Profundización

 Este proceso de expansión es acompañado por otro de profundización, porque cuando se dijo antes que Confucio consideraba que el ser es la suma de sus papeles sociales ello no implicaba que negase que el ser es un centro interno y subjetivo. Sus repetidos llamamientos al autoanálisis y a la introspección demuestran, en general, que Confucio no sólo reconocía la parte interior del ser, sino que la consideraba importante. Las enseñanzas confucianas giran en torno al ser y existen por el ser en sí, aunque (con seguridad) a medida que el ser se expande, se atenúa su separación de los demás seres. En la medida en que aumenta la empatía, se enriquece la vida interior, porque son las dimensiones del hsin propio las que configuran los contornos de la subjetividad y les suministran el alimento básico para el

pensamiento.
Así, en el proyecto confuciano lo interior y lo exterior obran juntos. El mundo interior se profundiza y se hace más gratificante y refinado a medida que se expanden el jen y el hsin y que las posibilidades del li se van logrando de manera progresiva. El proyecto nunca se intenta en soledad. Se realiza en un mar de humanidad, junto con otros que también tratan (con diversos grados de seriedad) de llegar a ser plenamente humanos. Las Cinco Relaciones Constantes constituyen siempre el campo de práctica, y en el transcurso del adiestramiento uno encuentra que el dominio de un papel en una de las cinco relaciones arroja luz en los de las otras. Mejorar como padre arroja luz en lo que implica ser un buen hijo (de los padres propios). Los matices de los demás papeles también arrojan luz entre sí.

¿Ética o religión?

Smith, Huston, LAS RELIGIONES DEL MUNDO, Editorial Kairós, Barcelona, 2011, p. 188.

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