
porque quisieron hacer más de lo que podían
sin pensar en sus limitaciones,
más seguidores del afecto de su corazón
que del juicio de la razón.
Y porque presuponían mayores cosas de las que agradaban a Dios
por eso mismo perdieron pronto la gracia.
Se volvieron pobres y quedaron despreciados
los que quisieron poner su nido en el Cielo
para que humillados y empobrecidos aprendan a no volar con sus alas sino a esperar bajo mis plumas.
Los que todavía son nuevos e inexpertos en el camino del Señor
pueden fácilmente engañarse y perderse
si no se dejan guiar por los consejos de los sensatos.
3. Porque si prefieren seguir a su parecer
que creer en los más experimentados
será muy riesgoso su fin
por no querer abandonar su propio juicio.
Los que se creen sabios
rara vez soportan que otros los dirijan.
Mejor es saber poco, con humildad y limitada inteligencia
que grandes tesoros de ciencia con vana complacencia.
Mejor es para ti tener poco
que mucho de lo que vayas a presumir.
No se comporta con discreción quien se entrega totalmente a la alegría,
olvidándose de su original carencia y del puro respeto a Dios que teme perder la gracia concedida.
Ni tampoco sabe mucho de virtud
quien se entrega a la desesperación en tiempo de adversidad y de cualquier contradicción
y piensa y siente menos confianza en Mí de la que le conviene.
4. El que quiere estar muy seguro en tiempo de paz,
se encontrará abatido y temeroso en tiempo de guerra.
Si sabes permanecer siempre humilde y moderado
y moderar y conducir tu espíritu
no caerás tan pronto en los peligros y las faltas.
Es buen consejo que medites,
cuando estés con espíritu animoso
qué sucederá si falta la luz.
Cuando esto suceda,
piensa que la luz puede regresar
ya que te la quité por algún tiempo para tu seguridad y mi reconocimiento.
5. Es más útil esta prueba
que si siempre tuvieras prosperidad por tu voluntad.
Porque los méritos no deben calificarse
por tener muchas revelaciones o consuelos,
por ser un experto en las Escrituras o por tener un grado superior a los otros
sino más bien, si de verdad uno está firme en la humildad y lleno de amor a Dios,
si busca siempre sólo e íntegramente el honor de Dios,
si piensa que no es nada, y verdaderamente se reconoce limitado,
y se alegra de ser desatendido y humillado
más que honrado por los demás.

Capítulo: VIII
POBRE VALORACIÓN DE SÍ MISMO ANTE LOS OJOS DE DIOS
Discípulo:
1. ¿Hablaré a mi Señor
yo que soy como polvo y ceniza? (Gn 18,27)
Si me considero superior, Tú estás contra mí,
y no puedo contradecir el verdadero testimonio de mis maldades.
Si, en cambio, me humillo y regreso a la nada
y rechazo el propio reconocimiento
y, tal como soy, me convierto en polvo
vendrá a mí tu gracia y tu luz se acercará a mi corazón y toda estimación, aunque sea poca, se sumergirá en el valle de mi miseria, y perecerá para siempre.
Así me muestras a mí lo que soy, lo que fui y en lo que me he convertido
porque nada soy, y no lo sabía.
Abandonado a mí mismo
soy nada, y totalmente enfermo.
Pero si de pronto me miras
inmediatamente me vuelvo fuerte
y me lleno de nuevo gozo.
Y es algo maravilloso
que así de repente me levantas y tan bondadosamente me abrazas a mí, que por mi propio peso siempre caigo a lo más bajo.
2. Esto lo hace tu amor gratuitamente
anticipándose y ayudándome en tantas necesidades, protegiéndome de graves peligros
y arrancándome de males verdaderamente innumerables.
Porque yo me perdí amándome indebidamente
pero queriéndote a Tí solo y amándote únicamente me encontré a mí y a Tí al mismo tiempo
y por la profundidad del amor me olvidé de mí mismo.
Tú, Señor, haces conmigo
mucho más de lo que merezco
y por encima de lo que me atrevería a esperar o pedir.
3. Bendito seas, Dios mío
porque aunque soy indigno de todos estos bienes sin embargo tu nobleza e infinita bondad
nunca cesa de beneficiar hasta a los ingratos y los que se apartan de Ti.
