Existe una verdad trascendente
273. En esta línea, quiero recordar un texto memorable: «Si no existe una verdad trascendente,
con cuya obediencia el hombre conquista su plena identidad, tampoco existe ningún principio
seguro
que garantice relaciones justas entre los hombres: los intereses de
clase, grupo o nación, los contraponen inevitablemente unos a otros. Si
no se reconoce la verdad trascendente, triunfa la
fuerza del poder, y cada uno tiende a utilizar hasta el extremo los medios de que dispone para
imponer
su propio interés o la propia opinión, sin respetar los derechos de los
demás. [...] La raíz del totalitarismo moderno hay que verla, por
tanto, en la negación de la dignidad trascendente de
la persona humana, imagen visible de Dios invisible y, precisamente por esto, sujeto natural de
derechos que nadie puede violar: ni el individuo, el grupo, la clase social, ni la nación o el Estado.
No puede hacerlo tampoco la mayoría de un cuerpo social, poniéndose en contra de la
minoría»[262].
[262] S. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 44: AAS 83 (1991), 849.
CARTA ENCÍCLICA
FRATELLI TUTTI
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE LA FRATERNIDAD
Y LA AMISTAD SOCIAL