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Folleto sobre la oración, Anthony Bloom

“En su maravilloso folleto sobre la oración, Anthony Bloom cuenta cómo el staretz Silouan, el sencillo campesino ruso fallecido en 1938 en el Monte Athos, oraba por su compañero Nicholas, que trabajaba con él en el taller del monasterio: «Al principio rezaba con lágrimas de compasión por Nicholas, por su joven esposa, por su criatura; pero a medida que seguía rezando, el sentido de la presencia divina empezó a crecer en mí, y perdí de vista a Nicholas, a su esposa, a la criatura, sus necesidades, su pueblo... Y solo era consciente de Dios y me dejé llevar más y más profundamente por la sensación de la presencia divina, hasta que de pronto, en medio de esa presencia, me encontré con un amor divino que abrazaba a Nicholas, a su esposa y a la criatura. Entonces, con el amor de Dios comencé a orar de nuevo por ellos, pero otra vez me dejé llevar a lo más profundo, y en las profundidades volví a encontrar el amor divino»1.” Pasaje de: Henri J.M. Nouwen. “El discernimiento.” Grupo de Comunic...

Dios es más grande que mis sentidos

“Mi hora diaria con Dios no es un momento de oración profunda en el que contemple los misterios divinos o sienta una especial cercanía de Dios. Al contrario, está llena de distracciones, nerviosismo interior, confusión y aburrimiento. Casi nunca satisface mis sentidos, si es que alguna vez lo consigue. Pero a pesar de que no siento el amor de Dios del modo en que siento un abrazo humano, a pesar de que no oigo una voz como escucho palabras humanas de consuelo, a pesar de que no veo una sonrisa como veo un rostro humano..., a pesar de todo eso, el Señor me habla, me mira y me abraza allí. La forma en que tomo conciencia de la presencia divina es ese gran deseo de regresar a aquel lugar tranquilo y pasar allí un rato sin ninguna satisfacción real. Y me doy cuenta, quizá retrospectivamente, de que mis días y semanas son distintos cuando los unen estos momentos comunes e «inútiles». Dios es más grande que mis sentidos, más grande que mis pensamientos, más grande que mi corazón. Sí creo que...

Hora diaria dedicada a Dios

“Cada mañana, a solas o en compañía de otros, paso una hora rezando y meditando en silencio. He dicho «cada mañana», pero en realidad hay excepciones. De hecho, el cansancio, el ajetreo y las preocupaciones a menudo me sirven de excusa para no orar, si bien es cierto que sin esa hora diaria dedicada a Dios, mi vida pierde su coherencia, y empiezo a vivir los días como una serie de incidentes y accidentes inconexos, más que como citas y encuentros divinos.” Pasaje de: Henri J.M. Nouwen. “El discernimiento.” Grupo de Comunicación Loyola. iBooks.  Es posible que este material esté protegido por copyright.

Libre para ser un peregrino

 “Vivir o no en Lima durante cinco, diez o veinte años no era objeto de una decisión trascendental; volverse hacia el Señor por completo, incondicionalmente y sin miedo, sí lo es. Él me recuerda que no tengo una morada permanente en la tierra, que soy un caminante que se dirige al lugar sagrado en que Dios me sostendrá en la palma de su mano. Esta profunda conciencia me hace libre para ser un peregrino, para orar sin cesar y para estar agradecido.” Pasaje de: Henri J.M. Nouwen. “El discernimiento.” Grupo de Comunicación Loyola. iBooks.  Es posible que este material esté protegido por copyright.

Relación interpersonal dinámica, transpersonal y espiritual vehículo para la presencia y la dirección divinas

“Alguien que me enseñó lo importante que es aprender a escuchar no solo a personas como la Madre Teresa, venerada por muchos, sino también las voces de las personas con quienes convivimos más íntimamente, fue el padre Thomas Philippe. El padre Thomas es un sacerdote dominico que, junto con Jean Vanier, cofundó la comunidad de El Arca en Trosly, Francia, a mediados de los sesenta. Aunque ha fallecido, se le sigue considerando el padre espiritual de la comunidad. Pasamos muchas horas hablando de cómo una relación íntima e intensa con la pareja, los padres, los hijos o un amigo crea una relación interpersonal dinámica que es también transpersonal y espiritual y que, por tanto, puede convertirse en vehículo para la presencia y la dirección divinas, aunque con limitaciones. En muchos casos, las relaciones primarias de las personas que llegan a El Arca se han visto dañadas o deterioradas a causa de la dificultad que supone el vivir con una discapacidad. Uno de los aspectos más curativos de E...

Relación con Dios en tanto que Padre/Creador, Hijo/Redentor y Espíritu/Apoyo

“Como teólogo, percibía todas las relaciones humanas como «signos que apuntan a la vida interior de Dios». A menudo, nuestros tres tipos primarios de relaciones son con los padres que nos han criado, con amigos cercanos a los que consideramos iguales, y con la familia más cercana con la que convivimos (pareja o comunidad). Estas relaciones primarias reflejan nuestra relación (o falta de relación) con Dios en tanto que Padre/Creador, Hijo/Redentor y Espíritu/Apoyo. Estas relaciones, para bien o para mal, pueden llevarnos a una comunión más íntima con el Dios trino. Al principio, esto puede parecer idealista. Pero, una vez que estamos dispuestos a ver a las personas como signos vivientes, y toda la vida como la manifestación continuada del amor divino, podemos empezar a ver a través de las relaciones de nuestra vida como dones de Dios que ayudan a moldearnos y darnos forma, recordándonos la calidad interna del propio amor de Dios.” Pasaje de: Henri J.M. Nouwen. “El discernimiento.” Grupo...

Discernimiento en soledad

La comunión con Dios en la oración lleva inevitablemente a la comunidad con el pueblo de Dios y, más allá, al ministerio en el mundo5. Pero comenzar este movimiento espiritual en soledad es bueno. Nuestro primer cometido en soledad consiste simplemente en permitirnos a nosotros mismos tomar conciencia de la presencia divina: «¡Rendíos y reconoced que soy Dios!» (Sal 46,10). Cuando estamos a solas con Dios, el Espíritu ora en nosotros. El reto consiste en desarrollar una sencilla disciplina o práctica espiritual que cada día ocupe momentos y espacios vacíos. Cuando fui a la abadía, había empezado a ver el domingo como un día especial, mientras que todos los demás días se desdibujaban en medio del trabajo y el estudio. Mediante el ritmo sagrado de las oraciones comunitarias, empecé a verme abocado a una nueva manera de percibir el tiempo y a una nueva manera de experimentar la presencia divina. De nuevo era capaz de abrazar la soledad, con todos los pensamientos desorientadores y descora...