Regrésanos a Tí
para que seamos agradecidos, humildes y devotos
porque Tú eres nuestra salvación, nuestra virtud y nuestra fortaleza.

Capítulo: IX
TODO DEBE DIRIGIRSE A DIOS COMO FIN
Jesucristo:
1. Hijo; yo debo ser tu supremo y último fin
si deseas ser feliz de verdad.
Por esta intención debes purificar tu afecto
desviado malamente hacia ti o hacia la cosas creadas.
Porque si te buscas a ti mismo en algún otro
de inmediato decaes y te secas por dentro.
Todo, por tanto debes dirigirlo a Mí principalmente
porque Yo lo he dado todo.
Considera así cada cosa
como brotando del Sumo Bien
y sólo a Mí, como a su origen
orienta todas las cosas.
2. De Mí sacan agua, como de fuente viva
el pequeño y el grande, el pobre y el rico;
y los que me sirven espontánea y libremente
reciben una gracia tras otra.
En cambio, quien quiere triunfar fuera de Mí
o deleitarse en algún bien exclusivo
no quedará establecido en el auténtico gozo
ni su corazón se ensanchará
sino que verá multiplicados los impedimentos y angustias.
Por eso, no debes apropiarte de ningún bien
ni atribuir la verdadera virtud a ninguna persona
sino refiérelo todo a Dios, sin el cual nada tiene el hombre.
Yo todo lo entregué y quiero que todo se me devuelva
y con gran rigurosidad exigo que se me agradezca.
3. Esta es la verdad con la que desaparece la gloria vana.
Y, si entra la gracia celestial y la verdadera caridad,
no habrá la menor envidia, ni retraimiento de corazón ni te dominará el amor propio.
Si lo entiendes bien,
sólo en Mí te gozarás, sólo en Mí esperarás
porque nadie es bueno, sino sólo Dios (Lc 18,19)
el cual debe ser alabado sobre todas las cosas
y bendecido en todas ellas.

Capítulo: X
DULZURA DE SERVIR A DIOS DESPRECIANDO EL MUNDO
Discípulo:
1. Ahora hablaré de nuevo, Señor
y no me callaré
diré a los oídos de mi Dios, mi Señor
y mi Rey que está en los Cielos:
¡Qué grande es la abundancia de tu dulzura, Señor,
que tenías escondida para los que te respetan! (Sal 31,20)
¡Qué será para los que te aman
y para los que te sirven de todo corazón!
Verdaderamente es indescriptible la dulzura de contemplarte
que otorgas a quienes te aman.
En esto principalmente
me mostraste la dulzura de tu caridad:
en que cuando yo no existía, me creaste
y cuando vagaba perdido lejos de Tí
me atrajiste para que te sirviera,
y me ordenaste que te quisiera.
2. ¡Fuente perpetua de amor!
¿Qué diré de Tí?
¿Cómo podré olvidarme de Tí
que quisiste acordarte de mí
incluso después que me desmejoré y perdí?
Te comportaste conmigo misericordiosamente
más allá de toda expectativa
y más allá de todo mérito de mi parte
me concediste gracia y amistad.
¿Cómo voy a pagarte este favor?
Porque no se les otorga a todos
que lo abandonan todo, renuncian al mundo
y asuman la vida religiosa.
¿Acaso es gran cosa que yo te sirva
cuando todos los seres creados deben servirte?
No me debe parecer mucho servirte
sino más bien me parece grandísimo y admirable
que hayas querido recibir como servidor
a alguien tan pobre e indigno,
y reunirlo con tus queridos servidores.
3. Todas las cosas son tuyas,
las que tengo y con las que te sirvo.
Pero por el contrario,
Tú me sirves más a mí que yo a Ti.
El cielo y la tierra, que creaste para el servicio de los seres humanos están dispuestos
y hacen cada día todo lo que les mandas.
Va más allá que todo esto
que Tú hayas querido servir al hombre
y le prometiste que te darías Tú mismo.
4. ¿Qué podré darte yo por todos estos innumerables bienes?
¡Ojalá pudiera servirte yo todos los días de mi vida!
¡Si solamente pudiera yo servirte bien un día!
Verdaderamente Tú eres digno de total servicio,
de honor y alabanza eterna.
Verdaderamente eres mi Señor y yo tu pobre servidor
que estoy obligado a servirte con todas mis fuerzas y jamás cansarme de alabarte.
