Despertar las fuerzas espirituales
276. Por estas razones, si bien la Iglesia respeta la autonomía de la política, no relega su propia
misión al ámbito de lo privado. Al contrario, no «puede ni debe quedarse al margen» en la
construcción de un mundo mejor ni dejar de «despertar las fuerzas espirituales»[266] que
fecunden toda la vida en sociedad. Es verdad que los ministros religiosos no deben hacer política
partidaria,
propia de los laicos, pero ni siquiera ellos pueden renunciar a la
dimensión política de la existencia[267] que implica una constante
atención al bien común y la preocupación por el
desarrollo humano
integral. La Iglesia «tiene un papel público que no se agota en sus
actividades de asistencia y educación» sino que procura «la promoción
del hombre y la fraternidad universal»[268]. No pretende disputar
poderes terrenos, sino ofrecerse como «un hogar entre los hogares —esto
es la Iglesia—, abierto […] para testimoniar al mundo actual la fe, la
esperanza y
el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección. Una casa de puertas abiertas. La
Iglesia es una casa con las puertas abiertas, porque es madre»[269]. Y como María, la Madre de
Jesús, «queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale de sus templos, que sale
de
sus sacristías, para acompañar la vida, sostener la esperanza, ser
signo de unidad […] para tender puentes, romper muros, sembrar
reconciliación»[270].
[266] Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 28: AAS 98 (2006), 240.
[267] «El ser humano es un animal político» (Aristóteles, Política, 1253a 1-3).
[268] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 11: AAS 101 (2009), 648.
[269] Discurso a la Comunidad católica, Rakovski – Bulgaria (6 mayo 2019): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (10 mayo 2019), p. 9.
[270] Homilía durante la Santa Misa, Santiago de Cuba (22 septiembre 2015): AAS 107 (2015), 1005.
CARTA ENCÍCLICA
FRATELLI TUTTI
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE LA FRATERNIDAD
Y LA AMISTAD SOCIAL