Estoy aquí en la presencia de Dios
¿Qué podemos hacer? Este es el primer ejercicio. Puede hacerse en momentos en los que no tenga absolutamente nada que hacer, cuando nada le impulse hacia adelante o hacia atrás o cuando pueda emplear cinco minutos, tres minutos o media hora de ocio y de no hacer nada. Usted se sienta y dice: «Estoy sentado. No estoy haciendo nada. No haré nada durante cinco minutos» y luego se tranquiliza y constantemente durante este tiempo (uno o dos minutos es lo más que podrá aguantarlo para empezar) se dice: «Estoy aquí en la presencia de Dios, en mi propia presencia y en presencia del mobiliario que me rodea, quieto, sin moverme». Hay, desde luego, una cosa más que debe hacer: debe decidir que en el espacio de esos dos minutos, cinco minutos, que se ha asignado para aprender que el presente existe, no será distraído ni por el teléfono, una llamada a la puerta o un súbito empuje de energía que le impulse a hacer enseguida lo que ha dejado de hacer durante los diez años últimos. Así que usted se instala y dice: «Aquí estoy» y usted está allí. Si aprende a hacer esto en momentos perdidos de su vida, cuando ha aprendido a no estar nervioso por dentro, sino a estar completamente calmado, feliz, estable y sereno, entonces amplíe los pocos minutos por un plazo mayor y luego por otro más prolongado aún. Llegará un momento, desde luego, en que usted necesitará algunas defensas, porque puede usted permanecer quieto algunos minutos incluso sonando el teléfono o si alguien llama a la puerta, mientras quince minutos pueden ser demasiados para que suene el teléfono o para hacer esperar a una persona a la puerta. Pero entonces piense que si no estuviera en casa, no abriría la puerta ni contestaría al teléfono. O, si tiene más valor o está más convencido de lo que está haciendo, puede hacer lo mismo que mi padre hizo. Ponía una pequeña nota a la puerta diciendo: «No se moleste en llamar. Estoy en casa, pero no abríré». Este es un sistema más decisivo, porque la gente lo entiende enseguida, mientras si usted dice: «Por favor, espere cinco minutos», el «por favor», generalmente, acaba en dos minutos.
Comenzar a Orar, El Metropolitano de Sourozh, Anthony Bloom, p. 33.