Esto quiero, esto deseo,
Tú dígnate suplir lo que me falte.
5. Es gran honor y gran gloria servirte a Ti,
y por ti despreciar lo demás.
Recibirán gracia muy grande
quienes se sometan espontáneamente a tu santísimo servicio.
Encontrarán hermosísima consolación del Espíritu Santo
quienes por amor a Tí rechacen los placeres sensuales.
Conseguirán libertad de espíritu
quienes en tu Nombre ingresen al camino difícil
y desechen todo remedio mundano.
¡Grato y feliz servicio de Dios
que hace al ser humano libre y santo de verdad!
¡Sagrado estado de los religiosos
que convierte a los hombres iguales a los ángeles,
aplaca a Dios, atemoriza a los demonios,
y es recomendable para los fieles!
¡Servicio digno de ser abrazado y escogido
que promete el Sumo Bien
y adquiere el gozo que permanece para siempre!

Capítulo: XI
LOS DESEOS DEL CORAZÓN SE DEBEN EXAMINAR Y MODERAR
Jesucristo:
1. Hijo, todavía te conviene saber
muchas cosas que no aprendiste bien.
Discípulo:
¿Cuáles son, Señor?
Jesucristo:
Que sometas todo a mi voluntad
y no seas amador de ti mismo
sino afectuoso cumplidor de lo que me agrada.
Los deseos te encienden e impulsan con vehemencia
pero considera si actúas por mi honor
o más bien por tu propio interés.
Si Yo soy la causa,
estarás contento de lo que disponga.
En cambio, si algo tienes escondido de deseo personal
eso mismo te impedirá y te pesará.
Ten cuidado, no confies demasiado
en el deseo preconcebido que no consultaste conmigo;
no sea que después te apene o desagrade
lo que primero te gustó y quisiste con ahínco por parecerte mejor.
No debe seguirse inmediatamente
toda inclinación que nos parece buena
ni huir en el acto de las que nos contrarían.
Conviene refrenarse aglunas veces
incluso en los buenos esfuerzos y deseos
no vayas a incurrir en la irreflexión, por inoportuno, o por la contradicción ajena
de pronto te sientes turbado y caigas.
3. A veces conviene contrariar los deseos con violencia y valor
y no considerar lo que la naturaleza quiere o no quiere sino andar muy cuidadoso para someterla al espíritu aunque le pese.
Y debe ser disciplinada y sometida a servir
hasta que esté dispuesta a todo,
que aprenda a contentarse con lo necesario y gozar con lo sencillo
y a no murmurar contra las dificultades.

Capítulo: XII
SIGNIFICADO DE LA PACIENCIA Y DE LA LUCHA CONTRA LAS MALAS INCLINACIONES
Discípulo:
1. Señor Dios, según veo
necesito mucho la paciencia
porque en esta vida hay multitud de contrariedades.
De cualquier manera que organice mi paz
no podrá subsistir mi vida sin lucha y dolor.
Jesucristo:
2. Así es, hijo.
Pero quiero que no pretendas una paz
que carezca de tentaciones o no sienta dificultades sino más bien estima que has encontrado la paz
cuando te ejercites en varias tribulaciones
y seas puesto a prueba en muchas contrariedades.
Si afirmas que no te es posible sufrir mucho
¿cómo entonces soportarás el fuego del purgatorio?
Entre dos males, siempre hay que elegir el menor.
Por lo tanto, para que puedas escapar en el futuro de los eternos padecimientos,
procura sufrir con paciencia, por Dios, los males presentes.
¿O piensas que las personas del mundo
nada sufren, o sufren poco?
No encontrarás uno solo que no sufra,
incluso entre los más afortunados.
3. Pero tienen, según dices, muchos placeres,
siguen su propia voluntad
y le dan poca importancia a las dificultades.
4. Y si fuera así, que tengan lo que quieran,
¿cuánto tiempo les durará?
Los favoritos del mundo desaparecerán como humo (Sal 37,20)
y no existirá recuerdo de los placeres pasados.
Pero mientras están vivos
no gozan de los placeres sin amargura, fastidio y temor.
Porque lo mismo que les produce satisfacción,
frecuentemente les causa el sufrimiento del dolor.
Justamente se procede así con ellos
porque al buscar y seguir los placeres descontroladamente los disfrutan luego con vergüenza y amargura.
