Local y universal

 142. Cabe recordar que «entre la globalización y la localización también se produce una tensión.
Hace falta prestar atención a lo global para no caer en una mezquindad cotidiana. Al mismo
tiempo, no conviene perder de vista lo local, que nos hace caminar con los pies sobre la tierra.
Las dos cosas unidas impiden caer en alguno de estos dos extremos: uno, que los ciudadanos
vivan en un universalismo abstracto y globalizante […]; otro, que se conviertan en un museo
folklórico de ermitaños localistas, condenados a repetir siempre lo mismo, incapaces de dejarse interpelar por el diferente y de valorar la belleza que Dios derrama fuera de sus límites»[124]. Hay
que mirar lo global, que nos rescata de la mezquindad casera. Cuando la casa ya no es hogar,
sino que es encierro, calabozo, lo global nos va rescatando porque es como la causa final que
nos atrae hacia la plenitud. Simultáneamente, hay que asumir con cordialidad lo local, porque
tiene algo que lo global no posee: ser levadura, enriquecer, poner en marcha mecanismos de
subsidiaridad. Por lo tanto, la fraternidad universal y la amistad social dentro de cada sociedad
son dos polos inseparables y coesenciales. Separarlos lleva a una deformación y a una
polarización dañina.

[124] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 234: AAS 105 (2013), 1115.


CARTA ENCÍCLICA
FRATELLI TUTTI
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE LA FRATERNIDAD
Y LA AMISTAD SOCIAL

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