¡Qué limitados, que falsos,
que desordenados y torpes son!
Realmente por la ebriedad y ceguera no entienden
y como si fueran irracionales,
por un pequeño gusto en esta vida transitoria
caen en la muerte del alma.
Tú, hijo, en cambio, no te dejes llevar por los deseos,
y apártate de tus caprichos (Eclo 18,20).
Goza en el Señor
y te dará lo que pide tu corazón (Sal 37,4).
5. Por lo tanto, si quieres deleitarte verdaderamente
y recibir mis consuelos con abundancia,
tu bendición estará en despreciar todo lo mundano y en rechazar todos los deleites perversos;
así recibirás abundante alegría espiritual
y mientras más te apartes de todo consuelo creado tanto más agradables y hondas satisfacciones encontrarás en Mí.
Pero no las alcanzarás sin antes padecer algunas tristezas,
y el cansancio de la pelea.
La costumbre te contrariará
pero la vencerás con otra costumbre mejor.
Se rebelará tu naturaleza
pero la fuerza del espíritu la frenará.
Te instigará y te exasperará la serpiente maligna
pero huirá por la oración
y con el trabajo provechoso le impedirás la entrada.

Capítulo: XIII
OBEDECER HUMILDEMENTE COMO JESUCRISTO
Jesucristo:
1. Hijo: quien procura apartarse de la obediencia
él mismo se aparta de la gracia
y el que quiere poseer cosas privadas
pierde las comunitarias.
Quien no se somete con gusto y espontáneamente
demuestra que todavía no tiene perfectamente
dominada su naturaleza
sino que con frecuencia se resiste y murmura.
Aprende pues a someterte a la autoridad con prontitud
si deseas tener sujeta tu naturaleza.
Más pronto se vence al enemigo exterior
si la persona no ha quedado devastada interiormente.
No existe más molesto ni peor enemigo del alma
que tú mismo cuando no concuerdas bien con el Espíritu.
Te conviene de verdad
aceptar totalmente el desprecio de ti mismo
si quieres prevalecer sobre las debilidades naturales.
Porque todavía te amas muy inadecuadamente
y dudas de resignarte plenamente a la voluntad ajena.
2. Pero ¿qué tanto será que tú, que eres como polvo y nada
por causa de Dios te sometas a otra persona
cuando Yo, Todopoderoso y Altísimo, que creo [sic] todas las cosas de la nada,
me sometí humildemente a los demás por ti?
Me hice el más humilde e ínfimo de todos
para que venzas tu presunción con mi humildad.
Aprende, polvo, a despreciarte
aprende, tierra y barro, a humillarte
y a permanecer a los pies de todos.
Aprende a dominar tu voluntad
y ofrecerte al servicio de todos.
Enójate contra ti mismo y no aceptes que viva en ti el orgullo
sino manifiéstate de tal manera sujeto y pequeño que puedan todos caminar sobre ti y pisarte como el barro de las calles.
¿Qué tienes, ser despreciable, de qué quejarte?
¿Cómo puedes contradecir, vergonzoso pecador,
a los que te reprenden,
ya que tantas veces ofendiste a Dios y mereciste el infierno?
Pero mis ojos tuvieron compasión de ti
por que es muy valiosa tu alma en mi Presencia
para que reconozcas mi amor y vivas siempre agradecido por mis beneficios,
y para que te entregues continuamente a la sujeción y humildad
y sufras con paciencia tus propias limitaciones.
Capítulo: XIV
CONSIDERAR EL SECRETO JUICIO DE DIOS EVITA QUE NOS UFANEMOS EN LA PROSPERIDAD
Discípulo:
1. Me aterran tus juicios respecto a mí, Señor
por el miedo y temblor se conmueven mis huesos,
y mi alma se asusta muchísimo.
Estoy atónito y considero
que ni el cielo es puro en tu Presencia (Job 15,15).
Si hasta en los ángeles encontraste maldad (Job 4,18),
y no los perdonaste, ¿qué será de mí?
cayeron las estrellas del Cielo (Ap 6,13)
y yo ¿cómo puedo presumir?
Cayeron hasta el fondo aquellos cuyas obras parecían dignas de alabanza,
y quienes comían el pan de los ángeles se vieron a [sic] alimentados con comida de cerdos.
2. Ninguna santidad existe, Señor, si retiras tu mano;
ninguna sabiduría aprovecha, si Tú no gobiernas;
ninguna fuerza ayuda, si dejas de conservarla.
Ninguna castidad está segura, si Tú no la defiendes;
ningún cuidado propio sirve
si no está presente tu sagrada vigilancia.
Porque abandonados, nos sumergimos y perecemos;
visitados por Ti, nos levantamos y vivimos.
Somos inestables pero por Ti nos aseguramos.
nos entibiamos, pero por Ti nos encendemos.
3. ¡Qué vulgar y despreciable me debo reconocer!
¡Qué poco valioso si algo bueno parece que tengo!
¡Qué profundamente me debo sumergir
en lo hondo de tus juicios, Señor,
donde nada más encuentro, sino que soy nada y nada!
¡Inmenso peso! ¡Mar inmenso donde nada encuentro de mí
sino que soy nada en todo!
¿Dónde están pues, los cimientos de mi sobreestimación?
¿dónde la confianza de mis propias fuerzas?
Desaparece toda la vanidad de mis glorificación
en la profundidad de tus juicios sobre mí.
4. ¿Qué es toda criatura en tu Presencia?
¿Puede acaso la arcilla elevarse sobre quien le dio forma?
¿Cómo puede engreírse autoalabándose el corazón de quien está de verdad sometido a Dios?
Todo el mundo no puede elevar
a quien mantiene en su sitio la verdad;
ni se moverá, por más que lo alaben
quien tiene firme toda su esperanza en Dios.
Porque todos los que hablan, nada son;
desaparecerán, junto con el sonido de sus palabras
pero la verdad del Señor permanece para siempre (Sal 117,2).
Capítulo: XV
COMO COMPORTARSE Y EXPRESARSE EN LOS DESEOS
Jesucristo:
1. Hijo mío, di así para todo:
Señor, si te agrada, que se haga así;
Señor, si es en honor tuyo,
haz esto en tu Nombre.
Señor, si te parece que me conviene y encuentras que me será útil,
concédelo para que lo use en tu honor.
Pero si sabes que me va a causar daño,
o desaprovechar para la salvación de mi alma
aparta de mí este deseo.
No todo deseo proviene del Espíritu Santo
aunque al hombre le parezca correcto y bueno.
Es difícil juzgar rectamente,
si te impulsa a desear esto o lo otro
un espíritu bueno u otro distinto,
o si te impulsa tu propio ánimo.
Muchos que al principio parecían ser conducidos
por buen espíritu, quedan decepcionados al final.
2. Por eso siempre se debe desear y pedir, con respeto a Dios y humildad en el corazón,
todo lo que sobrevenga como deseable al pensamiento;
y sobre todo, encomendárseme diciendo:
Señor, Tú sabes qué es lo mejor:
haz que suceda esto o lo otro, según quieras.
Da lo que quieras, cuanto quieras, y cuando quieras.
Haz conmigo como sabes, lo que más te agrade a Ti,
y según sea para tu mayor honor.
Ponme donde quieras; dispón de mí libremente en todo.
Estoy en tus manos; dame vueltas para un lado y el otro.
Yo soy tu servidor, dispuesto para todo
porque no deseo vivir para mí sino para Ti,
ojalá que con dignidad y perfección.
3. Oración para cumplir la voluntad de Dios:
Concédeme, compasivo Jesús, tu gracia
para que esté conmigo y conmigo trabaje (Sb 9,10)
y conmigo persevere hasta el fin.
Concédeme desear y querer siempre
lo que es más aceptable para Ti y más te agrada.
Tú voluntad sea mía
y mi voluntad siga siempre a la tuya y concuerde
de la mejor manera con ella.
Mi querer sea siempre uno contigo
y sólo pueda querer o no querer
lo que Tú quieres o no quieres.
Concédeme que muera a todo lo que me tienta del mundo
y por Ti, que ame ser despreciado y desconocido.
Concédeme descansar en Ti sobre todo lo deseado
y que mi corazón encuentre en Ti la paz.
Tú eres la verdadera paz del corazón, su único descanso;
fuera de Ti, todas las cosas son adversas e inestables.
En esta paz permanente,
es decir, en Ti Único Supremo y Eterno Bien
dormiré y descansaré. Así sea.
Capítulo: XVI
SÓLO EN DIOS DEBE BUSCARSE LA VERDADERA SATISFACCIÓN

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